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Antes de escribir sobre filosofía, Stefano Gualeni diseñó juegos. Esa secuencia no es un dato anecdótico: es la base desde la que construye “El videojuego del mundo”, el ensayo que Adriana Hidalgo acaba de publicar bajo su sello Interferencias, dedicado al pensamiento político y filosófico contemporáneo. Gualeni —nacido en Lovere en 1978, formado en arquitectura en el Politécnico de Milán y doctorado en la Universidad Erasmus de Róterdam con una tesis sobre ontologías aumentadas— es hoy profesor en la Universidad de Malta y docente visitante en el Laguna College of Art and Design de California. En paralelo a su trabajo académico, desarrolló juegos experimentales como Something SomethingSoup Something (2017) y Doors (2021), pensados como ensayos jugables más que como productos de entretenimiento.
Esa doble pertenencia —filósofo y diseñador— atraviesa todo el libro. Gualeni parte de una premisa simple de enunciar y evidente: vivimos rodeados de simulaciones, pantallas y mundos virtuales, y ya no es posible pensarnos por fuera de ellos. No sólo con el auge de la inteligencia artificial, sino para poder sacar un turno con el médico.
Lo digital, sostiene, funciona como una capa constitutiva de la vida cotidiana y del pensamiento colectivo, no como un agregado externo a una realidad que existiría intacta sin él. Se tocan, no. Se transforman. Desde ahí, el libro despliega dos vías para hacer filosofía a través del videojuego: diseñar mundos virtuales con la intención explícita de provocar preguntas o jugar críticamente dentro de los ya existentes, explorando sus límites y lo que revelan sobre nuestras formas de ser hoy.
El recorrido entrelaza existencialismo, diseño y semiótica para mostrar que la frontera entre rostro y máscara, entre lo virtual y lo real, es más porosa de lo que se suele admitir. Gualeni argumenta que un videojuego puede llevar a reflexionar sobre la orientación moral propia o sobre el valor que se le asigna a la existencia, tanto a la propia como a la de otras criaturas. La propuesta no es ingenua respecto del medio: no se trata de celebrar el videojuego como herramienta pedagógica, sino de reconocerlo como territorio donde las ideas, los valores y las identificaciones circulan y se materializan tanto como en cualquier otro soporte cultural.
En la introducción al volumen, Tomás Borovinsky, editor de la colección Interferencias, señala que Gualeni invita a pensar un punto de fuga donde la filosofía, la vida y el diseño de juegos se entrelazan. Esa formulación resume bien el lugar que el libro ocupa en el catálogo: no es un texto sobre videojuegos para especialistas en la industria, sino un ensayo filosófico que toma al videojuego como objeto de pensamiento legítimo, en la línea de trabajos previos de Gualeni como Virtual Worlds as Philosophical Tools (2015) y Virtual Existentialism, escrito junto a Daniel Vella (2020).
El videojuego del mundo se presenta así como una contribución al campo todavía emergente de la filosofía a través del videojuego, un área donde Gualeni se ha convertido en una de las voces más reconocibles. El libro llega traducido por Ana Miravalles y se suma a la colección Interferencias.
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Los videojuegos se presentan como contribuciones para el campo de la filosofía
El videojuego del mundo
Stefano Gualeni
Editorial: Adriana Hidalgo editora (colección Interferencias)
Páginas: 176
Precio: $26.000
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