Entre las décadas de 1930 y 1950, el racionalismo comenzó a ganar lugar en las calles platenses. Con fachadas despojadas, nuevos materiales y una estética basada en la funcionalidad, estas viviendas marcaron un quiebre con la arquitectura ornamental que había predominado desde la fundación de la ciudad.
Caminar por La Plata también puede ser un recorrido por la historia de la arquitectura. Entre las tradicionales casas de inspiración italiana, francesa o ecléctica que caracterizaron los primeros años de la ciudad, aparecen viviendas de aspecto sobrio, fachadas completamente lisas y una marcada presencia de líneas rectas. Son construcciones que comenzaron a multiplicarse desde la década de 1930 y que representan la llegada del racionalismo, una corriente que modificó la forma de proyectar y de construir.
A diferencia de los estilos anteriores, donde la decoración ocupaba un lugar central, la arquitectura racionalista proponía una idea completamente distinta: prescindir del ornamento y dejar que la composición, los materiales y las proporciones definieran la identidad del edificio. El resultado fueron viviendas de apariencia simple, aunque cuidadosamente diseñadas.
En una ciudad como La Plata, cuya trama urbana regular favoreció la construcción de casas entre medianeras, este lenguaje encontró un terreno propicio para desarrollarse. Muchas de esas obras permanecen hoy en pie y forman parte del paisaje cotidiano, aunque no siempre sean reconocidas como ejemplos de una etapa clave de la arquitectura moderna argentina.
Uno de los rasgos más visibles es el empleo de materiales que comenzaban a difundirse gracias al desarrollo industrial. El metal adquirió un protagonismo inédito. Portones de chapa, carpinterías de acero, persianas enrollables y rejas dejaron de ser simples elementos funcionales para convertirse en parte del diseño de las fachadas.
Las viviendas fotografiadas permiten observar con claridad esa transformación. Los accesos están resueltos mediante grandes portones metálicos de superficies lisas, mientras que las puertas de ingreso incorporan rejas realizadas con perfiles de acero que forman composiciones geométricas. El metal ya no aparece oculto detrás de molduras o revestimientos: se exhibe y dialoga con la arquitectura.
Las fachadas también reflejan otra manera de pensar el proyecto. En lugar de cornisas, capiteles o relieves, predominan amplios planos blancos, líneas horizontales y verticales bien definidas y una organización basada en la ubicación de las aberturas. Cada ventana parece responder a las necesidades del interior antes que a un criterio decorativo.
En una de las viviendas, además, sobresale un balcón de hormigón con esquinas redondeadas, un recurso muy característico del racionalismo de las décadas de 1930 y 1940. Esa presencia de curvas, combinada con superficies lisas y barandas metálicas, remite a la influencia de la arquitectura naval, una referencia frecuente en el Movimiento Moderno internacional.
La incorporación de estos recursos no implicó únicamente un cambio estético. También estuvo vinculada con nuevas técnicas constructivas y con una manera diferente de entender la vivienda. La funcionalidad pasó a ocupar el centro del proyecto: la distribución de los ambientes, el ingreso de luz natural, la ventilación y el aprovechamiento de los espacios comenzaron a tener mayor peso que la búsqueda de una fachada monumental.
En La Plata, esa transición quedó registrada en numerosas viviendas particulares que todavía sobreviven en distintos barrios del casco urbano. Muchas han sido modificadas con el paso del tiempo -se reemplazaron carpinterías, se agregaron rejas o se cerraron balcones-, pero aún conservan la esencia de una arquitectura que apostó por la síntesis formal y por el uso de materiales modernos.
Las imágenes muestran precisamente esa permanencia. A pesar del desgaste propio de los años, siguen siendo reconocibles las fachadas despojadas, las proporciones geométricas y el protagonismo del metal, un material que dejó de cumplir un rol exclusivamente práctico para convertirse en uno de los símbolos de una nueva manera de construir.
Hoy, estas viviendas constituyen mucho más que ejemplos de una moda arquitectónica. Son parte del patrimonio construido de La Plata y testimonio de un momento en el que la ciudad incorporó las ideas de la arquitectura moderna, adaptándolas a su trama urbana y a la escala de la vivienda familiar.
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