Hay mundos que no se derrumban de un día para otro. Se desgastan en los trabajos que dejan de garantizar un futuro, en las renuncias cotidianas y en las expectativas que se vuelven cada vez más difíciles de cumplir. En Media Mujer, el escritor y dramaturgo platense Fabián Fernández Barreyro reúne seis cuentos que observan ese proceso a través de personajes cuyas vidas están condicionadas por las transformaciones sociales del siglo XXI.
“Lo que hay es un tratamiento, a través de personajes y de situaciones muy pequeñas, de una cantidad de mutaciones civilizatorias muy grandes que se han ido dando en el transcurso de este siglo XXI”, explica el autor en diálogo con EL DIA.
Los relatos fueron escritos mayormente durante el segundo año de la pandemia, en un período de productividad inusual para sus tiempos habituales de escritura. Fernández Barreyro se reconoce dentro de una tradición realista y de la narración clásica, centrada en personajes y situaciones reconocibles. En lugar de construir mundos extraordinarios, busca encontrar en experiencias cotidianas los conflictos de una sociedad en transformación.
En los cuentos, las vidas individuales están atravesadas por condiciones económicas, laborales y sociales que limitan las posibilidades de elegir. Una mujer pobre del noroeste argentino acepta una convivencia que altera sus relaciones a cambio de mejorar su situación familiar. Un joven trabajador consigue ascender en una inmobiliaria, pero ese progreso lo enfrenta con la frustración de sus proyectos. Un músico de rock, desplazado por un mercado que explota a las bandas incipientes, termina vendiendo café de manera ambulante.
También aparecen un hombre llegado de la selva que se enfrenta al frío patagónico y a la represión contra la población originaria, y una trabajadora de geriátrico que teme perder su empleo. En el último relato, la mirada se desplaza hacia una docente europea que observa con desprecio el entorno de una playa del norte de Brasil.
Aunque diferentes, estos personajes comparten un conflicto: su lugar en el mundo está lejos de ser seguro. Como plantea la contratapa del libro, sus experiencias entran en tensión con el espacio geográfico y social que habitan. Algunos corren el riesgo de perderlo; otros descubren que no pueden conservarlo.
Las promesas que quedaron atrás
Para Fernández Barreyro, los relatos también permiten observar el derrumbe de una idea de sociedad que prometía integración, estabilidad y progreso. El autor recupera ciertos postulados de la sociología funcionalista estadounidense, que imaginaba una comunidad articulada, con individuos capaces de desarrollar proyectos personales y un Estado que funcionara como respaldo frente a la incertidumbre.
“Ese ideal sociológico que fue muy fuerte en todo Occidente está hecho trizas”, sostiene.
Los cuentos muestran las consecuencias de esa ruptura en quienes deben resolver sus necesidades inmediatas sin contar con demasiadas garantías. Son personajes cercanos a lo que hoy se denomina precariado: personas que viven en condiciones de inestabilidad y concentran sus esfuerzos en llegar a la semana siguiente.
Fernández Barreyro no convierte estas ideas en explicaciones teóricas. Su interés por la filosofía y la sociología, disciplinas vinculadas con su formación, aparece mediado por la ficción. Estudió Filosofía y tiene formación teatral, pero su apuesta narrativa consiste en construir situaciones concretas antes que desarrollar una tesis sobre la sociedad.
Entre sus referencias literarias menciona a Jack London, Flannery O'Connor y Alice Munro, autores vinculados con la tradición del cuento realista. En esa línea, los conflictos surgen de las decisiones de los personajes y de las relaciones que mantienen con su entorno.
El lenguaje también cumple un papel central. Los modismos, el vocabulario y la sintaxis de cada voz permiten reconocer distintas formas de percibir el mundo. La escritura no se limita a reproducir la realidad: encuentra en las maneras de hablar y de narrar una dimensión estética que acompaña la experiencia de los protagonistas.
Los retazos de un naufragio
A sus 64 años, Fernández Barreyro observa las transformaciones sociales desde una experiencia que abarca buena parte del siglo XX y el comienzo del XXI. Reconoce que, con el paso del tiempo, el mundo puede perder capacidad de sorprender, pero esa familiaridad convive con la percepción de un deterioro profundo del entorno y de las expectativas de futuro.
“Es muy impresionante que, junto al gastarse del mundo que tiene que ver con el propio envejecimiento, uno vea de manera muy profunda degradarse su entorno y degradarse el horizonte de futuro de las personas”, señala.
Esa percepción constituye uno de los impulsos emocionales del libro. Los cuentos no reconstruyen una época a partir de grandes acontecimientos, sino mediante sus efectos sobre quienes deben seguir viviendo en ella. Cada protagonista busca alguna salida, aunque las alternativas disponibles sean limitadas y las decisiones impliquen nuevas renuncias.
El propio autor describe las historias como “retazos de un naufragio”: personas que se aferran a lo que tienen a mano para mantenerse a flote. La imagen sintetiza una obra que no necesita anunciar una catástrofe para mostrar sus consecuencias. Le alcanza con seguir a quienes intentan sostener sus vidas mientras las condiciones a su alrededor se vuelven más adversas.
El título del volumen corresponde al primero de los seis cuentos. Fernández Barreyro prefiere no revelar su significado porque anticiparía una resolución inesperada. Deja así que el lector llegue al relato sin conocer de antemano su desenlace.
La presentación del libro se llevó a cabo el pasado jueves 5 de noviembre en el Centro Cultural Tentempié, ubicado en calle 66 número 824, entre 11 y 12, en La Plata. El encuentro incluyó una conversación sobre literatura y música.
No obstante, en Media Mujer, las pequeñas historias funcionan como ventanas hacia un mundo en el que el esfuerzo individual ya no garantiza estabilidad y las instituciones parecen incapaces de cumplir sus antiguas promesas. Sus personajes no contemplan el naufragio desde afuera: buscan, con los recursos que tienen, la manera de mantenerse a flote.
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