TEMAS DE HOY:
PUBLICIDAD

Estrellas quemadas: hartas, las celebridades se fugan de la fama

Ariana Grande anunció que se aleja de la vida pública y volvió a poner sobre la mesa un mal de época: el burn out, ese agotamiento extremo al que no le importa si sos famoso
Lady Gaga
Ariana Grande, anunció que se aleja de la vida pública
Millie Bobby Brown
Justin Bieber
Selena Gomez

Por Redacción

“No tengo ganas de seguir, pero tampoco tengo ganas de parar. Tendría que pensar qué me esta pasando pero es que estoy cansado de pensar”, cantaba Pity, también compositor de aquel himno del agotamiento, “Fuego”, donde cantaba que sentía “cómo el fuego me quema por dentro”. Bueno, lo mismo debe estar sintiendo Ariana Grande, que esta semana anunció que se aleja de la vida pública. Cuando el 1° de septiembre baje el telón de su gira “Eternal Sunshine” en Londres, la estrella pop de 33 años desaparecerá del radar. Sin apariciones, sin eventos, sin nada. Incluso se bajó de la reposición de “Sunday in the Park with George”, el musical de Sondheim que iba a protagonizar junto a Jonathan Bailey, su compañero de “Wicked”.

El comunicado de su vocero fue una radiografía del problema: la artista se tomará “un descanso muy merecido” del trabajo y las apariciones públicas, que derivaron —dijo— en un escrutinio “interminable y constante”. La gota que rebalsó el vaso fue la catarata de comentarios sobre su apariencia física tras el lanzamiento del video de “Petal”, su último single. Grande viene pidiendo hace años que dejen de opinar sobre su cuerpo. Como nadie le hizo caso, optó por la solución más antigua del mundo: irse.

No es un capricho de diva. Es, apenas, el último capítulo de una saga que atraviesa a la industria del espectáculo desde siempre y que hoy tiene nombre técnico, diagnóstico oficial y hasta reconocimiento de la Organización Mundial de la Salud: el burn out.

Quemarse, oficio de época

El término lo acuñó el psicólogo Herbert Freudenberger en 1974, pero recién en 2022 la OMS lo oficializó como enfermedad, clasificándolo como un síndrome de desgaste emocional asociado al estrés crónico del trabajo. Traducido del inglés, burn out significa exactamente eso: estar quemado. Fundido. Sin nafta.

Los síntomas van más allá del cansancio: agotamiento físico y emocional, insomnio, una actitud cínica o distante frente al trabajo, la sensación de que nada de lo que uno hace alcanza. Los especialistas lo distinguen del estrés común con una imagen precisa: el estrés es ahogarse en responsabilidades; el burn out es quedarse completamente seco.

Los famosos son candidatos ideales. Agendas imposibles, giras que cruzan husos horarios como quien cruza la calle, la obligación de estar siempre disponibles, siempre lindos, siempre simpáticos. Y encima, el escrutinio: millones de desconocidos opinando en tiempo real sobre su cara, su peso, su ropa y sus decisiones de vida. Un trabajo de tiempo completo donde el producto es uno mismo.

Pero cuidado con mirar el fenómeno desde afuera con aire de superioridad. En la era de las redes sociales, todos vivimos una versión en miniatura de la vida de celebridad: exposición permanente, la presión de mostrar una vida envidiable, la notificación que no se apaga nunca. El teléfono nos convirtió a todos en figuras públicas de nosotros mismos, con la desventaja de que no cobramos cachet. El trabajo, además, viaja en el bolsillo: el mail llega a la cena, el grupo de WhatsApp laboral vibra un domingo a la mañana y “desconectar” se volvió una palabra que usamos mucho y practicamos poco. Así, el burn out dejó de ser una rareza de estrellas para transformarse en una epidemia silenciosa de oficinistas, docentes, médicos y cualquiera que sienta que el cerebro le pide vacaciones que nunca llegan. La diferencia es que cuando se quema una celebridad, la noticia da la vuelta al mundo; cuando nos quemamos nosotros, con suerte nos dan el viernes.

