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En un momento de “Biografía de Jorge Luis Borges”, la película de Mariano Llinás sobre el escritor argentino que se estrena este domingo en el porteño Malba, el cineasta se encuentra recorriendo el Chalet “Las Nubes”, casa que Borges frecuentaba, antigua residencia del escritor uruguayo Enrique Amorim y de su esposa, Esther Haedo, prima del escritor. Y mientras muestran los distintos rincones del hogar con afán de visita guiada, Llinás se aburre. Se quiere ir. Y se va, se escabulle con la cámara a filmar otras cosas, a pensar. Alguno, maliciosamente, pensará quizás que lo que aburre a Llinás, habitual voz en off y personaje de sus propias películas, es que hablen otros. Pero, en todo caso, lo que no quiere Llinás es hacer un museo de su película, un documental de esos típicos que se reproducen hoy en las plataformas, una visita guiada por la vida de Borges.
¿Qué es, entonces, su biografía de Borges? Borges es casi un disparador, que dispara un juego, o varios juegos, viajes, anécdotas, reflexiones en torno al cine y al autor que, define en sus primeros minutos la película, salvó la literatura. “Casi” un disparador, porque Llinás es el más borgeano de los cineastas y narra su biografía de Borges de manera borgeana: Llinás es otra vez una especie de detective, un personaje como lo era Borges en sus cuentos, acompañado en esta ocasión por Ernesto Montequín, investigador, traductor y experto en Borges que, cuando las luces de la sala se encienden, uno no puede evitar googlear. ¿Existe de verdad, o es un personaje creado para la película? Parece que sí, que existe: dirige el Centro de Documentación de Villa Ocampo, lo que, bien mirado, también suena a invención borgeana. Aunque de todos modos no importa, porque todo es ficción, de alguna manera también borgeana.
Estos investigadores se zambullen en una serie de objetos que fueron parte de la vida de Borges, y a partir de allí, del recorrido de esos cuadernos, cartas y postales, la película intenta hacer emerger a Borges. Llinás va anotando en su cuaderno apuntes para su futura película, tramas, ideas: allí, frente a esos objetos escritos por la mano de Borges, subraya la palabra “aurático”. Se está ante el original, por allí pasó Borges, allí dejó un rastro de su genio. Pero hay algo de humor en el modo en que Llinás subraya “aurático”: una autoconciencia de la solemnidad del genio, de su propia solemnidad, sí, pero también la sospecha de que ese original no farmea aura sino que se trata de un gesto calculado por el propio Borges, digitando su biografía desde el otro lado. Piensa Llinás durante la primera parte (la película de Llinás, ya famosamente, dura más de cinco horas divididas en tres secciones): Borges quiere ser contado tal como aparece en los objetos de la colección que dejó atrás. La biografía de Borges que teje Llinás se pregunta entonces: ¿cómo contar una vida? ¿Quién cuenta qué?
Partir de objetos de una colección puede parecer un procedimiento caprichoso, pero es que en realidad “Biografía de Jorge Luis Borges” nació de un encargo: filmar la colección de papeles y objetos de Borges, o vinculados a él, que guarda la Fundación ISLAA en Nueva York. Pero también de este encargo se desmarca Llinás, que lejos de quedarse en el galpón de Brooklyn donde están guardados esos tesoros va en busca de otros, y recorre durante cinco horas, con excusas más o menos válidas, los lugares que atravesó Borges y alguno que imaginó, de Ginebra a Adrogué, de Texas a la Muralla China, de Reikiavik a Coronel Suárez.
