La primera noche del Festival de Cine de Venecia volvió a confirmar que la alfombra roja es, también, una pasarela. En la apertura de la 83ª edición de la Mostra, celebrada el miércoles 2 de septiembre, las estrellas eligieron propuestas muy diferentes entre sí, aunque con algunas coincidencias: el satén, los vestidos largos, la sastrería y las joyas fueron algunos de los grandes protagonistas.
Entre los looks que más llamaron la atención estuvo el de Claire Foy, que apostó por un vestido rojo de satén con escote profundo y un nudo en la cintura. La actriz británica llevó la propuesta hasta el extremo monocromático con guantes largos del mismo tono, mientras que las joyas de diamantes y el peinado de efecto húmedo completaron una imagen de inspiración clásica.
El negro también tuvo su momento. Amal Clooney apareció junto a George Clooney con un vestido largo de tirantes finos y textura plisada, acompañado por un brazalete plateado y un clutch. Maggie Gyllenhaal, en tanto, eligió una silueta más austera: vestido negro de manga larga, escote asimétrico y un hombro descubierto, con joyas plateadas como único contrapunto.
El color pastel apareció en distintas versiones. Laura Dern llevó un vestido rosa claro de silueta amplia y falda con movimiento, combinado con un collar de piedras de colores y zapatos negros. Bianca Balti, por su parte, llevó el rosa hacia un terreno mucho más teatral: un vestido de satén con corset, falda drapeada y unas grandes alas de plumas blancas en la espalda.
La italiana también mostró que la alfombra roja no es el único escenario para la moda. Durante una aparición diurna junto a uno de los canales venecianos, Balti cambió el glamour por una combinación relajada de camisa blanca oversize, jean oscuro, gorra azul marino y bolso de ante.
También hubo lugar para el encaje, como en la elección de Carolina Cavalli, que llevó un vestido beige de tirantes finos, bordado con motivos geométricos y florales.
Así, la apertura de Venecia dejó una alfombra roja sin una única tendencia dominante. Hubo minimalismo y exceso, vestidos de noche y ropa informal, colores intensos y tonos suaves. Una diversidad que, más que imponer un código, volvió a convertir al festival en uno de los grandes escenarios internacionales donde cine y moda se encuentran.
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