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Infertilidad: la mitad de los casos está en los hombres, pero siguen consultando tarde

Aunque durante décadas la infertilidad fue asociada casi exclusivamente a las mujeres, hoy los especialistas advierten que los factores masculinos explican cerca de la mitad de los casos. Crecen las consultas, pero persisten los prejuicios, los silencios y hábitos cotidianos que pueden afectar la calidad espermática sin que los hombres lo sepan

La transformación cultural, dicen los especialistas, se está llevando a cabo paulatinamente / freepik

Por Redacción

La escena se repite una y otra vez en los consultorios de fertilidad de La Plata. Una pareja llega después de meses -o años- intentando lograr un embarazo sin éxito. La mujer suele llegar con estudios previos, consultas ginecológicas y un recorrido médico más o menos avanzado. El hombre, en cambio, muchas veces se enfrenta por primera vez a la posibilidad de que el problema también pueda estar de su lado.

La infertilidad continúa siendo uno de los temas de salud atravesados por mayores mitos y prejuicios. Durante generaciones, la imposibilidad de concebir quedó asociada casi automáticamente a las mujeres. Sin embargo, los especialistas aseguran que la realidad es muy diferente.

“Históricamente siempre parecía que cuando una pareja no podía tener hijos el problema era de la mujer. Hoy sabemos que no es así”, explica el urólogo platense Francisco Montero en diálogo con EL DIA. Según detalla, las causas de infertilidad se distribuyen prácticamente en tres partes iguales: un tercio corresponde a factores masculinos, otro a factores femeninos y el restante a problemas compartidos por ambos integrantes de la pareja.

Virginia Martin, platense, médica ginecóloga y especialista en medicina reproductiva y fertilidad, va incluso un paso más allá. “El 50% de la esterilidad es masculina”, señala a este diario. Por eso insiste en que el estudio debe realizarse de manera simultánea y no esperar a descartar primero causas femeninas.

Sin embargo, la consulta masculina sigue llegando más tarde. Y no sólo por desconocimiento. Detrás aparecen cuestiones culturales profundamente arraigadas.

El 50 por ciento de la esterilidad es masculina. Hay un problema cultural que provoca menos consultas: la idea de fertilidad todavía se mezcla con la masculinidad”

Virginia Martin
Médica ginecóloga y especialista en medicina reproductiva y fertilidad

LA TRABA CULTURAL

“La idea de fertilidad todavía se mezcla con la masculinidad”, advierte Martin. Un hombre puede tener una vida sexual completamente normal y, aun así, presentar alteraciones severas en la producción o calidad de los espermatozoides. Pero aceptar esa posibilidad sigue siendo difícil para muchos.

Montero coincide. “Todavía aparece esa frase de ‘no sirvo como hombre’. Son prejuicios que existen, aunque por suerte cada vez menos”, afirma.

Nicolás García, platense y Licenciado en psicología, explica a EL DIA: “Todo esto involucra aspectos culturales, familiares e identitarios profundamente arraigados. Las ideas que una sociedad construye acerca de la maternidad, la paternidad, la familia o la reproducción pueden influir en las expectativas que las personas tienen sobre sí mismas y sobre sus proyectos de vida”.

La presión social tampoco ayuda. Las preguntas aparentemente inocentes pueden convertirse en una carga enorme para quienes atraviesan tratamientos de fertilidad o pérdidas gestacionales.

Asimismo, García insiste: “En el caso de los varones, además, persisten asociaciones culturales entre fertilidad, masculinidad y virilidad que pueden dificultar la posibilidad de hablar abiertamente sobre estas experiencias”.

Mientras tanto, las consultas crecen. Los especialistas destacan que las nuevas generaciones muestran una mayor predisposición a estudiar también la salud reproductiva masculina. Aunque las mujeres siguen siendo quienes más llegan a los centros especializados, cada vez son más los hombres que se realizan controles o consultan por antecedentes que podrían afectar su fertilidad futura.

CAUSAS A TENER EN CUENTA

Además de los factores biológicos, los médicos observan una larga lista de hábitos cotidianos que pueden impactar directamente sobre la calidad espermática. La alimentación deficiente, el sobrepeso, el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol, algunas medicaciones y determinadas condiciones laborales aparecen entre los principales factores de riesgo.

