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Qué opinaron los intelectuales extranjeros sobre los argentinos

Elogios o críticas de Sorman, Rahola, Coetzee, José Mujica, Paul Auster, Vargas Llosa. Vigencia de la descripción que formuló Ortega y Gasset en La Plata hace varias décadas

Pilar Raola
J.M. Coetzee
Guy Sorman

Por MARCELO ORTALE

marhila2003@yahoo.com.ar

Narcisistas, improvisadores, ladrones, paranoicos, creativos, pagados de sí mismos, cultos, amigueros, brillantes, rápidos, ruidosos, inconstantes, negados para la vida pública, esas son algunas de las contrastantes definiciones formuladas sobre los argentinos por escritores y personalidades internacionales.

A principios de los 80 vino el embajador de los Estados Unidos a despedirse del que era entonces un conocido funcionario de La Plata. Quería agradecer algún gesto que habían tenido con él. En el despacho se habían juntado varios colaboradores y periodistas.

Cuando la reunión concluía, el funcionario platense le preguntó: “Dígame embajador, ¿con qué impresión se va de la Argentina…?” El hombre meditó unos instantes y respondió: “Mire, el estadounidense es un ser individualmente paranoico y colectivamente sensato… Y en cambio, el argentino es al revés: es individualmente sensato y colectivamente paranoico…”. Los presentes quedaron sorprendidos y hubo hasta el arranque de algún aplauso.

Está a mano la conocida periodista catalana Pilar Rahola, que de vez en cuando no deja de clavar la pica en esta contradicción, señalando que es incomprensible que una sociedad con un nivel cultural tan alto, como la argentina, viva castigada por una serie de crisis económicas: “La gente tiene que reaccionar, sino merecéis lo que tenéis”, afirma.

Con la llegada al poder de Javier MIlei la columnista se mostró primero a favor del anunciado cambio de modelo económico, pero, más recientemente, Rahola desde el paseo de las Ramblas, pisó el acelerador y calificó en forma pública al mandatorio argentino de “torpe”, “ingenuo” y “amateur” por algunas de sus presentaciones internacionales y diplomáticas.

El ex presidente uruguayo José Mujica representó como nadie -ante la Argentina- el aforismo “porque te quiero te aporreo”. Amaba a la Argentina y, sin embargo le pegaba con un palo y dijo incendios sobre la clase dirigente argentina. En 2020, en un programa de televisión, describió a los políticos argentinos como a “una manga de ladrones, del primero hasta el último”.

Esta frase la dijo después de haber incursionado en otra, de altísimo voltaje, cuando sugirió que no había que aguardar en Uruguay inversiones de los argentinos: “En vez de traer 100 mil cagadores argentinos preocupémonos de que los nuestros inviertan acá”.

Asimismo, sus vituperios al matrimonio Kirchner quedaron documentados y no dejaron de reiterarse, como en aquel exabrupto que se hizo público porque habían quedado los micrófonos abiertos en un acto público realizado en Uruguay. Hablando en voz baja con el intendente de Montevideo lanzó una frase inconveniente: “Esta vieja es peor que el tuerto”. Y Mujica remató: “El tuerto era más político, esta es terca”.

El escándalo con motor fuera de borda cruzó el río en minutos. El gobierno argentino protestó y Mujica debió pedir disculpas públicas.

Por esos años, en 2017, estuvo en la argentina el escritor y periodista estadounidense Brian Winter, que a poco de su estadía afirmó que “el verdadero talento argentino” es el de “crear amistades grupales que duran toda la vida”.

Por eso, añadió, los argentinos “superaron la dictadura de los 70, la hiperinflación de los 80 y la devastadora crisis económica del 2001; recién se están recuperando de una recesión y muchos se preguntan por qué no se han ido de ese país”, dijo para responderse: “La amistad, la capacidad de construir camaradería, es una gran explicación”. Dijo también que lo sorprendió el hecho de que doce compañeros de colegio de Temperley eran amigos desde el primario, eran ya maduros y seguían reuniéndose.

