No esperar a que duela La prevención empieza antes de que aparezcan las molestias. Mantenerse activo ayuda a conservar fuerza, movilidad y densidad ósea.
Incorporar ejercicios de fuerza Trabajar piernas y tren inferior entre 90 y 120 minutos por semana se asocia con beneficios para la salud general y cardiovascular.
Moverse después de una lesión Tras una fractura o cirugía, recuperar el movimiento progresivamente es fundamental. La inmovilidad prolongada puede favorecer distintas complicaciones.
Fortalecer también los huesos El entrenamiento con cargas puede mejorar la densidad mineral ósea de la cadera y el fémur, especialmente cuando se combina con ejercicios de impacto.
Si hay artrosis, ajustar las expectativas El ejercicio puede ayudar a reducir el dolor, pero el efecto promedio es modesto. No todos los ejercicios sirven para todas las personas.
No confundir prevención con tratamiento Fortalecer una cadera sana y hacer ejercicio para aliviar una cadera dolorida son situaciones diferentes. El tipo y la intensidad del ejercicio deben adaptarse a cada caso.
La clave es sostener el movimiento Caminar, levantarse, agacharse, girar y sostener el peso del cuerpo son movimientos cotidianos que ayudan a mantener una articulación funcional.
Pedir orientación si aparece dolor Una molestia persistente, pérdida de movilidad o dificultad para caminar merece una evaluación profesional antes de aumentar la carga de ejercicio.
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