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El embarazo y el nacimiento del segundo hijo de María Paula Parletta -oriunda de Berisso que hoy reside en Ensenada- a mediados de 1998 fue normal. A pesar de que ella dio a luz con 40 años, no hubo ningún indicio para preocuparse. Pero, a los diez meses, notó algo raro en sus mamas cuando le daba la leche a su hijo. Rápidamente se acercó al Hospital Cestino y dijo: “Tengo miedo”.
Claro, desde la institución sanitaria no entendían por qué: ella no exhibía ningún indicio para preocuparse. Tampoco sabían que su madre había tenido cáncer de mama a los 33 años y que los antecedentes le pisaban los talones. Se realizó una mamografía y la noticia, recuerda ella, “me desarmó por dentro”.
Hoy, tras ese primer embate de la enfermedad y un segundo después -y diferente- que ocurrió diez años después, María Paula expresa en diálogo con EL DIA: “Es difícil atravesar el momento en que te dicen tenés cáncer. Pero mi historia es para dar esperanza. Yo tuve de ejemplo a mi mamá, que tuvo cáncer a los 33 y murió recién a los 88 años, por otra afección. Mi relato es para personas que quizás están pasando por algo similar y perdieron esperanza. Al principio cuesta: la vida se pone de blanco y negro, deja de tener color. Pero, una vez digerida la noticia, entendí que tenía que luchar para vencer al cáncer”.
LA PRIMERA VEZ
Es martes, casi las 10 de la mañana. Parletta está sentada en la última mesa de un bar. La luz del día apenas llega al espacio recóndito pero no importa: una lamparita colgante ilumina su rostro. Ella -68 años, jubilada de maestra de grado-, con una sonrisa, dice que pudo escapar a su ajustada rutina de actividades: aquagym, pilates, buscar recetas, comprar medicamentos, estar con su familia.
Minutos después, con la sonrisa desdibujada pero con el mismo tono de voz pausado y firme, cuenta: “La primera vez que apareció el cáncer, mi primer hijo tenía 14 años y el segundo, apenas diez meses. Me asusté mucho cuando me dijeron. Me sentí muy desahuciada. Volví a mi casa, charlamos mucho y decidimos actuar lo más rápido posible”.
Así, Parletta y su familia se embarcaron en la disputa contra el cáncer de mama. Tras una larga serie de estudios, le continuaron las cirugías: primero la extirpación de una porción de la mama; luego la masectomía total y la quita de los ovarios.
“Yo tuve de ejemplo a mi mamá, por eso decidí quitar todo a modo de prevención. Ella fue diagnosticada a los 33 años, mucho más joven que yo, y vivió hasta las 86 años. Podemos decir, entonces, que no toda persona que tenga un diagnóstico de cáncer tenga que pensar en su muerte. Lo que tiene que hacer es ponerse fuerte, pensar en la lucha por sobrevivir”, expresa Parletta.
Luego de las intervenciones, Parletta realizó controles estrictos y se sometió a un tratamiento de rayos. Además, por cinco años, tomó pastillas diarias. No obstante, más allá de lo médico, destaca el acompañamiento de su familia, el apoyo de sus amigos, el sostén de su trabajo. “Yo tenía un nene de diez meses, fue difícil. Mis hermanos y mi marido me ayudaron mucho. Además, en el momento del tratamiento, te encontrás con otras personas que están pasando por lo mismo y pensás ‘no soy la única. Hay otros y a veces con casos más difíciles’”, recuerda Parletta. Ella, en aquel entonces, se decía -y hoy vuelve a repetir como un mensaje para un otro-: “Levantá la cabeza y dale para delante”.
LA SEGUNDA VEZ
Por un tiempo la normalidad volvió. Aunque continuaron los controles y las visita al oncólogo, Parletta regresó a su trabajo como maestra en un Colegio de Berisso -el de toda su vida- y se abocó a sus hijos, un adolescente y un niño. Sin embargo, en 2009, el cáncer volvió a atacar.
Parletta tuvo cáncer de mama en dos ocasiones. Su relato espera ser ejemplo para otras personas
“Fue en la otra mama pero otro tipo de cáncer. Este era un poco más peligroso por lo que me ofrecieron una quimioterapia preventiva. Obvio que me asusté, pero sabía que tenía lucha nuevamente”, reflexiona.
Vencer a la enfermedad, olvidarse, tener proyectos. Todo eso, otra vez, atravesado por el cáncer. ¿Cómo reponerse? ¿De dónde adquirir entereza?
“El cáncer es como un fantasma. Pero no hay que tenerle miedo. Es una enfermedad que exige paciencia. Hay que hacerse los controles, escuchar a los médicos e insisto, tener paciencia”, analiza la berissense.
