Las consecuencias de haber perdido fuerza, resistencia, equilibrio y coordinación no quedan limitadas a una clase de gimnasia. Según Pagola, pueden aparecer en los movimientos habituales de la vida cotidiana.
La marcha puede volverse insegura. También puede aparecer dificultad para levantarse de una silla, bajar del auto o pasar de estar acostado a sentarse.
Uno de los aspectos que destaca la especialista es el miedo a caerse. Ese temor puede terminar condicionando el movimiento. “Quien teme caerse se mueve menos, y moverse menos profundiza el problema”, explica.
La clase de actividad física es el lugar donde muchas de estas dificultades pueden ser detectadas, pero el problema se manifiesta fuera de ese espacio, en los movimientos que forman parte de la vida diaria.
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