La creatina es uno de los suplementos más investigados en el ámbito deportivo. Se trata de una sustancia producida naturalmente por el organismo y presente en alimentos como carnes y pescados, cuya principal función consiste en contribuir a la disponibilidad de energía para las células musculares.
Diversos estudios demostraron que su consumo, combinado con entrenamiento de fuerza, puede incrementar el rendimiento físico, favorecer el desarrollo muscular y mejorar la capacidad para realizar esfuerzos intensos. También se investiga su utilización en adultos mayores para ayudar a conservar la masa muscular y la autonomía funcional durante el envejecimiento.
Sin embargo, uno de los aspectos que más interés despierta actualmente es su posible influencia sobre el cerebro. La creatina también participa en el metabolismo energético de las neuronas, por lo que los investigadores comenzaron a evaluar si su suplementación puede mejorar determinadas capacidades cognitivas.
Un metaanálisis publicado en 2024 en la revista científica Frontiers in Nutrition, que reunió 16 ensayos clínicos con 492 participantes, encontró mejoras en indicadores relacionados con la memoria, la atención y la velocidad de procesamiento de información. No obstante, los investigadores no identificaron beneficios significativos sobre el funcionamiento cognitivo global.
Otros trabajos sugieren que sus efectos podrían resultar más evidentes en situaciones de estrés fisiológico, como la privación de sueño. De todos modos, todavía no existe evidencia suficiente para recomendar creatina de manera generalizada como potenciador de la inteligencia, la concentración o la memoria.
La presentación más estudiada es el monohidrato de creatina, utilizado habitualmente en cantidades de entre tres y cinco gramos diarios para objetivos deportivos. En adultos sanos presenta un perfil de seguridad favorable, aunque quienes tienen enfermedades renales deben consultar antes de consumirla.
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