La continuidad con su obra es evidente: las películas de El Pampero Cine, el colectivo al que pertenecen Llinás, la platense Laura Citarella (productora) y Alejo Moguillansky, se hacen en la ruta. Por los caminos anda el auto de Llinás, o de su productora, filmando a través de un parabrisas roto de tanto andar paisajes que recorrió Borges (muchos de los cuales ya no existen, o se perdieron) mientras los chicos gritan en el fondo y amenazan con tapar las reflexiones de Llinás. Su cine es filmarse filmando, la reivindicación de la aventura cinematográfica, el retrato del hacer colectivo: lo que parecen digresiones, como escribió Bioy Casares, son los lugares por donde la vida entra en los relatos, y allí, en esos desvíos, en esos corrimientos, está la vitalidad de un cine que no quiere ser museo, obra consumada.
Entonces: Borges “casi” como un disparador, un punto de partida a través del cual a Llinás se le cuelan, casi contra su voluntad, reflexiones sobre el cine, el amor, la política, la música, su hijo, la literatura. En ese sentido, y esto será irritante para algunos espectadores, “Biografía de Jorge Luis Borges” tiene menos ideas sobre la vida y obra de Borges que ideas de Llinás sobre la vida.
Aunque, desde ya, también se cuela, constantemente, Borges. La primera parte de las tres (que, a pesar de los desvíos, cuentan a Borges de manera cronológica) es la más contenida, con los objetos de Borges como protagonistas para narrar al autor desde su infancia y sus coqueteos vanguardistas hasta los 40, el Borges del genio, de “Ficciones” y “El Aleph”. Ese es el Borges que, sospecha Llinás, le escribe la biografía que él filma. Pero luego viene el Borges de los 50, el de la Libertadora y la ceguera; la escritura cambia y Llinás se aleja de los libros: la segunda parte se centra sobre todo en los amores de Borges, y el viaje en el que Borges huye de su primera esposa, Elsa Astete Millán, junto a su oscuro representante, Norman Thomas di Giovanni (el villano), se espeja en el de Llinás y Montequín, un recorrido que llega hasta Islandia y se detiene en géiseres y gansos. “La puta madre”, lanza Llinás al término de esa segunda sección: otra vez una película se escapa de sus manos y expande su metraje de manera descontrolada, sin final a la vista. La tercera entrega, la más comentada por incómoda, le responde a la primera: si el Borges del 40 quería contarse a sí mismo, aquí Llinás confronta con mordacidad el mito del autor genial, el lector infinito que vivía solo en los libros, con ese Jorge Luis crepuscular que se encontró con Pinochet sabiendo que le podía costar el Nobel y se juntó a comer con Videla.
Durante su vida, Borges corrigió sus propios escritos, tachó, sacó, agregó. Ya en los cuadernos que filma Llinás se ve a ese autor meticuloso, buscando de manera obsesiva la palabra justa. En su “Biografía de Jorge Luis Borges”, Llinás no solo filma esos cuadernos donde el autor ensayaba: también filma los propios, de manera literal y metafórica. La película es tanto una película como un ensayo para una película, con desvíos maravillosos, dislates conmovedores y otros a los que el humor salva de la indulgencia. Es también una especie de punto de llegada de los últimos años de su obra: ya lidió con su padre y con Clorindo Testa, y le dedicó dos películas a Ignacio Corsini. Recorridos que son, como el de Borges, viajes introspectivos, llenos de desvíos, a sus personas de referencia: varones todos, geniales en el sentido romántico del término, una tradición de la que Llinás forma parte y que, a la vez, parodia y discute al trabajar siempre en colectivo. Todos contenemos multitudes.
Y sin embargo, “Biografía de Jorge Luis Borges”, como ocurre con otros Llinás, es más, mucho más. Escapa: escapa a la película por encargo, al documental clásico, a la biopic realizada con IA, a tantos ejercicios narcisistas de autoficción que proliferan hoy, y compone una película ambiciosa, expansiva y pletórica de ideas, de deseo y de coraje. No hay obra en el cine nacional como la obra de Llinás. Tampoco, entonces, podía haber una biografía de Borges como la suya.
Cuándo: domingos a las 18
Dónde: Malba, Figueroa Alcorta 3415, Buenos Aires
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