En el consultorio, muchas personas llegan con síntomas relacionados con la ansiedad. Pero antes de pensar en un problema, plantea el psicólogo Facundo Martínez Conte en diálogo con EL DIA, es necesario distinguir entre una respuesta esperable frente a determinadas situaciones y un malestar que empieza a desbordar.
Un examen, una entrevista laboral o un cambio importante pueden generar nervios o preocupación. Para Martínez Conte, esas sensaciones no necesariamente deben ser eliminadas: incluso pueden indicar que existe algo que importa. La dificultad aparece cuando la ansiedad invade, se vuelve difícil de manejar o cuando la persona ya no consigue identificar con claridad de dónde proviene.
Desde el psicoanálisis, el especialista propone pensar ese malestar en relación con las exigencias. Y no solamente con aquellas que llegan desde afuera. También están las que cada persona incorpora y termina imponiéndose a sí misma.
“Muchas veces sentimos que tenemos que estar a la altura de lo que otros esperan de nosotros”, plantea. A eso se suman determinados ideales sobre cómo deberíamos vivir, trabajar o desenvolvernos. La sensación puede ser que siempre hay algo más que hacer, algo que demostrar o alguna expectativa que alcanzar.
“Las exigencias no son siempre externas. También están las que cada persona se impone a sí misma
Facundo Martínez Conte,
psicólogo
En ese punto, la ansiedad puede quedar vinculada con una exigencia permanente. No se trata solamente de responder a las demandas de los demás, sino también de aquellas que uno mismo convierte en obligaciones.
LA PRESIÓN DE RESOLVER RÁPIDO
Martínez Conte también relaciona este escenario con el contexto actual. Según su mirada, vivimos en una época en la que muchas cosas parecen tener que suceder inmediatamente. Hay una presión por resolver, avanzar, producir y superar rápidamente aquello que genera malestar.
El problema, sostiene, es que esa lógica puede entrar en conflicto con los tiempos que necesitan determinados procesos personales. Para explicarlo, utiliza una comparación: es como pretender hacer un duelo en dos días. Hay experiencias que no pueden resolverse de manera inmediata porque necesitan ser elaboradas y procesadas.
La exigencia de acelerar esos tiempos puede hacer que una persona pierda de vista cuáles son sus propias necesidades. Y también puede instalar la sensación de que nunca alcanza con lo que hace: siempre podría estar haciendo un poco más. “Siempre parece faltar algo”, resume el psicólogo.
La cuestión, entonces, no pasa necesariamente por eliminar toda preocupación o buscar una vida sin malestar. Para Martínez Conte, una parte del trabajo terapéutico consiste justamente en poder detenerse frente a esas exigencias y formular algunas preguntas.
¿Qué me estoy exigiendo? ¿Por qué? ¿Qué lugar ocupa esa exigencia en mi vida?
También propone preguntarse qué puede estar señalando ese malestar. En lugar de pensar la ansiedad únicamente como algo que debe desaparecer, la mirada apunta a escuchar qué puede estar expresando y qué relación tiene con aquello que una persona espera de sí misma.
Así, entre las demandas externas y los ideales personales, aparece una tensión que puede terminar transformándose en sufrimiento. Reconocerla, ponerla en palabras y revisar el lugar que ocupa en la propia vida forman parte, según el psicólogo, de un proceso que también implica recuperar los tiempos propios.
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