TEMAS DE HOY:
PUBLICIDAD

Envejecer con amigos: los vínculos que pueden cambiar la forma de vivir la longevidad

Compartir la vejez con amigos, organizar una convivencia o construir redes de cuidado por fuera de la familia son alternativas que ganan lugar ante el aumento de la expectativa de vida. Especialistas analizan las diferencias de género, los mandatos culturales y la posibilidad de elegir con quién compartir los años que vienen

Se construye una relación horizontal, en el que la confianza, la discreción y la posibilidad de hablar sin sentirse juzgado ocupan un lugar central
Según la especialista, la posibilidad de construir proyectos de envejecimiento compartido es más habitual entre mujeres
La necesidad de pensar cómo se vivirá durante las próximas décadas puede impulsar nuevas decisiones
Ana Moreira Uribe, Licenciada en Psicología y especialista en Gerontología

Por Redacción

¿Con quién queremos envejecer? Durante mucho tiempo, la respuesta pareció estar definida de antemano: con la pareja, los hijos o, llegado el momento, con la ayuda de otros familiares. Pero la prolongación de la vida, los cambios en las relaciones personales y las dificultades económicas abren otras posibilidades. Entre ellas, una que empieza a ganar espacio: envejecer con amigos.

No necesariamente se trata de mudarse juntos o de reemplazar a la familia. A veces, la amistad se expresa en gestos cotidianos: acompañar a alguien al médico, compartir gastos, estar disponible ante una enfermedad o saber que hay una persona que espera un mensaje para confirmar que llegamos bien a casa. En otras ocasiones, el vínculo se convierte en un proyecto de convivencia.

Para Ana Moreira Uribe, psicóloga y especialista en Gerontología que trabaja con adultos mayores en La Plata, estas experiencias permiten revisar algunas ideas arraigadas sobre la vejez. “No hay una sola forma de envejecer”, sostiene. Y, dentro de esa diversidad, aparece la posibilidad de construir relaciones significativas con personas que no pertenecen a la familia ni forman parte de una pareja.

La amistad tiene características que pueden volverla especialmente valiosa durante esta etapa. A diferencia de otros vínculos, explica, ofrece un espacio relativamente horizontal, en el que la confianza, la discreción y la posibilidad de hablar sin sentirse juzgado ocupan un lugar central.

Una red que también cuida

La importancia de la amistad puede hacerse más visible ante una separación, una enfermedad, la jubilación o la muerte de la pareja. En esos momentos, los amigos pueden convertirse en una red de sostén afectivo y práctico.

Moreira Uribe recuerda el caso de un grupo de mujeres mayores con el que trabajó. Como sus hijos no querían que salieran en auto por temor a que sufrieran un accidente o un robo, ellas encontraron una forma de organizarse: establecieron un sistema para avisarse cuando salían y confirmar que habían llegado a destino, incluso si no habían viajado juntas. La dinámica era sencilla, pero significativa. Cada una sabía que había alguien pendiente de su regreso. “Y a mí me parece que la amistad tiene que ver con eso”, señala la especialista.

Ese acompañamiento puede adoptar muchas formas: una amiga que acompaña a una consulta médica, otra que presta dinero ante una dificultad o alguien que escucha un problema que no se quiere compartir con la pareja o los hijos. La red no necesita funcionar como una institución para tener un papel importante en la vida cotidiana. “Me parece que está fundado en el cuidado”, resume Moreira Uribe. Pero también se trata de confianza y reciprocidad: saber qué se puede hacer por otra persona y qué se puede esperar de ella.

Envejecer con amigos no equivale a trasladar todas las responsabilidades a un grupo de pares. Significa reconocer que el bienestar puede sostenerse en una trama de relaciones diversas y que la familia no es necesariamente la única fuente de acompañamiento.

Mujeres que imaginan otra vejez

La posibilidad de construir proyectos de envejecimiento compartido tiene, para Moreira Uribe, una dimensión de género. En su experiencia, la idea de vivir con amigas o de organizarse con otras mujeres parece más fácil de imaginar que una convivencia equivalente entre varones mayores.

Una de las razones es demográfica: como los varones tienen una menor expectativa de vida, es más frecuente encontrar mujeres que enviudaron y deben reorganizar su vida cotidiana. Pero también intervienen la educación y las costumbres.

Mientras muchas mujeres construyen relaciones de confianza en las que pueden compartir sus problemas personales, los varones suelen organizar sus amistades alrededor del trabajo, el deporte o una actividad común. “Los varones hoy longevos tienen vínculos de amistad en el trabajo, tienen vínculos de amistad para hacer algo, un deporte, un hobby”, explica la especialista. Sin embargo, a muchos les cuesta hablar con otros hombres de lo que les pasa emocionalmente.

La dificultad puede hacerse más evidente después de la jubilación. Cuando desaparece el trabajo como espacio cotidiano de encuentro, o dejan de practicar las actividades que reunían al grupo, algunos hombres pierden oportunidades para sostener sus relaciones sociales y construir otras nuevas.

“Cuando se jubilaron, si no son del trabajo y ya no juegan más al fútbol, ¿cómo encuentro cómo hacer amigos?”, se pregunta Moreira Uribe.

