El amor y la violencia conviven en “Desnuda”, la nueva novela del escritor platense Alfredo Benialgo. En el universo del narcotráfico que construye el autor, un hombre dedicado al crimen organizado se enamora de una mujer que necesita luchar por aquello que le pertenece. La relación se desarrolla en un ambiente hostil, donde las disputas de poder y la corrupción marcan las reglas.
La novela obtuvo el primer premio del concurso Puerto Negro 2025, organizado por la Universidad Andrés Bello de Chile, y fue publicada por el sello chileno LOM. En septiembre, Benialgo viajó a Santiago para participar del festival República Negra, donde presentó la obra. Ahora, el libro acaba de llegar a las librerías argentinas a través de la editorial Revólver. Su presentación en La Plata será el 3 de diciembre.
Desnuda forma parte de un universo narrativo que comenzó con “Una mano para el Diez”, novela ganadora del premio Rama Negra-ATSA en 2023. En aquella historia, el epicentro estaba en Tolosa, un territorio que Benialgo conoce bien porque vivió allí durante muchos años. En esta segunda entrega, dos personajes secundarios pasan al centro de la escena y la geografía se desplaza hacia la triple frontera.
Uno de ellos es el Indio Romero, un hombre que ocupa un lugar de poder dentro de una organización narcotraficante. La otra es Carmen Gamarra, una paraguaya que arrastra una historia difícil y debe enfrentarse a quienes amenazan sus intereses. Entre ambos surge una relación que obliga a Romero a elegir entre continuar con sus actividades criminales o arriesgarse por la mujer que ama.
“Es una gran historia de amor entre dos personajes fuertemente marginales”, define Benialgo. Para el escritor, el contraste entre los sentimientos y la brutalidad no constituye una contradicción excepcional. “Yo creo que pueden convivir muy fácilmente. En la realidad se da, que no existen los personajes que no puedan tener, a menos que sea muy psicópata, un mínimo sentimiento”, sostiene.
El autor reconoce que la posibilidad de que un hombre vinculado al crimen pueda enamorarse y jugarse por otra persona fue uno de los puntos que más le interesaron al construir la historia. “Es una novela muy visceral, donde la violencia quizás está muy marcada, pero también aparece esto que supuestamente es contradictorio, que es el amor”, explica.
UN GÉNERO SIN HÉROES TRADICIONALES
La novela negra suele presentar detectives o policías que, aun dentro de sociedades corruptas, conservan principios éticos que los llevan a enfrentarse con el sistema. Benialgo, en cambio, encuentra dificultades para imaginar ese tipo de héroes en el contexto latinoamericano.
“En la novela negra tradicional hay siempre un detective que, en un medio fagocitado por la corrupción, es un tipo que tiene principios éticos y morales”, señala. En las historias que escribe, esos personajes excepcionales dejan lugar a protagonistas cuyas convicciones responden a intereses personales y cuyos límites morales son menos claros.
“Nos cuesta mucho encontrar alguien que reúna las condiciones morales que podía tener Philip Marlowe, de Chandler”, dice, en referencia al célebre detective creado por Raymond Chandler. Esa dificultad, considera, está relacionada con la experiencia histórica de la región. En una entrevista anterior, el escritor había sido más contundente: “Nuestra experiencia en gobiernos criminales y dictaduras sangrientas nos dificulta construir personajes con las características del detective clásico negro. Mucho me temo que eso se deba a que hemos perdido la fe”.
En Desnuda, la justicia no depende de un investigador que represente el bien frente al mal, sino de las decisiones de personajes que también forman parte del mundo criminal. Carmen aparece como la figura más firme de la historia, mientras que Romero, pese a su actividad, decide intervenir para protegerla.
La construcción de ese universo también le permite explorar las relaciones de poder. Para Benialgo, el ambiente del narcotráfico funciona como una representación a pequeña escala de los vínculos sociales. “Se ven ahí las situaciones de poder”, explica. El mundo criminal opera como un microcosmos en el que se condensan conflictos que exceden sus propias fronteras.
ESCRIBIR A PARTIR DE UNAS POCAS IDEAS
Geólogo de profesión y jubilado desde hace un par de años, Benialgo encuentra parte de sus materiales literarios en experiencias acumuladas durante su trabajo. Las campañas de campo, los días compartidos con otras personas y el conocimiento de lugares alejados le ofrecen recuerdos que después reaparecen transformados en la ficción.
“Puedo imaginar lugares a partir de un germen de algo que viví en algún momento, de un lugar donde estuve”, cuenta. Sin embargo, su método de escritura no parte de una planificación exhaustiva. “Generalmente, cuando empiezo a escribir una novela, parto de dos o tres ideas generales. Cuando se me suelta la mano empiezan a aparecer los personajes necesarios, y ahí va apareciendo el argumento”, describe.
Su recorrido literario comenzó con los cuentos. Después de la muerte de su esposa, en 2011, empezó a desarrollar novelas. Publicó Una mujer somalí, finalista del Premio Clarín-Alfaguara en 2015; El desierto de la melancolía y Una mano para el Diez, antes de llegar a Desnuda.
El escritor ya trabaja en otra historia que podría convertirse en una tercera novela de este universo, aunque también alterna con la escritura fantástica. Por ahora, el territorio que nació en Tolosa continúa expandiéndose, con personajes que salen de los márgenes para ocupar el centro de nuevas historias.
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