Repasemos, entonces, a los ilustres antecesores de Ariana en el club de los quemados.

Lady Gaga: el precio de la carne

La cantante fue una de las primeras estrellas de su generación en ponerle nombre al desgaste. Ya en 2010, en pleno furor de “Bad Romance” y el vestido de carne, tuvo que cancelar varios shows por agotamiento y deshidratación: el cuerpo le pasó la factura antes que los contadores. Años después, en el documental “Gaga: Five Foot Two”, se mostró sin filtro: dolores crónicos, ansiedad, y el retrato descarnado de una maquinaria que exige funcionar aunque la protagonista esté rota. Gaga aprendió a frenar a tiempo y hoy administra su energía como administra sus looks: con cálculo milimétrico.

Sandra Bullock: la mujer que dijo basta

En 2022, en la cima de su carrera y con un Oscar en el estante, Sandra Bullock anunció que se tomaba un descanso indefinido de la actuación. Su explicación fue de una honestidad brutal: dijo estar tan quemada y tan cansada que ya no era capaz de tomar decisiones saludables e inteligentes. “No quiero estar en deuda con el horario de nadie más que el mío”, declaró la actriz, que decidió dedicarse a sus hijos y a la revolucionaria actividad de no hacer nada. Cuatro años después, sus regresos a la pantalla siguen siendo esporádicos y cuidadosamente dosificados. La lección Bullock: a veces, la decisión más inteligente de una carrera es frenarla.

Lorde: un viaje al fin del mundo

El caso de la neozelandesa es el más poético de la lista. Famosa a los 16 años con “Royals”, Lorde se comió de golpe todo el menú de la industria: giras mundiales, premios, expectativas desmedidas. Resultado: agotamiento total antes de cumplir 25. Su respuesta fue radical y encantadora: borró sus redes sociales, volvió a Nueva Zelanda y se tomó un viaje a la Antártida. Literalmente se fue al fin del mundo para escapar del ruido. Recién después de mirar pingüinos y glaciares volvió al estudio. Habrá quien lo llame excentricidad; nosotros preferimos llamarlo el plan de recuperación más lógico jamás diseñado.

Shawn Mendes: “la mejor decisión de mi vida”

En julio de 2022, el canadiense hizo algo impensado para un ídolo pop en ascenso: canceló de un plumazo más de 70 conciertos de su gira mundial “Wonder”, tras haber tocado apenas siete shows. “No estaba preparado para lo difícil que sería volver a la ruta”, admitió entonces, y se bajó del escenario para atender su ansiedad y su depresión. Años después, lejos de arrepentirse, redobló la apuesta: dijo que cancelar esa gira fue la decisión más difícil y a la vez la más grande de su vida, porque le devolvió, ni más ni menos, una vida. En una industria donde “el show debe continuar” es mandamiento, Mendes demostró que a veces el show debe parar.

Kanye West: una semana en el hospital

El caso más dramático de la lista. En noviembre de 2016, en plena gira “Saint Pablo”, Kanye West canceló de golpe todos los shows que le quedaban. Sus actuaciones venían haciendo ruido: discursos erráticos, conciertos interrumpidos, señales de que algo no andaba bien. La confirmación llegó enseguida: el rapero fue hospitalizado por lo que se describió como una psicosis temporal producto de la privación de sueño y la deshidratación, y pasó una semana internado recuperándose. El hombre que se creía capaz de todo descubrió que había un límite, y que el límite era biológico: sin dormir, ni los genios autoproclamados funcionan.

Millie Bobby Brown: quemada antes de los 14

Si el burn out de un adulto es preocupante, el de una nena es directamente una alarma. En 2017, con apenas 13 años, la protagonista de “Stranger Things” tuvo que cancelar su aparición en una convención de fans en Florida por el agotamiento que le generaba su agenda de promoción. Tenía la edad de un estudiante de primer año de secundaria y el calendario laboral de un CEO. Su caso abrió un debate incómodo sobre los niños estrella y una industria que consume juventudes con la voracidad de un Demogorgon.