Martin menciona, por ejemplo, trabajos expuestos a altas temperaturas; largas jornadas sentado; tareas nocturnas que alteran el ritmo biológico; o actividades vinculadas a sustancias químicas y agroquímicos. “Hay enfermedades laborales que muchas veces pasan desapercibidas”, explica.

A eso se suma otro fenómeno que preocupa cada vez más a los especialistas: el consumo de cannabis. “Vemos muchísimos pacientes jóvenes que fuman marihuana y no saben que puede afectar seriamente la movilidad de los espermatozoides”, señala Martin. Como la formación de los espermatozoides lleva alrededor de 120 días, los efectos pueden extenderse durante meses. También aparecen antecedentes de la infancia que muchas veces son olvidados. Casos de testículos que no descendieron correctamente, cirugías inguinales, varicocele o infecciones previas pueden dejar secuelas que recién se detectan años después, cuando llega el momento de buscar un embarazo.

En ese contexto, los especialistas coinciden en una recomendación básica: consultar antes. No necesariamente cuando aparece un problema, sino como parte de los controles de salud habituales. Algo que todavía está lejos de convertirse en una costumbre masculina. “Los hombres no tienen incorporada la consulta periódica como sí ocurre con las mujeres y el ginecólogo”, resume Martin. La consecuencia es que muchas veces el diagnóstico llega tarde, después de meses de frustración, ansiedad y tratamientos innecesarios.

Todavía aparecen pacientes que sienten que no sirven como hombres cuando reciben un diagnóstico de infertilidad”

Francisco Montero
Urólogo platense

DEL CONSULTORIO AL CAMBIO DE PARADIGMA

Durante años, los tratamientos de fertilidad tuvieron un recorrido casi automático: la primera en estudiar era la mujer. Estudios hormonales, ecografías, análisis y consultas especializadas aparecían rápidamente en la agenda médica, mientras que la evaluación masculina quedaba relegada para más adelante. Los especialistas aseguran que esa lógica todavía persiste, aunque lentamente comienza a modificarse.

“Lo primero que hacemos es estudiar a ambos integrantes de la pareja en simultáneo”, explica Virginia Martin. La razón es simple: muchas veces el diagnóstico masculino aparece con estudios relativamente sencillos y evita meses de incertidumbre.

Sin embargo, la resistencia cultural sigue presente. Para muchos hombres, la posibilidad de tener una alteración en el espermograma todavía genera sentimientos de culpa o frustración. En los consultorios aparecen preguntas, silencios y preocupaciones que exceden lo estrictamente médico. “Se mezcla la fertilidad con la masculinidad, y son cosas completamente distintas”, señala la especialista. La confusión no es menor: un hombre puede tener una vida sexual normal y desconocer por completo que presenta dificultades reproductivas.

Francisco Montero observa el mismo fenómeno desde la urología. “Todavía aparecen pacientes que sienten que no sirven como hombres cuando reciben un diagnóstico de infertilidad”, explica.

La consecuencia de este cambio de mirada es que cada vez más hombres llegan a los consultorios. Algunos acompañan a sus parejas. Otros consultan por antecedentes médicos de la infancia o simplemente para conocer su situación reproductiva futura. Son señales de una transformación lenta, pero sostenida, en la forma de entender la salud masculina.

HÁBITOS QUE PUEDE AFECTAR A LA INFERTILIDAD

Tabaquismo.

Consumo frecuente de alcohol.

Uso de cannabis.

Sobrepeso y obesidad.

Sedentarismo.

Exposición prolongada al calor.

Trabajo nocturno y alteración del sueño.

Contacto con sustancias químicas o agroquímicos.

Uso de anabólicos o testosterona sin control médico.

QUÉ ESTUDIOS SE REALIZAN

El examen inicial más importante es el espermograma, un análisis que evalúa la cantidad, movilidad y morfología de los espermatozoides.

A partir de esos resultados pueden indicarse estudios hormonales, genéticos o consultas con especialistas en andrología, la rama de la medicina dedicada a la salud reproductiva masculina.

UN CAMBIO CULTURAL PENDIENTE

Los médicos coinciden en que todavía persiste una idea equivocada: asociar la fertilidad con la virilidad.

La capacidad reproductiva y el desempeño sexual son cuestiones diferentes. Por eso, remarcan que hablar del tema, consultar a tiempo y abandonar prejuicios sigue siendo uno de los desafíos más importantes para mejorar la salud reproductiva masculina.

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