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Enfermedades que no duelen, pero desgastan

Hipertensión, colesterol alto y diabetes pueden avanzar durante años sin dar ningún síntoma mientras dañan las arterias y el cerebro. Qué controles son imprescindibles después de los 60 y por qué hacerse estudios de más no siempre es sinónimo de mejor medicina
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Por Redacción

“Controlar estas enfermedades de manera adecuada previene infartos y ayuda a conservar la función cerebral de cara al futuro”. La frase es habitual en los especialistas cuando se refieren a la evaluación necesaria de un trío de enfermedades que rara vez avisan: la hipertensión, el colesterol elevado y la diabetes.

Ninguna de las tres duele. Ninguna interrumpe una tarde de mate o una caminata hasta el almacén. Por eso mismo, explican desde la medicina geriátrica, suelen descubrirse tarde, cuando ya dejaron marcas en el organismo.

El daño que no se ve

La presión arterial elevada, el colesterol LDL alto y el azúcar en sangre por encima de lo normal comparten un mismo mecanismo de destrucción: deterioran, de a poco, las paredes de los vasos sanguíneos. Entre ellos, los que irrigan el corazón y también los que llegan al cerebro.

Ese deterioro silencioso está en la base de buena parte de los infartos, los accidentes cerebrovasculares y también del deterioro cognitivo que se asocia, muchas veces sin más explicación, a “la edad”.

Una revisión internacional calculó que alrededor del 45% de los casos de demencia podrían evitarse si se actúa a tiempo sobre catorce factores de riesgo modificables. La hipertensión, la diabetes y el colesterol elevado figuran entre los más determinantes, junto con la pérdida de audición o visión no tratada y el aislamiento social.

Estudios recientes sobre personas mayores que ya controlaban su presión, su colesterol o su diabetes con medicación mostraron algo alentador: el deterioro cognitivo, cuando aparece, avanza más despacio que en quienes conviven con esas enfermedades sin tratamiento.

Controlarla de manera adecuada previene infartos y ayuda a conservar la función cerebral de cara al futuro, es la recomendación más habitual de los especialistas.

LOS CONTROLES QUE CORRESPONDEN A CADA ETAPA

Los profesionales sugirieren mantener los controles adecuados para cada etapa de la vida, con el calendario de vacunación como uno de los pilares. Después de los 65 años, ese calendario nacional incluye una dosis anual contra la gripe, una dosis única de la vacuna antineumocócica conjugada y el refuerzo de la doble bacteriana cada diez años, todas gratuitas en hospitales y centros de salud públicos.

A eso se suman los chequeos periódicos de presión arterial, perfil lipídico y glucemia, que permiten detectar cualquiera de las tres condiciones antes de que produzcan un daño irreversible. Las guías más recientes sobre hipertensión en personas mayores recomiendan, en general, acercar la presión sistólica a valores de entre 120 y 130 mmHg cuando el paciente lo tolera bien, porque ese margen se asocia a menor riesgo de deterioro cognitivo.

MENOS TAMBIÉN PUEDE SER MÁS

Aunque remarcó la importancia de esos controles, se advierte que hacer estudios de más no siempre equivale a mejor medicina.

La frase resume un debate que crece en la medicina geriátrica: el de los estudios, análisis o tratamientos que se indican por rutina, sin que exista una razón clínica concreta detrás. Ese exceso no es un detalle menor. Puede derivar en diagnósticos que no cambian el curso de una enfermedad, en tratamientos innecesarios o en la angustia de esperar un resultado que, en la mayoría de los casos, no iba a alterar ninguna decisión médica.

La alternativa que proponen distintas sociedades científicas es la de las decisiones compartidas entre el paciente y su médico: elegir juntos qué estudio tiene sentido pedir, en qué momento, y con qué objetivo. No se trata de dejar de controlarse, sino de que cada control tenga un motivo claro.

Esa combinación -controlar lo que realmente importa, en el momento oportuno, sin caer en el exceso- es, según los profesionales, la que mejor protege el corazón y la cabeza con el paso de los años.

Ni el descuido ni la sobreactuación: la medida justa, sostenida en el tiempo, suele ser la que más se parece al cuidado.

Los profesionales sugirieren mantener las evaluaciones adecuadas para cada etapa de la vida, con el calendario de vacunación como uno de los pilares

El control de manera adecuada previene infartos y ayuda a conservar la función cerebral de cara al futuro

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