Selena Gomez: pausa y reinvención

La ex chica Disney conoce el pozo de cerca. Los horarios demenciales de las giras, combinados con ansiedad y depresión, la llevaron a frenar su carrera musical en más de una ocasión para hacer tratamiento y priorizar su salud mental. Lejos de esconderlo, lo convirtió en bandera: habló del tema abiertamente, produjo contenido sobre bienestar emocional e inspiró a una generación de fans a pedir ayuda sin vergüenza. Hoy, entre series, cosméticos y música dosificada, Gomez es el ejemplo de que se puede volver del burn out, pero con otro manual de instrucciones.

Justin Bieber: el ídolo que se bajó dos veces

Otro egresado con honores de la fábrica de estrellas infantiles. En julio de 2017, Bieber canceló las últimas fechas de su gira mundial “Purpose” cuando le quedaba poco para terminarla; primero habló de “circunstancias imprevistas” y después admitió lo obvio: estaba fundido, agotado tras años de girar sin pausa desde la adolescencia, y necesitaba reconstruirse como persona antes que como producto. La historia se repitió en 2022, cuando suspendió su gira “Justice” tras sufrir el síndrome de Ramsay Hunt, que le paralizó medio rostro, y decidió priorizar su salud de una vez por todas. Desde entonces, sus apariciones se cuentan con los dedos de una mano. Bieber, como Ariana, aprendió que a veces el mejor escenario es ninguno.

Mariah Carey: el colapso de una diva

Un clásico del género. En julio de 2001, en plena promoción de “Glitter” —la película y el disco que debían coronarla—, Mariah Carey protagonizó una serie de apariciones erráticas, publicó mensajes preocupantes en su web y terminó hospitalizada por lo que su entorno describió como “agotamiento extremo”: un colapso físico y emocional en toda regla. La diva de los cinco octavas estuvo semanas fuera de circulación mientras la prensa hacía su agosto. Años después completó el cuadro al revelar que convivía con un trastorno bipolar que había mantenido en secreto por miedo al estigma. Su caso fue pionero en algo hoy más habitual: entender que detrás del “agotamiento” de los comunicados suele haber bastante más que sueño atrasado.

Apagar la luz para no quemarse

La lista sigue: Britney Spears sabe lo que es quedar quemado; Beyoncé contó que tuvo que aprender a decir que no; Ryan Tedder, el líder de OneRepublic, frenó la promoción de un disco al borde de un colapso nervioso; Ellie Goulding, Rita Ora y hasta Kendall Jenner terminaron en el hospital por agotamiento.

Lo de Ariana Grande, entonces, no es una excentricidad sino la continuación de una tendencia: las estrellas descubrieron que el silencio también es una respuesta, y que desaparecer un rato puede ser la única manera de durar. Claro, los famosos pueden darse el lujo de parar: para el resto de los mortales, aunque no tengamos compromisos millonarios, descansar muchas veces no es una opción, y frenar, un lujo cada vez más difícil de costear.

Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE a esta promo especial
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Registrate gratis para seguir leyendo

Ya leíste varias notas de El Día. Creá tu cuenta gratuita y seguí accediendo al contenido del diario.

¿Ya tenés cuenta? Ingresar

Has alcanzado el límite de notas gratuitas

Suscribite a uno de nuestros planes digitales y seguí disfrutando todo el contenido de El Día sin restricciones.

Básico Promocional mensual

$570/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Suscribirme

Full Promocional mensual

$740/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Acceso a la versión PDF

Beneficios Club El Día

Suscribirme

ESTA NOTA ES EXCLUSIVA PARA SUSCRIPTORES

Para disfrutar este artículo, análisis y más, por favor, suscríbase a uno de nuestros planes digitales

¿Ya tiene suscripción? Ingresar

Básico Promocional mensual

$570/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Suscribirme

Full Promocional mensual

$740/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Acceso a la versión PDF

Beneficios Club El Día

Suscribirme
PUBLICIDAD