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“Ir juntos a la par”, a veces: cuando la terapia de pareja abre otra forma de hablar

Cada vez más parejas llegan juntas al consultorio para poner en palabras aquello que dejó de funcionar. Lejos de prometer soluciones o reconciliaciones, la consulta invita a revisar la historia compartida, el deseo y los modos de estar con el otro. Qué se busca cuando dos deciden pedir ayuda al mismo tiempo

Arabella Caggiano Licenciada en Psicología
los analistas no “toman partido”; exhiben una escucha equitativa en el conflicto de la pareja / FREEPIK
FREEPIK
muchas veces, llegan al consultorio con el objetivo de continuar juntos pero de una forma distinta / IA

Por Redacción

Durante años, la monogamia fue la corriente más habitual en lo que entendemos como pareja o relación sexo afectiva. No obstante, con el devenir de los años y con la crisis de diferentes instituciones y de tradiciones -por nombrar algunos movimientos sociales- justificó la irrupción de tantas variantes como se deseara.

Hoy el escenario, en cuanto a formas de relacionarse parece amplio pero prevalece el objetivo ulterior: amar a un otro. Pero, ¿es suficiente?

Lo cierto es que hay parejas que llegan al consultorio con la esperanza de seguir juntas, pero de una manera distinta. Otras aparecen convencidas de que la separación es el único camino, aunque todavía no sepan qué significa realmente separarse. También están las que simplemente sienten que algo se trabó, que la conversación cotidiana dejó de alcanzar y que el malestar empezó a ocupar demasiado espacio. En todos esos casos, la consulta no ofrece respuestas prefabricadas ni recetas para salvar un vínculo. Propone, antes que nada, un espacio para hablar.

Esa es la perspectiva desde la que trabaja la psicoanalista platense Arabella Caggiano, licenciada en Psicología por la Universidad Nacional de La Plata. De hecho, prefiere hablar de “consulta en pareja” antes que de “terapia de pareja”. La diferencia no es menor.

“Subrayo la palabra consulta porque así es como lo pienso, y no como terapia de pareja. No hay una promesa de cura, de solución ni de restitución a algún estado anterior”, explica en diálogo con EL DIA.

Desde el psicoanálisis, sostiene, no es posible anticipar hacia dónde conducirá el trabajo, aunque sí se espera que la palabra permita producir movimientos y encontrar otras maneras de hacer con aquello que genera sufrimiento.

En definitiva, para Caggiano, cuando una pareja decide acudir junta al consultorio aparece una pregunta central: ¿qué lleva a dos personas que podrían consultar individualmente a querer ser escuchadas al mismo tiempo por un analista? Esa inquietud se convierte, precisamente, en uno de los primeros ejes del trabajo.

Un espacio que se construye en el camino

A diferencia de otros dispositivos terapéuticos más estructurados, en la consulta que propone Caggiano no existe un formato rígido establecido de antemano. El modo de trabajo se va definiendo durante las primeras entrevistas.

Cuando ambos integrantes acuerdan asistir, el primer encuentro suele realizarse con los dos presentes. Sin embargo, el recorrido posterior depende de lo que vaya apareciendo en cada caso.

“La forma de trabajo se va diseñando en el recorrido”, señala. Por eso puede suceder que continúen ambos, que en determinado momento sea necesario escuchar solamente a uno o incluso que uno de los integrantes permanezca en análisis individual mientras el otro deja de asistir.

La psicoanalista aclara que trabajar con dos personas no implica duplicar el tiempo de consulta ni los honorarios. Sí exige alojar los distintos tiempos subjetivos de cada integrante y evitar un riesgo permanente: quedar ubicado del lado de uno contra el otro.

“El lugar del analista deberá evitar caer en la trampa de la complicidad con alguno de los presentes”, señala.

Ese equilibrio forma parte de un trabajo que define como delicado, sostenido más por una posición ética que por un conjunto de reglas fijas. Un trabajo que requiere, además de formación teórica, el propio análisis y el intercambio permanente con colegas.

Cuando algo deja de funcionar

Generalizar sobre los motivos de consulta resulta difícil. Sin embargo, hay un punto en común que Caggiano reconoce con frecuencia.

“Las consultas se producen cuando algo que venía funcionando de determinada manera deja de hacerlo, ya sea para uno o para ambos, y aparece un sufrimiento de más”, explica.

