Hay mujeres que parecen haber nacido para el cine. No porque sus vidas hayan sido necesariamente extraordinarias en cada detalle, sino porque después de su muerte fueron convertidas en personajes: tuvieron una cara, una voz, una historia de amor, una tragedia y hasta una manera determinada de vestirse. La pantalla terminó fijando una imagen que, para muchas generaciones, reemplazó a la persona real.
El caso de Sisí es uno de los más conocidos. La trilogía protagonizada por Romy Schneider en los años 50 construyó otra versión. La joven emperatriz aparece como una muchacha encantadora que llega a la corte, se enamora y conquista al emperador. La historia real fue bastante más compleja. Investigaciones históricas posteriores remarcaron las diferencias entre aquella figura cinematográfica y una mujer marcada por los conflictos con la corte, las pérdidas familiares y su deseo de escapar de las obligaciones imperiales.
Algo parecido ocurrió con María Antonieta. En 2006, Sofia Coppola llevó su vida al cine con Kirsten Dunst como protagonista. La película no pretende ser una reconstrucción histórica convencional: está basada en la biografía de Antonia Fraser y utiliza una mirada deliberadamente estilizada sobre la joven reina, su aislamiento en Versalles y su vida en la corte. El resultado es una María Antonieta menos cercana al personaje caricaturesco de la historia escolar y más concentrada en la experiencia de una adolescente convertida en reina.
Con Diana ocurrió algo todavía más particular porque su imagen ya había sido construida por los medios antes de llegar al cine. En 2013, Naomi Watts la interpretó en una película que se concentra en los dos últimos años de su vida, especialmente en su relación con el cirujano Hasnat Khan. Es decir, incluso cuando la protagonista es una mujer que murió apenas 16 años antes del estreno, la ficción selecciona un período, organiza los acontecimientos y propone una interpretación.
También Grace Kelly pasó de Hollywood a la realeza y después volvió a convertirse en personaje. Grace of Monaco, estrenada en 2014 y protagonizada por Nicole Kidman, cuenta un episodio de su vida como princesa de Mónaco. Pero su propio director, Olivier Dahan, aclaró que no pretendía hacer una biografía histórica estricta, sino una película que mezclara hechos reales con una mirada personal.
La realeza ofrece nombres conocidos, palacios, vestidos, romances y tragedias. El cine toma esos elementos, los ordena y los convierte en relato. Y a veces ocurre algo curioso: con el paso del tiempo, recordamos más a la actriz que interpretó a la princesa que a la mujer que existió detrás del personaje.
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