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Hace poco más de un año, Viviana Rivero tuvo una conversación con su hermana, diez años menor, que terminó convirtiéndose en el disparador de su séptimo libro. Ambas habían sido siempre grandes lectoras y solían comentarse lo que leían. Esa vez, la hermana le confesó que no estaba leyendo nada extenso porque el teléfono le ganaba la atención. Rivero pensó que si le pasaba a ella, probablemente también a mucha gente; por eso decidió escribir relatos cortos. Al principio imaginó microrrelatos, pero a medida que escribía se quedaba “con ganas” de seguir contando, confiesa en entrevista con EL DIA, así que terminó combinando textos de una página con otros de tres o cuatro. Así empezó a tomar forma “Ellas”.
El libro reúne relatos breves construidos, en su gran mayoría, a partir de historias reales. Rivero los pensó desde el inicio bajo una lógica de contrastes: “las cosas que pasamos las mujeres son dulces, amargas y algunas agridulces”, según sus propias palabras, esas que hacen pensar “qué lindo que soy mujer” y esas otras que provocan bronca o dolor. Cuando empezó a escribir sus propias vivencias —algo que nunca había hecho antes a pesar de ser una prolífera escritora— notó que esas páginas tenían una voz distinta a la de sus novelas históricas. Decidió entonces que el proyecto merecía sostenerse en hechos reales antes que en la pura invención.
La convocatoria empezó puertas adentro: primero mensajes a amigas íntimas, después a un círculo más amplio de conocidas dispuestas a compartir sus propias anécdotas, sus vivencias, sus sensaciones. De ahí surgieron historias muy distintas entre sí —algunas divertidas, otras arriesgadas, varias directamente dramáticas— que Rivero fue agrupando de manera intercalada, alternando registros para que la lectura no se instalara en un solo tono.
El libro reúne relatos breves construidos, en su gran mayoría, a partir de historias reales
Varios relatos incluyen al final una nota de la autora que aclara qué es real y qué fue modificado. Es el caso de la historia sobre una herencia de tierras que, generaciones atrás, una familia de inmigrantes decidió repartir solo entre los hijos varones pese a que las hijas habían trabajado igual para conseguirla. Viviana conoció la historia a través de la nieta de la protagonista, quien decidió conservar su nombre real, Ornelia, como forma de reivindicación. Ese mecanismo de aclarar la frontera entre lo vivido y lo escrito se repite en otros relatos y funciona, según explicó la autora, como una manera de decirle al lector que lo que acaba de leer no es una exageración literaria, ni tampoco la experiencia individual y aislada de una mujer, sino algo que efectivamente le sucedió a alguien, a un alguien con nombre.
La obra está atravesada por la formación de Viviana Rivero como abogada
El libro también incluye episodios que la autora llama “históricos”: Kathrine Switzer, la primera mujer en correr oficialmente una maratón concebida hasta entonces como un espacio exclusivamente masculino; Lella Lombardi, la primera y única mujer en sumar puntos en una carrera del Campeonato Mundial de Fórmula 1; Judit Polgár, la ajedrecista que se enfrentó a los mejores jugadores del mundo y derrotó a varios de ellos; y la huelga de mujeres de Islandia de 1975, cuando gran parte de la población femenina del país dejó de trabajar durante un día para visibilizar su aporte económico. Rivero relacionó ese episodio con la actualidad. “Hay una frase que dice que siempre hay que tener cuidado, porque los derechos de la mujer parecen estar bien, pero alcanza una revuelta, un hecho en la sociedad, para que se vuelvan a poner en juego”, expresó. Y agregó: “Hace poco leí que en Estados Unidos se habla de una propuesta para que solo haya un voto por familia, en manos del hombre. Y ni hablar de lo que pasó en Irán: las mujeres manejaban auto, iban a la universidad y de un día para el otro empezaron a usar velo y dejaron de estudiar”.
Buena parte de “Ellas” está atravesada inevitablemente por la formación como abogada de Viviana: divorcios atravesados por la ocultación de bienes gananciales y repartos patrimoniales que desconocen el valor del trabajo de cuidado no remunerado. Detrás de esas historias aparece una convicción que la autora dijo —y se encargó de repetir— varias veces durante la charla: “No existe la verdadera independencia si no hay independencia económica”. La idea, explicó, atraviesa desde situaciones aparentemente cotidianas —no poder pagar una noche de hotel después de una discusión, no decidir dónde vacacionar— hasta escenarios más extremos, como en los que viven las mujeres en situacion de violencia de género y que no puede abandonar esa realidad porque carece de recursos propios.
En las diferentes narraciones se cuestiona: ¿cómo se educa a los varones?
Uno de los interrogantes que se plantean hoy las nuevas generaciones, y que también aparece en el libro, tiene que ver con la forma en que se educa a los varones y con la persistencia de mandatos que luego se trasladan a la vida adulta. “Es difícil romperlo. A veces no se produce un cambio de tantos grados: tiene que pasar una o dos generaciones, pero es importante que algún cambio haya, de una generación a la otra, para mejorar. En algunas familias va a llevar más tiempo; en otras, menos”, explicó. Esa desigualdad también se expresa en aquello que las mujeres siguen cargando mentalmente. La culpa materna aparece, en ese sentido, como otro de los “tragos amargos” recurrentes: la imposibilidad de disfrutar un postre en paz sin preguntarse si el chupete quedó a mano; la sensación de estar en falta con los hijos, con la casa o con la propia madre, incluso mientras se hace otra cosa igualmente necesaria. Según relató Viviana, varias de las mujeres que consultó coincidieron en que esa carga mental rara vez atraviesa a los varones del mismo modo.
“Ellas, historias breves y no tanto de mujeres como vos” puede parecer un libro feminista, pero la autora prefirió no encasillarlo: “Me da lo mismo que digan que mi libro es feminista o que no lo es: algunas lo van a tomar como sí, otras como no. Lo que a veces me molesta es que se usa esa palabra para dividirnos entre nosotras; con temas como el aborto, por ejemplo: esta está a favor, esta está en contra. Lo único que necesitamos es la libertad, que cada mujer pueda decidir si quiere formar una familia tradicional o no, y sostener esa decisión sin ser juzgada por eso”.
El libro está dedicado tanto a mujeres como a varones. Rivero contó que una lectora le escribió para decirle que se lo había dado a su hijo de diecinueve años y que él le respondió que nunca había pensado que las mujeres atravesaran tantas situaciones distintas por el solo hecho de serlo. La autora dijo que espera que el libro funcione también como un modo indirecto de conversación en pareja o en familia, sobre todo en temas que suelen ser difíciles de plantear en primera persona.
Editorial: Plaza & Janes
Páginas: 336
Precio: $44.999
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