Para la profesional de la Ciudad, buena parte de la obsesión actual por el deporte tiene su origen en el impacto de las redes sociales. “Vemos personas que caminan diez mil pasos, toman tres litros de agua y entrenan todos los días. Pero no todo sirve para todos y tampoco todo lo que vemos refleja la realidad”, explica en diálogo con EL DIA.
Según la especialista, hoy se instaló la idea de que entrenar todos los días es sinónimo de disciplina. Si bien considera que sostener hábitos saludables es importante, advierte que el problema aparece cuando esa disciplina se transforma en rigidez y la persona deja de escuchar las señales del propio cuerpo.
En la práctica clínica observa con frecuencia lesiones que no obedecen solamente a una mala ejecución de los ejercicios sino a la incapacidad de respetar los tiempos de recuperación. “Muchas veces ignoramos el cansancio o el dolor como si reconocer nuestros límites fuera un fracaso”, señala.
Benvenaste, asimismo, aclara que el inconveniente no es la cantidad de entrenamiento, sino cuando toda la vida empieza a organizarse alrededor del ejercicio, la alimentación o la imagen corporal. En esos casos, explica, el deporte deja de ser una herramienta para cuidar la salud y puede convertirse en una fuente permanente de malestar.
Las consecuencias también alcanzan la vida social. Algunas personas dejan de compartir comidas, rechazan reuniones familiares o cancelan encuentros con amigos porque interfieren con su planificación deportiva. Esa pérdida de flexibilidad termina afectando el bienestar general.
Además, remarca que el descanso no es un premio ni una señal de debilidad, sino una parte indispensable del proceso de entrenamiento. El cuerpo necesita recuperarse para adaptarse a los estímulos y mejorar el rendimiento. Exigirlo constantemente, sin respetar esos tiempos, aumenta las probabilidades de sufrir lesiones y, paradójicamente, puede provocar un descenso en el rendimiento físico.
Su recomendación es abandonar las comparaciones. “El mejor deporte no es el que está de moda ni el que hacen todos. Es el que cada persona puede sostener en el tiempo, disfrutar y adaptar a su propia realidad”, concluye.
Sofía Benvenaste
Licenciada en Kinesiología
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