Las parejas, recuerda, no permanecen iguales a lo largo del tiempo. Se transforman, negocian nuevos acuerdos, atraviesan crisis y reorganizan sus proyectos. En ocasiones, ese movimiento se interrumpe y la construcción compartida parece quedar detenida.

Es allí donde la conversación con un tercero puede abrir otra posibilidad.

“Empezar a hablar, ante otro, en transferencia, puede ser propicio para que algo se conmueva”, afirma.

Lejos de reducirse a discusiones por convivencia, infidelidades o problemas de comunicación, la consulta invita a revisar cuestiones mucho más profundas: cómo se constituyó ese vínculo, qué pactos -muchas veces inadvertidos- sostienen la relación, cuáles fueron las circunstancias del encuentro y qué lugar ocupan hoy el amor, el deseo y los proyectos comunes.

“Si un analista recibe a una pareja instala la ocasión de revisitar la fundación de la misma, las causas y azares jugados en el encuentro, la historia de cada uno y de ambos, los proyectos y el pacto muchas veces inadvertido que sostiene la unión”, describe la especialista.

Incluso palabras aparentemente simples dejan de darse por obvias.

¿Qué significa realmente estar juntos? ¿Qué quiere decir separarse?

Para Caggiano, esas expresiones necesitan volver a ponerse en juego. “Separar no siempre alude a separar el vínculo; tal vez se trate de otra separación y eso permita seguir juntos”, plantea.

Más pedidos, pero no necesariamente más consultas

En los últimos dos o tres años, la psicoanalista comenzó a recibir con mayor frecuencia pedidos para atender parejas. Sin embargo, evita transformar esa experiencia personal en una conclusión general.

“En mi consultorio recibo más pedidos para concurrir en pareja. Pero no afirmaría por esto que haya más consultas”, aclara.

Las parejas se transforman, negocian nuevos acuerdos, atraviesan crisis y reorganizan sus proyectos

En su lectura, ese incremento puede estar relacionado con el trabajo de formación e investigación que viene desarrollando junto con otros colegas sobre este tipo de dispositivos. También considera que influye la enorme circulación de discursos sobre vínculos que hoy abundan en redes sociales, podcasts y distintos espacios de divulgación.

“Tal vez la circulación masiva de relatos que pretenden explicar las relaciones humanas, con vocabulario pretendidamente específico y consignas que prometen la felicidad, también colabore”, reflexiona.

La consulta invita a revisar cómo se constituyó ese vínculo, qué pactos sostienen la relación, qué lugar ocupan hoy el amor, el deseo y los proyectos comunes

Sin embargo, advierte que las preguntas sobre el amor y los vínculos no son nuevas. Lo que cambia son las respuestas que cada época intenta ofrecer.

seguir siendo dos sin dejar de ser uno

Si hubiera que resumir una preocupación propia del presente, Caggiano apunta hacia la aceleración del tiempo.

“La velocidad con la que avanza la innovación tecnológica nos hace pensar que el tiempo pasa rápido o incluso que no lo tenemos. El tiempo no pasa; nosotros pasamos en el tiempo y podemos preguntarnos cómo”, sostiene.

Una pareja no se trata de uno pegado al otro. ‘Ir juntos a la par’ es posible sólo para algunos tramos del camino. Es preciso instalar un ‘entre’, definirlo y reescribirlo para que el nosotros no aplaste el deseo de cada uno”

Arabella Caggiano Licenciada en Psicología

En ese escenario, las relaciones tampoco quedan al margen. Los modos de vincularse cambian, aparecen nuevas formas de nombrar los acuerdos afectivos y conceptos como “pareja abierta” ganan espacio en el lenguaje cotidiano.

La psicoanalista propone una lectura diferente de esa expresión. Más allá de las modalidades sexuales que cada pareja acuerde, cree que la idea puede pensarse como una invitación a no quedar encerrados en la ilusión de que dos personas deben convertirse en una sola.

“Pareja abierta invita a descompletar la ilusión que genera el dos”, explica.

Y concluye con una imagen que sintetiza su manera de pensar los vínculos: “Nos recuerda que en una pareja no se trata de uno pegado al otro, e ‘ir juntos a la par’ es posible sólo para algunos tramos del camino. Es preciso instalar un ‘entre’, definirlo y reescribirlo para que el nosotros no aplaste el deseo de cada uno”.

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