Hay decisiones que duran apenas unos segundos y, sin embargo, pueden ocupar una vida entera. En La montaña, del escritor Jean-Noël Pancrazi, un niño decide no acompañar a sus compañeros de escuela en una excursión hacia un territorio prohibido. Poco después, sus amigos son asesinados. Lo que en principio parece un episodio puntual de la infancia se convierte en una herida que persiste décadas después, cuando el protagonista, ya adulto, intenta reconstruir lo sucedido mediante la escritura.
Publicada originalmente en 2012 y editada en la Argentina por Empatía en 2018, esta nouvelle se desarrolla durante la guerra por la independencia de Argelia, que enfrentó al movimiento independentista con las fuerzas coloniales francesas entre 1954 y 1962. Pancrazi nació en Sétif, Argelia, en 1949, y abandonó el país junto con su familia cuando tenía trece años. Esa experiencia biográfica atraviesa una obra en la que la infancia, la violencia y el desarraigo ocupan un lugar central.
La tragedia que organiza el relato ocurre cuando los compañeros del protagonista deciden subir a una montaña en busca de aventuras, animales y supuestos tesoros escondidos. El niño duda y finalmente se queda. La excursión termina en una matanza y, aunque él sobrevive, queda atrapado en una pregunta sin respuesta: qué habría sucedido si hubiera tomado otra decisión.
Sobre la obra
Pancrazi evita convertir esa culpa en una explicación sencilla. El narrador no puede modificar el pasado, pero tampoco consigue apartarse de él. Los muertos regresan en sus pensamientos y la vida adulta queda condicionada por aquella ausencia. La guerra, además, no aparece como un enfrentamiento entre figuras nítidamente separadas entre buenos y malos. La violencia atraviesa el territorio y alcanza tanto a los combatientes como a quienes intentan continuar con su vida cotidiana.
La montaña del título funciona como mucho más que un escenario. En la mirada infantil es un espacio de descubrimientos y promesas; después, queda asociada al horror y a la muerte. Su presencia reaparece a lo largo de la narración como una imagen que el protagonista no consigue abandonar. El paisaje conserva aquello que los personajes quisieran olvidar y transforma un lugar concreto en el centro de una memoria traumática.
La segunda parte del libro desplaza la mirada hacia el adulto que recuerda. Convertido en escritor, el protagonista pasa buena parte de su existencia entre hoteles, aeropuertos y ciudades que no terminan de convertirse en un hogar. Viaja, pero ese movimiento no equivale a una búsqueda de libertad. Más bien expresa su dificultad para establecerse en algún sitio y construir una pertenencia duradera.
El exilio tiene aquí una dimensión geográfica, pero también íntima. La independencia argelina obliga a la familia a marcharse a Francia, un país ligado a sus orígenes, aunque ajeno a la vida que habían construido. La figura del padre profundiza esa contradicción: su vínculo con Argelia es tan fuerte que se resiste a abandonarla, hasta que la violencia termina por expulsarlo. El regreso al lugar natal, entretanto, tampoco ofrece garantías de reparación. La casa puede seguir existiendo, pero quienes la habitaron y el mundo al que pertenecía ya no están necesariamente allí.
La forma elegida por Pancrazi acompaña ese estado de desorientación. El relato avanza mediante recuerdos, asociaciones y escenas que vuelven sobre sí mismas, sin ajustarse a una cronología estricta. El pasado irrumpe en el presente y las imágenes se acumulan como si la memoria intentara rodear un núcleo doloroso al que nunca puede acceder por completo. Las frases extensas y el ritmo envolvente refuerzan esa sensación de estar dentro de una conciencia que no encuentra descanso.
Con una prosa intensa y una historia concentrada en pocas páginas, La montaña consigue mostrar cómo un acontecimiento colectivo se inscribe en una vida particular. La guerra modifica los territorios, desplaza poblaciones y destruye comunidades, pero sus consecuencias también continúan en quienes sobreviven. Para el protagonista, salir con vida no significa haber dejado atrás el peligro: significa empezar a convivir con los ausentes y con la posibilidad de una vida distinta, marcada por aquello que no ocurrió.
La escritura aparece entonces como un intento de volver sobre la infancia, no para corregirla ni clausurarla, sino para encontrar una forma de narrar lo que permaneció suspendido durante años. Pancrazi construye así una novela sobre la persistencia del trauma y la dificultad de regresar a un lugar que ya no existe como se lo recuerda. Porque hay guerras que terminan en los libros de historia, pero siguen librándose en la memoria de quienes las atravesaron.
De un episodio puntual emerge una herida que persiste. Décadas después, el protagonista la reconstruye a través de la escritura
La montaña
Jean-Noel Pancrazi
Editorial: Empatía
Páginas: 80
Precio: $22.000
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