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De la televisión a Tiktok: quién decide qué juguete quieren los chicos

Por Redacción

Si algo muestra la historia reciente de las jugueterías es que los juguetes pueden cambiar muchísimo sin que cambie tanto la esencia de jugar.

Hay productos que desaparecen durante algunos años y después vuelven. Otros incorporan tecnología, nuevos materiales o accesorios. Algunos se transforman en fenómenos de colección. Pero detrás de esas modificaciones permanecen categorías que llevan décadas acompañando a las infancias.

Las muñecas son un ejemplo. Las versiones actuales pueden venir acompañadas por vehículos, casas y todo tipo de accesorios. También existen alternativas de distintos precios. Pero la experiencia de fondo sigue siendo la misma: crear personajes, inventar historias y reproducir situaciones de la vida cotidiana.

Lo mismo ocurre con los muñecos de acción. Los personajes se actualizan, aparecen diseños inspirados en películas y series, y se incorporan características nuevas, como materiales que permiten estirarlos sin romperlos. Pero siguen siendo muñecos.

En los últimos tiempos también ganaron espacio los objetos pequeños y coleccionables. Miniaturas de comidas, pequeños accesorios, heladeritas y otros elementos diminutos forman parte de una tendencia que parece nueva, aunque en realidad recupera una idea conocida: jugar con objetos que reproducen, a pequeña escala, el mundo de los adultos.

Los llamados “squishy” o juguetes apretables sí representan una categoría más reciente. Pero incluso allí aparece una constante: el juguete ofrece una experiencia física y concreta que las pantallas no pueden reproducir del mismo modo. También hay lugar para productos vinculados con la tecnología. Los drones y los vehículos radiocontrolados aparecen entre las tendencias actuales. En este caso, la tecnología no reemplaza al juguete sino que se incorpora a él.

La diferencia con aquellos juguetes de hace 20 años puede ser enorme. Un vehículo radiocontrolado de entonces podía distinguirse, por ejemplo, por tener cable o no tenerlo. Hoy los drones permiten manejar objetos que vuelan y trasladan el juego a otra dimensión. Pero la idea de fondo sigue siendo la misma: controlar un objeto, experimentar, jugar.

También está cambiando la relación entre los juguetes y los espacios donde viven los chicos. Arcidiacono señala que durante un período tuvieron mucha presencia los artículos para jardín, como hamacas y calesitas. Después, con el crecimiento de los departamentos y la transformación de las viviendas, esos productos perdieron espacio.

Ahora observa una recuperación gradual asociada a los cambios urbanos de La Plata, donde vuelven a aparecer terrenos y construcciones de casas. El juguete, una vez más, responde a las transformaciones de la sociedad.

Por eso, más que hablar de juguetes que desaparecen, quizás haya que hablar de juguetes que esperan su momento. La pregunta, entonces, no es tanto cuál será el juguete que reemplazará a los actuales, sino qué forma tendrá el próximo regreso.

Para quienes vendían juguetes, la señal era bastante precisa. Los proveedores indicaban cuáles serían los productos promocionados en televisión y esos eran, en buena medida, los que había que tener disponibles. “Había 20 productos con publicidad en televisión”, recuerda Arcidiacono al describir aquel escenario.

Después llegó YouTube. Y con él, una primera ruptura. La publicidad dejó de depender exclusivamente de la programación de los canales infantiles y comenzó a aparecer integrada en videos, recomendaciones y contenidos que los chicos consumían directamente.

El siguiente salto fue todavía mayor: las redes sociales. Instagram, TikTok, YouTube y otras plataformas terminaron de romper las fronteras. Las tendencias ya no necesitan originarse en Argentina ni siquiera en América Latina. Pueden nacer en cualquier lugar del mundo y llegar casi inmediatamente a los chicos de La Plata.

“Esto es totalmente global”, explica el comerciante. El ejemplo cotidiano es sencillo: un chico ve un producto en un video producido en otro país, le gusta y después pregunta dónde puede conseguirlo. El juguete puede ser perfectamente desconocido para el mercado local, pero eso ya no impide que se convierta en un objeto deseado.

La transformación también modificó el vínculo entre fabricantes, comerciantes y consumidores. Antes, el productor podía decir que un determinado juguete iba a tener publicidad televisiva. Ahora puede anunciar que será promocionado por influencers o que aparecerá en distintas plataformas digitales. El canal de llegada cambió, pero la lógica de fondo permanece: aquello que consigue visibilidad se convierte en tendencia.

La diferencia es que hoy la velocidad es mucho mayor. Una moda puede aparecer, crecer y desaparecer en poco tiempo. Y la distancia entre lo que se ve y lo que efectivamente se puede comprar también puede ser grande.

Arcidiacono advierte que ese fenómeno se volvió especialmente visible en los últimos años: productos que los consumidores ven en Internet son buscados y, en algunos casos, llegan por canales que no garantizan los mismos controles. Así, el mismo fenómeno que hace que una tendencia llegue rápidamente a La Plata también puede volver más difícil controlar su circulación.

Pero quizás la transformación más interesante esté en otro lugar. Porque mientras Internet acelera la aparición de nuevos juguetes, también está provocando una reacción en sentido contrario. Los mismos padres que durante años recurrieron al teléfono como una herramienta rápida para entretener a sus hijos empiezan a preguntarse qué lugar quieren que ocupen las pantallas en la infancia.

Y esa pregunta está devolviendo al juguete al centro de la escena.

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