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La historia del teatro argentino tiene cajones cerrados y Juanse Rausch va a buscar ahí lo que la historia oficial dejó afuera. Dos de sus obras, Saraos uranistas y Las Adoro, comparten ese gesto y lo hacen con humor como punto de partida. Rausch nació en Bahía Blanca en 1998, es director, dramaturgo e investigador, y está haciendo un doctorado en Historia y Teoría de las Artes en la UBA. En una entrevista de 2025, contó que en ese momento tenía cuatro obras en cartel en Buenos Aires y que su trabajo parte de la investigación en archivos.
Saraos uranistas es la obra que lo puso en el mapa. Un médico de la Policía Federal visita un sarao -una fiesta de ambiente privado- en la Buenos Aires de principios de siglo XX y, de a poco, deja de mirar con distancia. Entre velos, labiales y facones aparecen las amigas, las dicharacheras, las delincuentes, las lloronas y las olvidadas. La fantasía se cuela en el informe clínico, en la organización política y en el relato histórico, y lo que queda es una comunidad que se arma a espaldas de la autoridad que pretendía vigilarla.
Para entender de qué se nutre la obra hay que detenerse en esos archivos. Los Archivos de Psiquiatría, Criminología y Ciencias Afines se editaron en Buenos Aires entre 1902 y 1913, con cambios de título en el camino, y son hoy considerados un ejemplo paradigmático de las revistas científicas de la época. José Ingenieros, que por entonces dirigía el primer Instituto de Criminología, instalado en la Penitenciaría Nacional, figura entre sus primeros impulsores. La revista funcionó como un espacio donde psiquiatras, médicos legistas y criminólogos discutían qué era una conducta normal, qué constituía un delito y qué debía considerarse una enfermedad, en una ciudad que atravesaba una inmigración masiva, un crecimiento urbano acelerado y una preocupación creciente por la llamada “mala vida”.
Dentro de ese marco, la homosexualidad no era un asunto marginal. Pablo Maximiliano Ojeda, en un artículo de 2021 publicado en la revista Comunicación, compara los Archivos con el semanario humorístico Fray Mocho y muestra cómo el informe científico y la crónica de humor fijaban juntos un paradigma estigmatizante sobre las sexualidades disidentes. Su conclusión es que ese estigma iba desde el expediente médico-legal hasta la broma de pasatiempo.
El valor de estas fuentes para los investigadores de hoy es, justamente, su ambigüedad. Jorge Salessi, en su libro de 1995 sobre higiene, criminología y homosexualidad en la construcción de la nación argentina, sostuvo que en esas páginas, leídas a contrapelo, los señalados como invertidos, homosexuales o uranistas también dejaron registro de su propia cultura y de su lengua. Es decir, el diagnóstico médico conserva, sin quererlo, huellas de quienes estaba describiendo. Ese es el material que Rausch toma: el expediente como escenario y la fiesta como respuesta.
Un caso emblemático es el de la autobiografía de Carolina Otero, la actriz de variedades conocida como La Bella Otero, cuyo texto apareció publicado en esos Archivos. Según un estudio de Descentrada -revista académica de estudios de género y sexualidades que edita la UNLP-, la crítica la revisa desde hace décadas como uno de los testimonios más singulares sobre la configuración de las identidades homosexuales y trans en el Buenos Aires de entresiglos.
Las Adoro cambia de registro, aunque el método es el mismo. Es la historia de José y Herminia Adoro, dos hermanos de más de ochenta años que actuaron toda la vida. Las convocan a una última audición para una película y mientras ensayan se les mezclan los recuerdos, las canciones y las funciones de antes. Cuando llega un llamado desde el pueblo natal, con un pedido de auxilio, la historia cambia de dirección. Si Saraos mira el archivo desde afuera, Las Adoro lo mira desde adentro, desde la vida de quienes actuaron en el escenario y también fuera de él.
El libro reúne dos obras de teatro escritas y reunidas por Juanse Rausch, producto de gran investigación de archivo
En una entrevista, Rausch explica que concibe la dirección como una práctica creadora, comparable a la actuación, y que le interesa reclamarle a la dirección un rol de autoría que históricamente se le negó frente a la dramaturgia. Ese planteo atraviesa las dos obras: el libro reúne los textos, pero el sentido aparece cuando se montan.
Valeria Lois describe al autor como alguien que escucha bien y que sabe buscar, en archivos, en actas médicas, en programas de varieté y en lo que quedó entre las grietas de la historia oficial del teatro. Le interesa cómo las disidencias sexuales se presentaron en escena, qué pudo decirse y qué hubo que callar. Esa pregunta atraviesa ambos textos.
Editorial: Paripé Books
Páginas: 128
Precio: $28.000
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