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La reina de las fiestas y de los disfraces imposibles

Empezó organizando una celebración porque otras fiestas le parecían aburridas y terminó creando uno de los acontecimientos más esperados del espectáculo internacional
Así llegaba Heidi Klum a su 25.ª fiesta anual de Halloween, acompañada por un grupo de asistentes
Detalle de la mano mutilada de la que se disfrazó Heidi Klum
En 2013, se disfrazó como una versión adulta mayor de ella misma
En 2015 causó sensación como Jessica Rabbit
En 2025, se vistió de Medusa

Por Redacción

A Heidi Klum no le alcanza con ponerse un disfraz. Tampoco con sorprender a sus invitados, reunir celebridades o convertirse en tendencia en las redes sociales. Cada 31 de octubre, la supermodelo alemana se propone un desafío cada vez más difícil: superar a la Heidi Klum del año anterior. Y lo consigue con creatividad, humor, extravagancia y una dedicación que transformó una fiesta de Halloween en uno de los acontecimientos más fotografiados del espectáculo.

Este año volvió a demostrarlo. Para celebrar los 25 años de su tradicional fiesta en Nueva York, la conductora de 53 años apareció convertida en una gigantesca mano izquierda cercenada, con uñas rojas, anillos, venas marcadas y una espeluznante combinación de tendones y ligamentos ensangrentados. Su cuerpo estaba completamente oculto y apenas podían distinguirse sus ojos y su boca.

La acompañaba un grupo de asistentes vestidos con trajes de protección manchados de sangre, como si acabaran de escapar de una escena de terror. El resultado fue tan grotesco como fascinante.

“Siempre fui una chica del ‘más es más’. No me gusta hacer nada a medias”

La idea había surgido un año antes, mientras observaba su propia mano. “Miré mi mano y pensé: ‘Oye, creo que podría encajar mi cuerpo aquí de alguna manera’”, relató durante la celebración.

La transformación demandó entre cinco y seis horas de preparación, aunque la construcción llevó meses. La pieza reproducía detalles de su verdadera mano izquierda, incluidos su anillo de compromiso, su alianza y un tatuaje con el nombre de su esposo, el músico Tom Kaulitz, ausente por compromisos de gira. “Un poquito de Tom está conmigo”, comentó divertida.

La imagen recorrió el mundo en cuestión de horas. Una vez más, Klum había conseguido que Halloween tuviera una protagonista indiscutida.

DE LAS FIESTAS ABURRIDAS A CREAR SU PROPIO ESPECTÁCULO

Para entender cómo se convirtió en la reina de Halloween hay que retroceder hasta sus primeros años en Estados Unidos.

Nacida en Alemania, Klum creció en Colonia, donde el carnaval tiene una enorme tradición. Disfrazarse y participar de celebraciones multitudinarias formaba parte de su universo desde pequeña. Sin embargo, cuando se instaló en Nueva York descubrió la fascinación estadounidense por Halloween.

Lo que encontró no terminó de convencerla. Asistía a fiestas en las que, según recuerda, los invitados apenas se esforzaban por caracterizarse. Para alguien acostumbrada al despliegue del carnaval alemán, aquellas celebraciones tenían poco de extraordinario.

“¿Por qué nadie llevaba disfraces increíbles?”, se preguntaba. Y decidió que, si no existía la fiesta que imaginaba, iba a organizarla ella misma.

En 2000 celebró la primera edición. Su caracterización fue relativamente sencilla: una versión gótica de sí misma, con una estética oscura y provocadora. Pero ya había algo que la diferenciaba: no quería que los invitados simplemente asistieran, sino que participaran de la fantasía.

Al año siguiente elevó la apuesta. Apareció como Lady Godiva, montada sobre un caballo blanco, y dejó en claro que sus entradas también serían parte del espectáculo.

“Siempre fui una chica del ‘más es más’. No me gusta hacer nada a medias”, explicó años después a Fast Company.