COMO EN BOTICA

“Argentina. Pienso en el psicoanálisis. Pienso en taxistas que son también poetas. Pienso en las desdichas políticas. Pienso en periodistas que han leído a Lacan. Pienso en flores fragantes y carne excelentes y un maravilloso pequeño teatro donde los actores también tienen otros trabajos”, dijo Paul Auster, el novelista estadounidense que recordó también las acuarelas de Xul Solar “que hechizan desde el Malba”.

Escritores, filósofos, y políticos de todo el mundo, han disgregado virtudes y defectos propios

A lo largo de su vida el Nobel peruano Mario Vargas Llosa pateó fuerte en el tablero de la Argentina y si bien cuestionó al peronismo, exaltó un período anterior que, para él, fue de grandeza: “El primer país que acabó con el analfabetismo no fue Estados Unidos, no fue Francia, fue la Argentina con un sistema educativo que era un ejemplo para todo el mundo. Ese país, que era un país de vanguardia, ¿cómo puede ser que sea el país empobrecido, caótico, subdesarrollado que es hoy? ¿Qué pasó? ¿Alguien los invadió? ¿Estuvieron enfrascados en alguna guerra terrible? No, los argentinos se hicieron eso. Los argentinos eligieron a lo largo de medio siglo las peores opciones”.

Otro Nobel de Literatura, pero más reciente, el escritor sudafricano J.M. Coetzee, cada que puede viene a nuestro país. Ocurre que escribe en inglés, pero una argentina traduce sus libros y esas traducciones se convierten en las primeras versiones editadas de sus obras. O sea, en idioma español. Así ocurrió con una de sus últimas obras, La muerte de Jesús. Después las editarán en inglés y en otras lenguas.

Coetzee adoptó entonces el español, porque se resiste a escribir en inglés. Este idioma es pretencioso, domina al mundo y plantea una suerte de “tiranía ideológica” dice. “Tengo reservas hacia el inglés a nivel filosófico y político. Estar incluido en un idioma es estar imbuido en su visión del mundo, y cada vez me distancio más de la visión del mundo que propone el idioma inglés”. Entonces viene a las anuales ferias del libro, camina feliz y desconocido por Buenos Aires y además sostiene que “la literatura argentina es un conjunto muy sustancial y muy fuerte”.

Muchas figuras internacionales coinciden con el vasto potencial del suelo nacional

Y cómo olvidar que en una conferencia que dio en La Plata, en 1930, titulada “Meditación de un pueblo joven”, el filósofo español José Ortega y Gasset expresó estas palabras sin olvido: “¡Argentinos, a las cosas, a las cosas! Déjense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismos. No presumen ustedes el brinco magnífico que daría este país el día que sus hombres se resuelvan de una vez, bravamente, a abrirse el pecho a las cosas, a ocuparse y preocuparse de ellas directamente y sin más, en vez de vivir a la defensiva, de tener trabadas y paralizadas sus potencias espirituales, que son egregias, su curiosidad, su perspicacia, su claridad mental secuestradas por los complejos de lo personal”. Y agregó que en la Argentina “todo vive de lejanías, de aguardar lo que viene pero que no es buscado”. “Casi nadie está donde está” dijo Ortega para concluir que “acaso lo esencial de la vida argentina es eso, la espera”.

Por su parte, el francés Guy Sorman afirmó que le sorprendía la cantidad de veces en que los argentinos le preguntaban sobre cómo eran vistos afuera, en lo que le pareció un rapto de narcisismo. “Todo el mundo quiere ser amado; pero los argentinos, un poquito más que lo usual, incluso, que los franceses…”.

En la mitología griega Narciso fue un joven tan bello que mujeres y hombres se enamoraban de él. Sobre todo quedó deslumbrada con Narciso la ninfa, Eco, que sin embargo fue rechazada por el apuesto joven y ella entonces se ocultó para siempre en una cueva. Entonces un dios, para castigar a Narciso, hizo que se enamorara de su propia imagen y un día acudió a un estanque de agua clara, vio su rostro reflejado en el agua, se arrojó a ella para encontrarla y murió ahogado.

No vaya a ser que la ninfa Eco represente las inmensas riquezas naturales y las potencialidades humanas que tienen los argentinos, y que estos sólo se ocupen de mirar su propia imagen en el estanque.

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