Michka Seld transita sus últimos meses en una residencia para mayores. La edad y una afasia progresiva comienzan a quitarle las palabras, pero no el deseo de saldar una deuda que arrastra desde hace décadas: encontrar al matrimonio que, durante la ocupación alemana, la escondió y le salvó la vida. Para cumplir ese último deseo contará con Marie, una vecina a la que cuidó cuando era niña, y Jérôme, el logopeda que intenta ayudarla a conservar, aunque sea parcialmente, su capacidad de comunicarse.
A través de las voces de Marie y Jérôme, De Vigan construye una historia contenida, sin grandes giros ni tramas paralelas, pero cargada de sensibilidad. La novela se detiene en aquello que suele quedar pendiente: las palabras que no dijimos, los favores que no supimos agradecer, las personas que fueron importantes y cuya presencia comprendemos plenamente cuando empiezan a faltar.
Con casi 200 páginas, Las gratitudes habla de la vejez, la pérdida y la memoria, pero también de la bondad y de los vínculos que sobreviven al paso del tiempo. Una historia pequeña en apariencia que termina abriendo una pregunta enorme: ¿cuánto de lo que debemos a los demás alcanzamos a decir antes de que sea demasiado tarde?
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