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De avena, almendras o garbanzos: por qué cada vez más personas reemplazan la harina de trigo

Derivadas del coco, el arroz, la avena, las almendras o las legumbres, ganan espacio en recetas, góndolas y cafeterías. Explican por qué muchas personas buscan alternativas a las moliendas tradicionales y cuáles son las diferencias nutricionales

fotos: freepik

Durante años, la harina de trigo ocupó un lugar casi indiscutido en la cocina cotidiana argentina: pan, pastas, pizzas, tartas, galletitas y facturas forman parte de una cultura alimentaria profundamente ligada a este ingrediente. Sin embargo, en los últimos tiempos comenzaron a aparecer nuevas opciones que ganan espacio tanto en hogares como en restaurantes y cafeterías: harinas de avena, almendras, coco, arroz, garbanzos o legumbres.

Algunas personas las eligen por cuestiones médicas, otras por bienestar digestivo, tendencias alimentarias o simplemente por curiosidad gastronómica.

“En los últimos años hubo un crecimiento muy fuerte del interés por alternativas a las harinas refinadas tradicionales. Muchas personas buscan opciones con más fibra, proteínas o menor índice glucémico”, explica la licenciada en Nutrición platense Abril Ruiz (MP 5869).

La especialista aclara que las harinas tradicionales no deben pensarse como “enemigas”, aunque sí recomienda revisar la calidad y cantidad de productos ultraprocesados elaborados con harinas refinadas.

“El problema no es únicamente la harina de trigo, sino el exceso de productos industrializados de bajo valor nutricional. Las harinas integrales o las elaboradas a partir de legumbres pueden aportar más fibra, vitaminas y minerales”, señala.

Entre las más populares aparece la harina de avena, muy utilizada en desayunos y recetas saludables por su aporte de fibra y su capacidad de generar mayor saciedad. También crecieron las harinas de almendras y coco, frecuentes en preparaciones keto o bajas en carbohidratos.

“Las harinas de frutos secos suelen tener más grasas saludables y proteínas, mientras que las de legumbres aportan fibra y ayudan a mejorar el perfil nutricional de muchas preparaciones”, explica Ruiz.

Otra de las opciones que más creció es la harina de garbanzos, utilizada tanto en recetas dulces como saladas y muy presente en la cocina vegetariana y plant based.

“Hoy hay mucho más interés por experimentar con ingredientes distintos. La gente busca alternativas que le hagan sentir más bienestar digestivo o simplemente variar la alimentación”, agrega la nutricionista platense Mariana Torres, especializada en alimentación consciente.

Además de las tendencias vinculadas al bienestar, existe un grupo de personas que necesita reemplazar las harinas tradicionales por motivos de salud, como ocurre con quienes tienen celiaquía o sensibilidad al gluten.

Ese fue el caso de Paula Méndez, diseñadora gráfica de 39 años, quien comenzó a cambiar su alimentación después de varios problemas digestivos. “Empecé dejando algunas harinas por recomendación médica y terminé descubriendo otras opciones que me hacen sentir mucho mejor. Hoy uso muchísimo harina de arroz, avena sin TACC y premezclas”, cuenta.

Algo similar vivió Martín Ferreyra, de 46 años, quien incorporó harinas alternativas buscando mejorar su alimentación cotidiana. “No dejé completamente el trigo, pero empecé a probar panes de masa madre, harinas integrales y recetas con avena o almendras. Me siento más liviano y con más energía”, relata.

Los especialistas insisten en que no existe una única alimentación correcta para todos y que las restricciones extremas pueden generar problemas nutricionales si no están bien acompañadas.

“Eliminar grupos enteros de alimentos sin supervisión profesional no suele ser recomendable. Lo importante es lograr una alimentación variada, equilibrada y sostenible en el tiempo”, remarca Ruiz.

Mientras tanto, las góndolas siguen ampliando la oferta y cada vez son más los cafés, panaderías y restaurantes que incorporan opciones elaboradas con harinas alternativas.

Porque más allá de las modas, la alimentación actual parece avanzar hacia un mismo lugar: más información, más diversidad y una búsqueda creciente de bienestar cotidiano también a través de lo que ponemos en el plato.

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