Charly se acercó al grupo a comienzos de 2017, a partir de dos amigos vinculados al running que ya formaban parte de Leones. Uno de ellos era guía y había acercado también a otro atleta con discapacidad visual. Así llegó hasta Pablo Arteca, quien lo acompañó en su primera carrera, en una competencia de Estudiantes. Desde ese primer encuentro construyeron un vínculo que se consolidó meses después, cuando corrieron juntos los 21 kilómetros.
En ese momento, Charly tenía como objetivo completar una media maratón, aunque reconocía que no siempre se sentía cómodo con todos los guías, especialmente por las indicaciones durante la carrera. Con Pablo, en cambio, encontró rápidamente confianza. “Para mí es el mejor guía que hay”, cuenta.
Su incorporación al grupo fue progresiva. Recuerda un viaje a Miramar para participar de una carrera, donde comenzó a estrechar vínculos con otros integrantes. Con el tiempo, esa relación excedió las competencias y los entrenamientos: viajes, mates, comidas y encuentros fuera del running fueron construyendo amistades.
Actualmente, Charly también practica fútbol para ciegos y procura acercar a sus compañeros a los entrenamientos de running. Para él, Leones es un espacio que permite complementar actividades, pero sobre todo compartir. “El foco en mi caso particular es poder ir a compartir, ir a despejarme”, explica. Incluso cuando no puede entrenar por cuestiones laborales, intenta acercarse para caminar, trotar o simplemente estar.
Con algunos guías estableció vínculos especialmente estrechos. Es el caso de Maxi, uno de los fundadores del grupo, con quien comparte carreras pero también cenas, salidas y otras actividades. Por eso, cuando piensa en el futuro, su principal objetivo no pasa por una determinada distancia: quiere seguir participando, ayudar cuando pueda y continuar recibiendo lo que encuentra en ese espacio. “Es algo clave en la vida”, resume.
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