El escritor y abogado penalista Agustín De Luca publicó El gesto final, una novela editada por La Crujía que combina crimen, investigación judicial y literatura a partir de un asesinato cuyo responsable se conoce desde las primeras páginas. La historia desplaza así el interrogante habitual del policial: no busca descubrir quién cometió el delito, sino entender por qué lo hizo.
La trama comienza cuando Gonzalo Rojas empuja a una mujer desconocida, Lucía Cruz, a las vías del subte. El hecho queda registrado por las cámaras y el hombre reconoce haber cometido el asesinato. La identidad del responsable, por lo tanto, no constituye el misterio central de la historia.
El caso llega al juez Andrés Olavarría, un magistrado recientemente incorporado al Poder Judicial. Frente a un expediente en el que parecen existir las pruebas suficientes para reconstruir el crimen, Olavarría queda atrapado por una pregunta que no encuentra respuesta: cuál fue el motivo que llevó a Rojas a matar a una persona que no conocía.
A partir de esa pregunta comienza una investigación que excede los límites habituales del expediente. El juez intenta reconstruir la historia del acusado y encontrar una explicación para un crimen que, pese a tener responsable y registros audiovisuales, permanece sin una causa evidente.
La investigación comienza a ocupar cada vez más espacio en la vida de Olavarría. El magistrado atraviesa además una crisis matrimonial y la reaparición de un antiguo amor, mientras mantiene una relación conflictiva con su suegro, un juez retirado con influencia dentro del ámbito judicial.
La novela incorpora también otra dimensión: Olavarría quiere escribir un libro sobre el caso. De esa manera, la investigación judicial y la escritura comienzan a entrecruzarse y el protagonista queda involucrado no solamente como juez, sino también como narrador de una historia que intenta comprender.
La historia desplaza el interrogante habitual del policial: no busca descubrir quién cometió el delito, sino entender por qué lo hizo
La estructura está dividida en cuatro partes: el crimen, la investigación, el juicio y el castigo. En ese recorrido aparecen expedientes, audiencias, pruebas, funcionarios judiciales y relaciones de poder dentro de los tribunales, elementos que ocupan un lugar central en la construcción de la historia.
De Luca traslada a la novela parte de su experiencia profesional. Nacido en Lomas de Zamora en 1989, es abogado penalista y docente de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. También coordinó talleres de escritura para Entrepalabras y para la Asociación de Magistrados y Funcionarios del Poder Judicial de la Nación.
Antes de El gesto final, publicó El judicial, en 2020, y Los incidentes, en 2023. Su recorrido profesional y literario aparece vinculado con el universo judicial que vuelve a ocupar un lugar central en su nueva novela.
En El gesto final, el sistema judicial no funciona solamente como escenario. Las pruebas, las interpretaciones, los procedimientos y las relaciones entre quienes forman parte de los tribunales son parte del desarrollo de la trama. La novela utiliza ese ámbito para plantear una pregunta sobre los límites de una investigación cuando los elementos objetivos de un caso parecen suficientes, pero todavía falta comprender qué ocurrió detrás del delito.
La particularidad del relato está también en la relación entre justicia y literatura. Mientras Olavarría intenta resolver el enigma del crimen, al mismo tiempo comienza a convertirlo en material para una novela. La necesidad de encontrar una explicación para el acusado termina mezclándose con la necesidad personal del juez de ordenar y narrar los acontecimientos.
Las primeras reseñas publicadas sobre el libro destacaron precisamente ese desplazamiento del policial tradicional. El culpable aparece identificado desde el comienzo y confiesa el crimen, pero la ausencia de un motivo mantiene abierta la investigación. La intriga queda así concentrada en la explicación de una conducta y en las consecuencias que esa búsqueda provoca en el protagonista.
La estructura está dividida en cuatro partes: el crimen, la investigación, el juicio y el castigo
El gesto final propone de esta manera un policial en el que el misterio no consiste en descubrir al responsable de un asesinato, sino en reconstruir las razones que pueden encontrarse detrás de un crimen aparentemente inexplicable. A medida que el juez avanza sobre el caso, la investigación deja de ser solamente una búsqueda dentro de un expediente y comienza a comprometer su propia vida.
Editorial: La Crujía
Páginas: 284
Precio: $33.000
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