En la antesala de la primavera, los zapatos se alivianan y el placard cambia de ritmo. Después de varias temporadas dominadas por las zapatillas chunky y las suelas XL, la tendencia que se instala es casi su opuesto: modelos chatos, livianos y de líneas finas que buscan estilizar el pie sin resignar comodidad.
Las zapatillas de perfil bajo son una de las grandes protagonistas. Inspiradas en modelos de danza, mocasines y zapatillas tipo derby o jazz, aparecen en gamuza, satén y tonos neutros como beige, arena y camel. Pero también hay lugar para el color: rojo intenso, animal print, bordó, verde y azul profundo. Los metalizados, en plata y dorado, aportan el toque más festivo.
Entre las sandalias, la temporada recupera una estética de los 2000: modelos que recuerdan a las ojotas, pero incorporan taco. Pueden ser finos, cuadrados o más voluminosos y funcionan tanto con jeans rectos como con pantalones amplios. En tonos neutros resultan fáciles de combinar; en versiones metalizadas se convierten directamente en el centro del look.
También vuelven los flecos, capaces de transformar un mocasín o una sandalia sencilla en una pieza con movimiento. Y el espíritu preppy gana terreno con mocasines renovados y diseños que mezclan códigos inesperados.
La fórmula de esta primavera parece clara: menos volumen, más liviandad. El calzado deja de competir por tamaño y apuesta por las texturas, los colores y los pequeños detalles para convertirse, otra vez, en protagonista.
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