La frase resume la filosofía que convirtió su fiesta en una tradición. Klum comenzó a exigir que todos los asistentes acudieran disfrazados y fue elevando sus propias producciones para dar el ejemplo. Con el tiempo, la consigna se volvió prácticamente innegociable: sin disfraz, no hay fiesta.

La estrategia funcionó. Modelos, actores, músicos y figuras de la televisión comenzaron a desfilar por una alfombra roja que, a diferencia de las tradicionales, premiaba la capacidad de dejar de parecerse a uno mismo.

CUANDO UN DISFRAZ DEJÓ DE SER SOLAMENTE UN DISFRAZ

Durante los primeros años, Klum experimentó con personajes reconocibles y criaturas fantásticas. Fue Betty Boop, vampira, gata, una manzana prohibida y hasta Kali, la diosa hindú representada con múltiples brazos.

El disfraz de la mano está inspirado en su propia mano, incluye su alianza y hasta un tatuaje

En 2010 apareció convertida en un robot gigante, con una estructura de aproximadamente 2,4 metros de altura. Pero el verdadero salto llegó cuando comenzó a trabajar con especialistas en maquillaje de efectos especiales y prótesis, técnicas reservadas habitualmente para las grandes producciones cinematográficas.

“Me encanta Halloween porque amo el arte de la transformación”, explicó a Vogue. Durante sus primeros once años se maquillaba ella misma, hasta que comenzó a trabajar con profesionales capaces de modificar radicalmente la apariencia de su cuerpo.

Desde entonces, cada disfraz empezó a parecerse menos a un vestuario y más a una producción de cine. Moldes corporales, máscaras de silicona, mecanismos móviles y estructuras construidas especialmente para ella pasaron a formar parte de una maquinaria que trabaja durante meses para una aparición de apenas unas horas.

En 2013 sorprendió al presentarse como una anciana, con arrugas, manchas en la piel y cabello canoso. No necesitó convertirse en un monstruo para conseguir un resultado inquietante: alcanzó con mostrar una versión envejecida de sí misma.

Dos años después, su transformación en Jessica Rabbit llevó el realismo a otro extremo. Las prótesis modificaban las proporciones de su rostro y su figura para reproducir las curvas exageradas del personaje animado.

En 2016 llegó acompañada por cinco dobles prácticamente idénticas a ella. Era una manera ingeniosa de desafiar las expectativas: en lugar de desaparecer detrás de una criatura fantástica, multiplicó su propia imagen.

Al año siguiente se convirtió en el hombre lobo del videoclip “Thriller”, de Michael Jackson, y en 2018 compartió protagonismo con Kaulitz al caracterizarse como Fiona y Shrek. El parecido con los personajes animados fue posible gracias a un minucioso trabajo de prótesis y maquillaje.

La fiesta ya no dependía únicamente de un buen disfraz. Se había convertido en una demostración anual de lo que podían conseguir la imaginación y los efectos especiales.

EL GUSANO QUE TERMINÓ DE CONVERTIRLA EN LEYENDA

Si hay una imagen que resume hasta dónde está dispuesta a llegar Klum por Halloween, probablemente sea la de 2022.

Después de dos años sin su tradicional celebración multitudinaria debido a la pandemia, regresó con uno de sus disfraces más desconcertantes: un gigantesco gusano de tierra.

No tenía brazos visibles, no podía caminar normalmente y apenas podía moverse dentro de una estructura alargada, rosada y cubierta de pliegues. Su esposo la acompañó vestido de pescador, mientras ella aparecía como la carnada de su anzuelo.

La escena fue tan absurda como memorable. Klum se retorcía sobre la alfombra, posaba acostada y respondía preguntas desde el interior de aquella criatura imposible.

La transformación había requerido un enorme trabajo de diseño y más de diez horas de preparación. El disfraz era incómodo y limitaba seriamente sus movimientos, pero terminó convirtiéndose en uno de los momentos más virales de su carrera.

