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A caballo entre coronas, tradición y glamour

El Campeonato Mundial de la Federación Ecuestre Internacional reunió en Aachen a varias mujeres de las familias reales europeas. Mary de Dinamarca, la infanta Elena, Zara Tindall y Amalia de Orange compartieron tribuna, historias y una pasión por los caballos que atraviesa generaciones

La princesa de Orange en su carruaje / Web
El carruaje en la coronación de la reina Juliana / web
La princesa Benedicta / web

Por VIRGINIA BLONDEAU

marioyvirginia@yahoo.com.ar

Bodas, aniversarios y funerales son los grandes acontecimientos en los que los miembros de las diferentes familias reales europeas se reúnen y nos permiten verlos confraternizar. En los últimos años las contiendas deportivas también han convocado a las testas coronadas y a sus familias para alentar, desde la gradas, a las delegaciones de sus países. Los Juegos Olímpicos y los mundiales de fútbol son un ejemplo y es curioso y entretenido ver como es la relación de amistad (o no) entre el rey de Dinamarca y el duque de Edimburgo o entre Máxima y María Teresa de Luxemburgo.

Y ya si se trata de deportes ecuestres, la ilusión es total. Los niños de las familias reales aprenden a andar a caballo antes de aprender a caminar. Y esa amistad equino-humana no los abandona hasta que sus cansados huesos dicen basta. Recordemos, como ejemplo, que el pasatiempo preferido de la reina Isabel en plena pandemia era montar a su pony por los jardines de Windsor. Y tenía 94 años.

Por eso no es de extrañar que la semana pasada, la inauguración del Campeonato Mundial organizado por la Federación Ecuestre Internacional que se está llevando a cabo en Aachen, Alemania, haya convocado a tantas damas de la realeza. Y todas ellas, amazonas consumadas.

LA REALEZA SE PONE LAS BOTAS DE MONTAR

Dinamarca ha estado representada nada más y nada menos que por su reina. El amor por los caballos de Mary surgió en su infancia australiana y, luego, continuó su afición en Dinamarca. Al igual que la reina de Inglaterra, la equitación fue el mayor entretenimiento durante la pandemia y tener tiempo libre le permitió entrenarse para competir en forma oficial en la categoría “doma clásica” donde obtuvo muy buena calificación.

La inauguración del Campeonato Mundial organizado por la Federación Ecuestre Internacional en Alemania, convocó a múltiples damas de la realeza

Estaba también en las gradas la princesa Benedicta, su tía política. Benedicta es patrona de varias organizaciones hípicas y hasta hace poco era también mecenas de la Federación Ecuestre de Dinamarca pero renunció cuando se acusó a la comisión directiva de maltrato animal y cuestiones de dopaje. Pero no se alejó del todo: en la comisión directiva actual está su hija Natalia, medallista olímpica.

La infanta Elena fue la representante española. Los caballos fueron su refugio y el salto es un deporte que nunca dejó de practicar. Su figura estuvo siempre bastante desdibujada a pesar de ser la primogénita del rey Juan Carlos y mucho más cuando dejó de ser miembro de la Familia Real. Pero el martes tuvo su revancha y otra vez la vimos brillar en las gradas con su sombrero y una gran flor en el ojal, accesorios tan característicos en ella.

Zara Tindall, de soltera Phillips, no podía falta a la cita. La sobrina del rey Carlos III obtuvo hace 20 años una medalla de oro en esa misma arena y es medallista olímpica en la categoría Concurso completo por equipos. Igual que su madre, la princesa Ana, fue elegida Deportista del año, en 2006.

La estrella de la tarde fue sin duda Catalina Amalia de Orange, heredera al trono de los Países Bajos

AMALIA, ENTRE CARRUAJES Y CICATRICES

La estrella de la tarde fue sin duda la princesa de Orange. Que Amalia adora montar a caballo no es novedad. “Si realmente me quieres conocer, debes verme cuando estoy con mi caballo. Es en ese momento cuando realmente puedo ser yo”. Esas fueron sus palabras en el reportaje que dio cuando cumplió 18 años. Pero esta vez no se destacó por sus habilidades ecuestres sino porque hizo su entrada triunfal en su carruaje favorito entre todos los que se estacionan en las caballerizas reales: el Crème Calèche.

El color es el que da nombre al carruaje ya que está hecho de madera noble pintada en color crema; lleva el escudo de armas de los Orange y tiene una larga historia que comenzó en 1898. Fue un regalo que le hizo la reina Ema a su hija, Guillermina, para que entrara en Ámsterdam el día de su coronación. También, en 1948, lo usó la reina Juliana para la suya y, a partir de ese momento comenzó a usarse en otros actos de la corona y en la procesión del Día del Príncipe. Incluso lo transportó al hoy rey Guillermo Alejandro cuando ingresó a la apertura de los Juegos Ecuestres del Mundo en 1994.

El carruaje no tiene asiento de cochero así que los jinetes montan directamente en los cuatro o seis caballos en un estilo que se llama Dumont.

En el Día del Príncipe de 1963, uno de los caballos se desmadró y arrastró la calesa contra un árbol. Estaban en él las entonces princesas Beatriz, Irene y Margarita que no se hicieron daño pero tuvieron que cambiar de vehículo.

Como podemos ver no todas son rosas en la equitación y de eso puede dar fe la propia Amalia. Se sabía que en junio del año pasado había tenido un accidente en una de sus salidas a cabalgar pero, en su momento, no se había dado demasiado detalle. El martes pasado en Aachen la princesa optó por llevar un vestido verde a rayas que dejaba al descubierto, por primera vez, una cicatriz nada desdeñable a la altura del tríceps izquierdo, producto de la operación a que fue sometida. Difícil que pasara desapercibida pero además uno de los presentes le preguntó por ella y la princesa respondió con naturalidad. Gajes del oficio.

En el acto se sintió la ausencia de Carlota Casiraghi, hija de la princesa Carolina de Mónaco, que hizo de la equitación una forma de vida y una pasarela donde lucir la ropa de Gucci de la que era embajadora. Al cierre de esta edición no había ya más presencia royal pero han dejado un halo que no ha pasado desapercibido. ¡A galopar, muchachas!

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