Después de varias temporadas en las que los tonos neutros, las prendas básicas y la estética minimalista ocuparon buena parte de la escena, algo parece estar cambiando. Las calles de Londres, durante una nueva edición de su Semana de la Moda, muestran una tendencia hacia looks más llamativos, con colores intensos, volúmenes amplios y accesorios capaces de transformar un conjunto sencillo.
Londres vuelve a confirmar que la moda empieza a recuperar el juego y a dejar atrás la necesidad de que todo combine de manera discreta. Rojo, fucsia, azul, naranja y verde aparecen tanto en prendas como en accesorios. Pero llevar esta tendencia no significa necesariamente vestirse de pies a cabeza con colores fuertes. Una de las fórmulas que más se repite consiste en partir de una base neutra y sumar una pieza que concentre toda la atención.
Un conjunto negro puede cambiar con un trench fucsia; un jean y una remera blanca adquieren otro aspecto con zapatillas de colores; una cartera naranja puede convertirse en el centro de un look clásico. El color deja de ser un detalle secundario y empieza a ocupar un lugar central en la construcción del conjunto.
Otra de las señales de las calles londinenses está en el largo de los pantalones. Después de los jeans más cortos y de las bermudas, los capri recuperan protagonismo y aparecen en distintas versiones, desde modelos clásicos hasta alternativas más llamativas.
El regreso modifica también la importancia del calzado. Al dejar parte de la pierna al descubierto, zapatos, botas y stilettos quedan más expuestos y pasan a tener un papel fundamental en el conjunto.
Al mismo tiempo, el oversize mantiene su lugar. Camperas amplias, pantalones de sastrería holgados y prendas de grandes proporciones conviven con piezas más ajustadas.
El estampado animal tampoco desaparece. Cebra y otras variantes del animal print continúan apareciendo en prendas, zapatos y accesorios. La novedad no está tanto en la estampa como en la manera de incorporarla.
Una cartera, un par de zapatos o una sola prenda pueden ser suficientes para sumar el recurso sin convertir todo el conjunto en un estampado. Es una lógica que también se repite con los colores intensos: incorporar una pieza diferente antes que renovar por completo el guardarropa.
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