Un director de un establecimiento educativo de zona norte señala que los cambios en el régimen académico bonaerense, las consecuencias de la pandemia y el uso de los celulares modificaron las condiciones de trabajo dentro del aula. A su entender, la flexibilización de algunas reglas escolares y la pérdida de herramientas disciplinarias dificultan la construcción de límites, mientras que la tecnología suma problemas vinculados con la atención y la exposición de los docentes.
“Lo que empezamos a observar con el nuevo régimen fue confusión en los estudiantes y agotamiento laboral en los docentes. Se les exige más por el mismo sueldo”, sostiene. Entre los cambios que identifica menciona la ampliación del régimen de inasistencias, las materias por intensificación y las posibilidades de recursada. Según su mirada, estas modificaciones también pueden generar desorientación entre los alumnos que necesitan referencias más claras sobre sus obligaciones.
El director relaciona esa situación con las dificultades para establecer límites dentro de las escuelas. “El adulto cada vez siente que tiene menos herramientas como para poner un límite claro dentro del aula”, afirma. Y agrega que, cuando los estudiantes perciben que esos límites no aparecen, pueden avanzar sobre terrenos que antes encontraban más restringidos.
A ese escenario se suma el uso de los celulares. El problema, explica, no se reduce a las distracciones: también involucra la posibilidad de grabar situaciones, sacar fotografías y difundirlas en las redes sociales. Incluso advierte sobre episodios en los que un estudiante puede buscar provocar una reacción del docente para registrarla y exponerla públicamente.
Asimismo, frente a la inteligencia artificial, en cambio, propone evitar una respuesta basada exclusivamente en la prohibición. La decisión de retirar los celulares durante las clases también busca que los estudiantes produzcan sus propios trabajos en el aula, sin depender de respuestas generadas por estas herramientas. Sin embargo, considera que la tecnología puede tener una función pedagógica si se utiliza con criterio.
“Lo importante no es anularla, sino utilizarla como una herramienta más de trabajo”, sostiene. Para eso, advierte, también hace falta que los docentes reciban formación y puedan orientar a sus alumnos.
El desafío, concluye, consiste en recuperar la atención y construir propuestas que conecten los contenidos con la vida cotidiana. Pero esa tarea no puede recaer únicamente en cada profesor: “La escuela tiene que tener herramientas para poder marcar límites un poco más claros cuando sea necesario”.
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