La novela de Seicho Matsumoto (1959) combina el misterio de una desaparición con una mirada sobre la culpa, la memoria y las marcas que dejó la Segunda Guerra Mundial en la sociedad japonesa.
A finales de la década del cincuenta, Teiko Itane tiene 26 años y acepta casarse con Kenichi Uhara, un ejecutivo diez años mayor a quien conoce por intermedio de un casamentero. Después de una breve luna de miel, la vida de la joven cambia cuando su marido desaparece sin dejar rastros.
El último lugar en el que fue visto es Kanazawa, una ciudad costera a la que Teiko decide viajar durante el invierno para intentar reconstruir sus pasos. A partir de allí comienza una investigación en la que cada indicio parece abrir una nueva posibilidad.
La búsqueda convierte a Teiko en el centro de una trama policial que, al mismo tiempo, se interna en el pasado. Para encontrar qué ocurrió con su marido deberá volver sobre acontecimientos y relaciones que parecían quedar atrás, hasta llegar a ese “punto cero” en el que comenzó todo.
La particularidad de la novela dentro de la obra de Matsumoto está también en su protagonista. Es la primera vez que el escritor deposita el peso de una investigación en una mujer. La perspectiva femenina le permite abordar desde otro lugar las consecuencias de un período todavía cercano para el Japón de aquellos años.
Matsumoto es de los principales referentes de la novela negra japonesa. Había trabajado como periodista del diario Asahi antes de dedicarse a la literatura y comenzó a publicar cuando ya era un hombre de mediana edad. Su reconocimiento llegó tempranamente y, con su segunda obra publicada, recibió el Premio Akutagawa, uno de los galardones literarios más importantes de Japón.
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