Aunque muchas publicidades presentan una almohada como la solución definitiva para los dolores cervicales, los especialistas son más cautos. La mejor elección depende de la postura habitual al dormir, de la contextura física y hasta de la firmeza del colchón. El objetivo no es encontrar un modelo “perfecto”, sino lograr que la cabeza permanezca alineada con el cuello y el resto de la columna durante toda la noche.
Las personas que duermen de lado suelen necesitar una almohada de mayor altura, ya que debe compensar la distancia entre el hombro y la cabeza. Si el colchón es muy blando y el cuerpo se hunde más, esa altura también puede variar.
Quienes duermen boca arriba, en cambio, generalmente requieren una almohada de perfil medio o bajo, que sostenga la curvatura natural del cuello sin empujar la cabeza hacia adelante. En estos casos, una almohada demasiado alta puede generar tensión cervical y favorecer la rigidez matinal.
La postura menos aconsejada para quienes sufren dolores frecuentes es dormir boca abajo. Mantener la cabeza girada hacia un lado durante varias horas aumenta la carga sobre las vértebras cervicales y los músculos del cuello. Si cambiar completamente esa costumbre resulta difícil, algunos especialistas recomiendan intentar una transición progresiva hacia la posición de costado.
También es importante prestar atención al estado de la almohada. Con el uso pierde firmeza y capacidad de sostén. Si quedó deformada, presenta hundimientos permanentes o ya no recupera su forma, probablemente haya llegado el momento de reemplazarla.
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