Así, con la misma fórmula, volvió a vencer. El período de quimioterapia preventiva duró seis meses aunque luego continuó 1 año más de tratamiento. Mientras, sus hijos, seguían creciendo: “Uno recién había terminado la primaria pero yo estaba tranquila. Cuando mi mamá tuvo cáncer, yo tenía 14 años y la tuve que acompañar. Mi familia todo el tiempo me dio afecto”.
Desde aquella segunda vez a la actualidad, los controles siguen presentes. Para ella, “son vitales” en este período. Y aunque cada vez que los realiza, el miedo y el “fantasma” tocan a su puerta, ella está convencida que puede enfrentarlos.
LA FÓRMULA
Las personas alrededor y el ejemplo de su madre -poder superar y vivir con una enfermedad que durante una época pretérica fue sinónimo de muerte- fueron quizás los dos motivos que otorgaron fortaleza a Parletta.
“Saber que ella lo tuvo y escuchar cuando ella lloraba por las noches, me hicieron dar cuenta que tenía que ser valiente. Es más, por ahí sufrí más cuando la escuchaba a ella que cuando lo tuve yo”, confiesa.
Sin embargo, hay una serie de ingredientes que también colaboraron en el proceso: su trabajo, la religión y su propia personalidad.
“Durante toda la enfermedad, tanto con mi familia o con la gente que conocía, me manejé hablándolo, sin complejos. Fue y es también una forma de desahogo de lo que uno estaba pasando”, expresa Parletta y agrega: “Además de mi familia y amigos, ir a trabajar me distrajo mucho. Trabaje 45 años y, aunque me podía jubilar hace mucho, recién lo hice el año pasado. Es que siempre me sentí cómoda y acompañada”.
La compañía familiar, las amigas y la distracción del trabajo, algunas de las claves de superación
María Paula insiste que nunca se sintió sola. Aconseja abrirse, no tener vergüenza. Ante la premisa de que atrevesar una enfermedad como tal es difícil, ella retruca: “¿Quién no pasa cosas difíciles en la vida? Yo pasé por cáncer pero otros pasaron por múltiples cosas”.
Parletta nunca fue a terapia. Aunque recuerda que su oncóloga se lo aconsejó como variante y que quizás es vital para muchas personas, ella no lo creyó necesario. Asimismo, cuenta: “Me siento agradecida. Soy una persona de fe, creyente. Pero agradezco estar viva, de tener esta oportunidad”.
MENSAJE
María Paula Parletta se quita los anteojos, se limpia las lágrimas: no dejan que caigan a la mesa. Si vuelve a llorar, se las vuelve a secar. Tras un largo rato de enumerar anécdotas familiares, dice: “No sé que va a pasar en el futuro, pero veo importante hablar de todo esto por si a alguien le viene bien escucharme o leer. Mi misión es poder ayudar a otras personas”. Asimismo, añade: “No todos los días pero estoy lo suficiente con mis amigos. La vida es eso, saber compartir, tener buenos momentos”.
Hoy, María Paula celebra con sus hijos, con su marida -al que califica como un compañero increíble- y concluye: “Hay que ir al médico y hacerles caso. Lo cierto es que es normal que uno tenga bajones en la vida; momentos tristes y alegres. Pero hay que aprender a disfrutar. Hoy afirmo que soy una persona feliz”.
El cáncer de mama es el tumor maligno más frecuente en las mujeres. En Argentina se detectan entre 15.000 y 20.000 casos nuevos por año y se estima que 1 de cada 8 mujeres que llegue a los 80 años habrá desarrollado la enfermedad en algún momento de su vida.
Aunque no puede evitarse por completo, la detección temprana permite iniciar el tratamiento en etapas iniciales, con mejores resultados y terapias menos agresivas. Según la Sociedad Argentina de Mastología, en sus comienzos el cáncer de mama suele ser asintomático y por eso los controles son fundamentales.
¿Cuándo realizar una mamografía? La Sociedad Argentina de Mastología recomienda una mamografía anual desde los 40 años para las mujeres sin antecedentes familiares. Cuando existen antecedentes, se aconseja comenzar los controles 10 años antes de la edad en que se presentó el cáncer en el familiar.
Signos de alarma: la aparición de un nódulo o dureza en la mama es el síntoma más frecuente. También pueden presentarse retracciones o hundimientos de la piel o el pezón, enrojecimiento, descamación del pezón, secreción con sangre o un bulto en la axila. Ante cualquiera de estos signos se recomienda consultar al especialista.
Factores de riesgo: algunos no pueden modificarse, como la edad, el sexo y determinados antecedentes familiares. Entre los modificables se encuentran el sobrepeso, especialmente después de la menopausia, el consumo de alcohol y el tabaquismo.
El autoexamen: puede ayudar a conocer las mamas y detectar cambios, pero no reemplaza la mamografía: el control por imágenes permite identificar tumores antes de que sean palpables.
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