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Hijo de la realeza, sobreviviente de la guerra y enamorado del campo argentino La historia del fotógrafo André Baranoff

Nació en París en 1936, es descendiente de la nobleza rusa, atravesó los años más duros de la Segunda Guerra Mundial y encontró en Entre Ríos un hogar definitivo. A los 90 años sigue recorriendo el país con su cámara y llegará a La Plata para inaugurar la muestra fotográfica homenaje al gaucho y a la vida rural

André Baranoff
gentileza andré
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Por Redacción

Cuando André Baranoff habla del campo argentino, no lo hace como un observador distante. Lo hace con la emoción de quien encontró allí un lugar donde echar raíces. A los 90 años, el fotógrafo francés que nació entre títulos nobiliarios europeos y vivió la devastación de la Segunda Guerra Mundial asegura sentirse “más criollo que muchos” y continúa viajando para exhibir una obra que retrata la esencia del hombre de campo.

El próximo 24 de agosto llegará a La Plata para presentar A campo abierto, una muestra que reúne 33 fotografías dedicadas al universo gauchesco y que ya recorrió distintos puntos de Argentina, Europa, Estados Unidos e incluso Moscú. Será una nueva escala de una historia tan singular como sus imágenes.

Baranoff nació en París en 1936. Su madre era la princesa rusa María Obolensky y su padre, el conde Cirilo Baranoff. Su abuelo había sido militar del zar Nicolás II. Su infancia quedó atravesada por la guerra y los recuerdos de aquella Europa en conflicto permanecen intactos.

“Pasé la guerra de Europa. Hoy me duele todo lo que está pasando fuera de este país. Ojalá que acá nunca llegue esta atrocidad”, dice -en diálogo con EL DIA- con la serenidad de quien conoció de cerca las consecuencias de la violencia.

En Francia comenzó a vincularse con la fotografía. Durante sus estudios secundarios, además de las materias tradicionales, recibía formación técnica en electricidad, carpintería, mecánica y otras especialidades. Fue allí donde aprendió los fundamentos del laboratorio fotográfico y el revelado, conocimientos que décadas después terminarían marcando su destino.

Sin embargo, su vida cambiaría definitivamente al cruzar el Atlántico.

Radicado en Argentina tras la posguerra, encontró en Entre Ríos mucho más que un lugar para vivir. Se casó con una mujer de General Galarza y fue ella quien lo acercó al mundo rural. “Me llevó al campo. Me casé, tuve hijos y ahí conocí esa experiencia. Me gustó la fotografía de campo”, recuerda.

Primero trabajó en Concepción del Uruguay y luego unos amigos le ofrecieron instalarse en Gualeguay. Le regalaron seis meses de alquiler de un local y decidió probar suerte. Nunca más se fue. “Me gustó porque tenía el campo cerca. Siempre fui entusiasmado de la comida, de los asados, de los chorizos criollos. Me gustó la vida entre paisanos”, relata.

Ese vínculo cotidiano terminó convirtiéndose en el eje de toda su producción artística. Sus fotografías muestran domas, arreos, vacunaciones, caballos, trabajos rurales y escenas que buscan rescatar una forma de vida muchas veces invisible para las ciudades.

Pero ninguna imagen surge por azar. “Uno ve los temas, pero muchas veces tardo mucho tiempo para lograr una foto que me sirve. A veces es un minuto y otras uno se instala durante horas para ver cómo vacunan, cómo doman o cómo vuelve el paisano al campo”, explica el fotógrafo.

Sus fotos muestran domas, arreos, vacunaciones, caballos, trabajos rurales y escenas que buscan rescatar una forma de vida muchas veces invisible para las ciudades

La paciencia forma parte de su método. Esperar la luz justa, el gesto preciso o el movimiento indicado es, para él, tan importante como apretar el disparador. Asimismo, cada fotografía está acompañada por textos del escritor e historiador entrerriano Roberto Alonso Romani, quien aporta una lectura literaria del mundo criollo. Esos textos también fueron traducidos al francés, una manera de tender un puente entre las dos culturas que marcaron la vida del fotógrafo.

Para Baranoff, esa unión tiene un profundo valor simbólico. Considera que la exposición también es una forma de agradecer la hospitalidad que encontró en Argentina. “Francia agradece a la Argentina por recibir a tantos franceses. Yo soy un francés que vive acá y trato de mostrar la hermosura que tiene este país”, analiza.

Nació en París en 1936. Su madre era la princesa rusa María Obolensky y su padre, el conde Cirilo Baranoff

Aunque hoy sus obras viajan por distintos continentes, sigue viviendo en Gualeguay, donde fue distinguido como embajador de la fotografía por la Dirección de Cultura local. Allí continúa trabajando con la misma pasión de siempre. “Tengo 90 años, pero todavía sigo con la fotografía”, sentencia.

La llegada de A campo abierto a La Plata nació, además, de un vínculo personal. Tras una exposición en Gualeguay, el consejero de la Embajada de Francia conoció su trabajo y comenzó a gestarse la posibilidad de llevarlo a la capital bonaerense. Finalmente, la Alianza Francesa será el escenario donde un aristócrata europeo convertido en criollo compartirá una historia contada con imágenes.

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