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Tres maneras de despedirse de lo que fuimos

Relatos de mujeres que exploran el duelo, el exilio, la memoria y la escritura. Un tríptico que logra desdibujar las fronteras entre cuento y novela
Clara Obligado, autora de Una mujer en la cama (1990), y Las otras vidas (2006), entre otros

Por Redacción

Hay despedidas que no terminan cuando alguien se marcha. Permanecen en los objetos, en los recuerdos, en las preguntas que no encuentran respuesta y en las historias que una familia transmite de una generación a otra. En Tres maneras de decir adiós, Clara Obligado convierte esas ausencias en materia literaria y construye un universo donde las pérdidas personales se mezclan con los desplazamientos, la identidad y la necesidad de escribir para comprender lo vivido.

Publicado por Páginas de Espuma, el libro reúne tres relatos que pueden leerse de manera independiente, aunque su verdadera potencia aparece en los cruces que se establecieron entre sí. Una misma figura femenina atraviesa las historias y cambia de lugar según el momento de la narración: primero como madre, después como hija y finalmente como abuela. Alrededor de ella se despliega una trama familiar en la que los tiempos se superponen, los recuerdos se transforman y los personajes reaparecen bajo nuevas formas.

El resultado es una estructura que se resiste a las clasificaciones tradicionales. Los cuentos forman una suerte de novela fragmentaria, una trenza narrativa en la que cada hebra conserva su singularidad, pero adquiere otro sentido al encontrarse con los demás. El lector debe seguir las conexiones, reconocer las voces y aceptar que no todo se explica de inmediato.

En el primer relato, Obligado se interna en un territorio atravesado por el duelo y lo fantástico. Una mujer abandona su vida anterior para instalarse en un pueblo junto a su hijo, después de la desaparición de su marido durante la guerra del Golfo. La ausencia de un cuerpo que permite cerrar la historia vuelve más difícil la despedida. ¿Cómo elaborar una pérdida cuando no existe una certeza definitiva sobre el destino de quien se fue?

En ese escenario, los muertos no desaparecerán del todo. Sus presencias se filtran en la vida cotidiana, mientras la narradora intenta reconstruir lo ocurrido y encontrar una forma de convivir con el dolor. La referencia a la Odisea, con sus descensos al mundo de los muertos y sus búsquedas familiares, funciona como un contrapunto que desplaza el protagonismo heroico hacia las mujeres que permanecen, esperan y buscan respuestas.

La literatura aparece entonces como una herramienta para explorar aquello que la experiencia no consigue ordenar. La protagonista lee, investiga y escribe: intenta reconstruir una historia mientras descubre zonas desconocidas de sí misma. En ese movimiento, lo fantástico no opera como una fuga de la realidad, sino como una manera de acercarse a aquello que resulta difícil de nombrar.

Una familia, tres generaciones

El segundo relato, profundiza el componente autobiográfico y desplaza el foco hacia la identidad, los vínculos y la experiencia de vivir entre culturas. La trayectoria de Obligado, nacida en Buenos Aires en 1950 y exiliada en España desde 1976, resuena en una escritura atravesada por la distancia y la pertenencia. El desarraigo no es solamente un asunto geográfico: también implica aprender a habitar otra lengua, revisar la propia historia y negociar con aquello que se pierde en el camino.

La experiencia del exilio se integra así a una exploración más amplia sobre el paso del tiempo. Viajar, alejarse y volver —incluso a través de la memoria— son formas de modificar la relación con el pasado. Las fronteras entre lo vivido y lo imaginado se vuelven porosas, mientras la escritura funciona como un espacio desde el cual construye una identidad siempre cambiante.

En el tercer relato, el libro rompe con el clima de las historias anteriores y se aventura en una distopía atravesada por el humor negro. Adina, la joven que ocupa el centro de la narración, se mueve en una megalópolis dominada por el poder empresarial, donde la ausencia de un Estado capaz de intervenir deja a la sociedad a merced de un orden absurdo. El mundo adquiere rasgos grotescos y la exageración exponente, por medio de la sátira, aspectos reconocibles del presente.

El cambio de registro no desentona con el conjunto. Por el contrario, amplía el alcance de la propuesta: las inquietudes familiares y personales conviven con una mirada crítica sobre el mundo que reciben las nuevas generaciones. La distancia entre madres, hijas y nietas no se reduce a los conflictos privados, sino que también expresa maneras diferentes de entender la realidad y de imaginar el futuro.

Escribir para entender las despedidas

Uno de los mayores aciertos de Tres maneras de decir adiós está en su prosa, capaz de pasar de la intimidad del duelo a la extrañeza de lo fantástico y, después, a la ironía distópica. Obligado no necesita explicar cada vínculo ni resolver todos los interrogantes. Prefiere sugerir, superponer escenas y permitir que los sentidos aparezcan en los intersticios de la narración.

Esa libertad formal acompaña una idea que atraviesa el libro: escribir es una manera de entender el mundo cuando la experiencia no alcanza. La literatura no devuelve a los ausentes ni borra las marcas del exilio, pero permite revisar las pérdidas, descubrir sus efectos y encontrar nuevas formas de nombrarlas. Estas paginas exhiben otras formas de decir adiós.

Tres maneras de decir adiós

Clara Obligado

Editorial: Páginas de Espuma

Páginas: 136

Precio: $ 26.000

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