Las mujeres, en cambio, parecen contar con una tradición más visible de acompañamiento mutuo, aunque eso no significa que todas tengan las mismas posibilidades de sostener proyectos compartidos. La autonomía económica, el acceso a una vivienda y los ingresos de la jubilación condicionan qué alternativas pueden concretarse.

Vivir juntas, compartir gastos, elegir

En La Plata, Moreira Uribe considera posible que algunas mujeres mayores encuentren en la convivencia con amigas una alternativa para los próximos años. No necesariamente porque carezcan de familia o estén solas, sino porque desean organizar su vida de otra manera.

La propuesta puede surgir entre mujeres que enviudaron, se separaron o llevan años viviendo solas. Algunas podrían compartir gastos para sostener su independencia; otras imaginan mudarse juntas o, más adelante, ingresar a una residencia para adultos mayores.

La situación económica impone límites. La especialista advierte que estas alternativas pueden resultar más accesibles para sectores medios con ingresos jubilatorios suficientes para afrontar los gastos cotidianos. Para quienes cobran haberes mínimos o no cuentan con una vivienda, compartir un proyecto no resuelve por sí mismo las dificultades materiales.

Aun así, considera que la necesidad de pensar cómo se vivirá durante las próximas décadas puede impulsar nuevas decisiones. “Yo creo que es una tendencia”, sostiene.

La lógica también puede extenderse a quienes tienen familias presentes y afectuosas. Tener hijos y nietos no impide desear una red propia. Como observa la especialista, hay personas que reciben visitas familiares y comparten actividades, pero sienten que sus vidas transcurren en planos distintos.

La amistad entre personas de la misma generación puede ofrecer otro espacio: hay experiencias, códigos y maneras de entender el paso del tiempo que no requieren tantas explicaciones. Esto no reemplaza los vínculos intergeneracionales, que Moreira Uribe considera necesarios, sino que suma otra forma de pertenencia.

Cuando la amistad plantea una pregunta legal

La discusión sobre cómo envejecer con otros también empieza a aparecer en el terreno de los derechos. En septiembre de 2026, la diputada francesa Clémence Guetté presentó un proyecto de ley para reconocer derechos vinculados con la amistad, los afectos y la ayuda mutua. La iniciativa propone crear una figura que permita formalizar determinados compromisos entre personas que no son pareja, con posibles efectos sobre herencias, licencias laborales y cuidados. Todavía debe atravesar el tratamiento parlamentario.

Cataluña cuenta con una figura jurídica que permite formalizar relaciones convivenciales de ayuda mutua entre personas adultas. En Argentina, en cambio, las uniones convivenciales están concebidas para parejas. Dos amigos que deciden vivir juntos no acceden automáticamente a ese régimen, aunque existen herramientas legales para organizar cuestiones patrimoniales específicas.

La diferencia puede volverse concreta ante una internación, una herencia o la necesidad de tomar decisiones durante una enfermedad. Quien acompaña y sostiene cotidianamente a otra persona puede no tener el mismo reconocimiento formal que un familiar.

Para Moreira Uribe, pensar estas alternativas exige revisar también cómo se conciben las responsabilidades. Reconocer jurídicamente a los amigos puede ser valioso, pero no debería significar trasladarles obligaciones de manera automática ni reproducir, bajo otra forma, el modelo tradicional de familia.

La longevidad obliga a preguntarse cómo se sostendrán los proyectos personales durante más años. En ese escenario, la amistad puede ocupar un lugar central: no porque resuelva todos los problemas que trae el paso del tiempo, sino porque permite pensar el cuidado desde la confianza y la reciprocidad.

La pregunta, entonces, deja de ser solamente quién se hará cargo de nosotros cuando envejezcamos. También importa con quién queremos compartir esa etapa, qué vínculos estamos construyendo hoy y qué condiciones necesitamos para sostenerlos mañana. La respuesta puede incluir a la familia, a los amigos o a ambos. Lo que empieza a cambiar es la idea de que existe una única forma de envejecer acompañado.

"Es una tendencia que crece. Las relaciones intergeneracionales son necesarias, pero también hay una cosa de estar con pares, con personas del mismo momento donde no hay que estar todo el tiempo explicando sentidos y términos. A a mí me parece que eso tiene un gran valor".

Ana Moreira Uribe, Licenciada en Psicología y especialista en Gerontología

Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE a esta promo especial
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Registrate gratis para seguir leyendo

Ya leíste varias notas de El Día. Creá tu cuenta gratuita y seguí accediendo al contenido del diario.

¿Ya tenés cuenta? Ingresar

Has alcanzado el límite de notas gratuitas

Suscribite a uno de nuestros planes digitales y seguí disfrutando todo el contenido de El Día sin restricciones.

Básico Promocional mensual

$570/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Suscribirme

Full Promocional mensual

$740/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Acceso a la versión PDF

Beneficios Club El Día

Suscribirme

ESTA NOTA ES EXCLUSIVA PARA SUSCRIPTORES

Para disfrutar este artículo, análisis y más, por favor, suscríbase a uno de nuestros planes digitales

¿Ya tiene suscripción? Ingresar

Básico Promocional mensual

$570/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Suscribirme

Full Promocional mensual

$740/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Acceso a la versión PDF

Beneficios Club El Día

Suscribirme
PUBLICIDAD