Lo interesante es que no había elegido una figura glamorosa, poderosa ni particularmente atractiva. Había decidido convertirse en uno de los animales menos asociados con una supermodelo.

Esa es, quizás, una de las claves de su éxito: Klum disfruta desaparecer detrás de sus personajes. No necesita verse bella, elegante o reconocible. Por el contrario, cuanto más radical es la transformación, mayor parece ser su satisfacción.

UN PAVO REAL HUMANO, EXTRATERRESTRES Y UNA MEDUSA MONSTRUOSA

En 2023 volvió a cambiar las reglas. Esta vez no le alcanzó con transformar su propio cuerpo: necesitó incorporar a otros artistas para completar el disfraz.

Apareció como un enorme pavo real azul, rodeada por diez integrantes del Cirque du Soleil que, mediante una coreografía y complejas posiciones acrobáticas, formaban las plumas y la cola desplegada del animal.

El resultado fue una performance colectiva. El disfraz ya no era una pieza individual, sino una obra escénica que necesitaba coordinación, ensayos y una puesta en movimiento.

En 2024 recurrió a la nostalgia cinematográfica y se transformó, junto a su marido, en dos versiones de E.T., el extraterrestre de la película de Steven Spielberg. Las enormes cabezas, las expresiones faciales y los mecanismos incorporados a los trajes demandaron alrededor de un año de trabajo.

En 2025 volvió al terror clásico con Medusa, la criatura mitológica de cabellera formada por serpientes. Su cuerpo quedó cubierto de escamas verdes, una larga cola y un elaborado sistema de serpientes móviles. Kaulitz completó la escena como un guerrero convertido en piedra para volver a sorprender.

UNA FIESTA QUE EMPIEZA A PREPARARSE EL 1º DE NOVIEMBRE

La logística de Halloween no se limita a la noche del 31 de octubre. Klum asegura que prácticamente comienza a pensar en el siguiente disfraz apenas termina la celebración anterior.

“Empiezo a pensar ideas para el año siguiente prácticamente el 1º de noviembre”, contó en una entrevista. Sus elecciones no siguen necesariamente una fórmula: las ideas aparecen, muchas veces, de manera inesperada.

Una vez definido el personaje, comienza un proceso que incluye bocetos, pruebas de materiales, moldes de cuerpo completo, ensayos de movimiento y varias sesiones de maquillaje. En ocasiones, la preparación resulta tan exigente que el desafío consiste simplemente en poder caminar, respirar cómodamente o permanecer de pie.

Marino y su equipo se encargan de convertir esas ocurrencias en piezas reales. Pero Klum no se limita a aprobar el resultado final: participa del desarrollo, propone modificaciones y presta especial atención a los detalles que podrían pasar inadvertidos.

La mano cercenada de 2026 es un buen ejemplo. No quería representar una mano cualquiera, sino reproducir la suya con la mayor fidelidad posible. Por eso incluyó sus venas, las líneas de la palma, sus anillos y hasta el tatuaje dedicado a su marido.

A esa complejidad técnica se suma otra maquinaria: la organización de la fiesta, la convocatoria de invitados, los patrocinadores, la prensa internacional y la difusión en redes sociales.

Con los años, Klum aprendió también a administrar el misterio. Antes de cada Halloween publica pequeños adelantos de su transformación, muestra fragmentos del maquillaje y deja pistas que alimentan las especulaciones. El disfraz se convierte así en noticia incluso antes de ser presentado.

La convocatoria acompaña ese crecimiento. Figuras del espectáculo, la moda y la música participan de una celebración que consiguió instalarse como una de las grandes citas de Halloween en Nueva York.

Y aunque el evento reúne a numerosas celebridades, la atención principal sigue concentrada en descubrir qué hará su anfitriona. Porque después de 25 años, la pregunta ya no es de qué se disfrazará Heidi Klum, sino hasta dónde será capaz de llegar.

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