Héctor Abad Faciolince entregó “un libro tremendo y necesario, de un coraje y una honestidad arrasadores”, dijo el novelista español Javier Cercas. Se expresó así para definir la narración que sobre la guerra de Ucrania compuso el autor colombiano, titulada Ahora y en la hora (Alfaguara 2025). Célebres escritores contemporáneos -J.M.Coetze, Rosa Montero, Leonardo Padura, Mario Vargas Llosa, Manuel Rivas- no dejaron de ensalzarlo.
Tal como reseña la contratapa, Abad Faciolince fue invitado en 2023 a una feria del libro en Ucrania por dos jóvenes editoras y escritoras de ese país ya en guerra. Allí comenzó a explorar los horrores del combate. El último día de su estadía, el grupo de intelectuales se reunió en una pizzería de Kramatorsk para despedirse. Y allí cayó un misil ruso con seiscientos kilos de explosivos, que dejó a trece personas muertas y más de 70 heridos. Entre los fallecidos estaba una de las intelectuales ucranianas, Victoria Amélina, que había sido, anfitriona, guía y compañera de Abad Faciolince.
“Fue un ruido espantoso, como si saliera del centro de la Tierra”, le diría luego al diario español El Confidencial. “Todo pareció deshacerse por un instante…” relató desde Ucrania por teléfono a una periodista catalana: “Tan fuerte fue el ruido que me tumbó. Empezaron a caerme encima vidrios, latas, trozos de madera…”.
Continúa la crónica: “Abad Faciolince se levantó como pudo. Tenía manchas negras por todo el cuerpo y pensó que era sangre, que estaba herido. No sentía ningún dolor, pero algunos soldados le habían comentado que, cuando se recibe un tiro, al principio no se siente nada”.
Otra periodista, que les hacía de guía y traductora en Ucrania, no paraba de gritarle: “Me pedía perdón por haberme llevado al Donbás. Como si fuera suya la culpa de que hubieran lanzado un misil de precisión contra ese restaurante…”.
De esa tragedia nació una conmovedora memoria testimonial, una crónica cuyo texto se expande también para hablar sobre la vida, la vejez, la muerte y la condición humana.
El libro de Abad Faciolince se trata de un documento vívido sobre la crueldad de una guerra que, hace tiempo, aparece asordinada en el temario de los que imponen temas. Como ocurrió con Archipiélago Gulag, de Alexander Solzhenitsyn, aquella denuncia sobre los campos de internación y castigo soviéticos donde los sucesores de Stalin torturaron a los disidentes. El nazi Goebbels triunfó, impuso esa estrategia de la mentira para siempre, dice el autor. Goebbels no sólo divulgó falsedades, sino que también se especializó en silenciar el horror de los crímenes. Ese silencio no sólo azotó a Solzhenitsyn sino a todo ser humano sensible.
Del libro de Abad Faciolince, escrito con un estilo despojado, surge un propósito dominante, que es el de no mantener en una niebla mediática a una guerra atroz, que hoy continúa como si nada ocurriera.
Una guerra que se inició el 24 de febrero de 2022 con una aplastante invasión de Ucrania por las fuerzas rusas y que causó hasta hoy la muerte de entre 125,000 y 150.000 soldados ucranianos, 15 mil civiles de ese país y una emigración de unos 6 millones de refugiados ucranianos en el mundo, mientras unos 16 millones quedaron sin hogar por los drones y misiles.
Más allá de los eufemismos estadísticos propias de todo conflicto bélico -que dificultan el conocimiento de las estadísticas oficiales de ambos bandos- los servicios de inteligencia de la OTAN calculan que, por el lado del bando ruso, hay 250.000 soldados muertos. Y todo responde, según lo dice varias veces Abad Faciolince, a la paranoia imperialista de Vladimir Putin, el déspota ruso.
Abad Faciolince (1958) nacido en Medellín, estudió letras en la Universidad de Turín y además de ensayos, traducciones y críticas publicó entre otros libros Asuntos de un hidalgo disoluto, Tratado de culinaria para mujeres tristes, Fragmentos de amor furtivo, El olvido que seremos, La Oculta, Salvo mi corazón todo está bien.
Cuando hace tres años llegó a Ucrania abrazó la causa de ese país porque dijo querer entender “la realidad de esa guerra infame en un país invadido, arrasado, deshecho. Ucrania, ese país al que secularmente se le había impedido ser lo que quería ser, que había sufrido ya demasiadas veces en su historia el dominio, la invasión, el exterminio y la destrucción sistemáticas de las distintas potencias que la rodean (Rusia, Austria, Alemania, Polonia, hasta Lituania)”.
Agrega que asumió la obligación moral de escribir acerca de su experiencia en Ucrania, sobre la escritora amiga que murió en la pizzería de Kramatorsk, aunque dice apesadumbrado que se siente incapaz de hacerlo “y sobre todo de hacerlo bien”.
LA INFLUENCIA
Sobre Putin, al quien califica de “Zar” afirma que fue él quien decidió emprender una invasión “masiva e ilegal contra un país soberano e independiente” y que cuando vio que estaba perdiendo “empezó a matar civiles”.
El colombiano ofrece una visión novedosa, cuando se enfrenta a ciertas interpretaciones históricas que explican la aparición de dictadores y genocidas como Hitler, Stalin o Putin, como resultados de fenómenos colectivos. Así destaca que el Holocausto “no fue una idea ni un plan del pueblo alemán sino de Hitler. “Hay personas que consiguen, con un uso coherente de la propaganda, el miedo, la violencia y la mentira, que su propia voluntad se convierta en la violencia voluntaria de casi todo un pueblo”.
Escrito con un estilo despojado, busca mantener en una niebla mediática a una guerra atroz, que hoy continúa como si nada ocurriera
Lamenta si esa opinión resulta ser fruto de una ingenuidad suya. Stalin, añade, “no fue una consecuencia natural de la Revolución de Octubre Y el stalinismo se construyó, como el nazismo, mediante la desinformación, el miedo, la violencia y la mentira. Sin Hitler no hubieran existido los campos de exterminio, la solución final, las cámaras de gas”.
Y concluye: “También creo que la actual devastación de Ucrania (no sólo de las personas sino de los edificios, el medio ambiente, las ciudades, la infraestructura de agua o electricidad) se debe a la obsesión, la codicia, la violencia y la mentira de un solo hombre apoyado por la sumisión y la obediencia de su círculo íntimo”.
Todas las noches -cuenta Abad Faciolince en su libro- apaga la luz “y en la penumbra completa, con los ojos abiertos, vuelvo a ver la oscuridad, la niebla de la guerra, el humo, la ceguera, el polvo. La ingenua tranquilidad que antecede al estruendo, el silencio absoluto que sigue a la explosión y los gritos que llegan, el miedo, el horror, los horrores. Veo a Victoria Amélina que me sonríe desde el puesto que le he cedido, su larga melena rubia que se arquea como el cuello de un cisne…”.
Editorial: Alfaguara
Páginas: 224
Precio: $38.899
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