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¿La tecnología puede crear arte?: crece la polémica sobre el uso de la Inteligencia Artificial para hacer literatura

Las declaraciones de la escritora polaca sobre la utilización de la IA para construir sus textos, despertó el debate moral sobre la utilización de la tecnología. En diálogo con EL DIA, artistas platenses formularon sus opiniones, miradas, presagios

Por Redacción

Afonso Cruz escribió y publicó en 2016 “Vamos a comprar un poeta”, un futuro distópico donde el materialismo impera, el amor se calcula y el arte se compra. En la historia del autor portugués, los versos de un poeta -que es adquirido como una mascota por una familia- agrieta, poema a poema, la estructura gris y estándar de aquella realidad. En esa creatividad impredecible e inesperada radicó la fuerza del impacto.

Paralelamente, hace una década, se fundaba en Estados Unidos OpenAI, una de las empresas más importantes de despligue de Inteligencia Artificial (IA).

Hoy, diez años después, habitamos un presente donde un conglomerado de IAs hacen series, recrean voces de personas muertas e inclusive influyen transversalmente en la planificación de seguridad de diferentes países del mundo.

Dentro de las múltiples tareas -muchas corriendo de eje a la habilidad humana- una es la facilidad para cumplir en cuestión de segundos cualquier orden, como, por ejemplo, corregir un texto, escribir un libro, ser un editor consagrado. Todo depende del “prompt”.

Sin ir más lejos, Olga Tokarczuk -Premio Nobel de Literatura en 2018, autora de “Los errantes” (2007) o “Un lugar llamado antaño” (1996)- contó hace algunas semanas que utiliza a la IA para “documentar y verificar datos con mayor rapidez” o, inclusive, para “ampliar” horizontes y “profundizar en el pensamiento creativo.

¿Está bien? ¿Está mal? ¿Lo hacen todos los escritores? ¿Sucumbieron las enciclopedias, las bibliotecas, las investigaciones artesanales? ¿Qué tan lejos estamos de convertirnos en seres automatizados donde el arte tiene que hacer fuerza para ingresar? ¿Dónde la velocidad, la cuantificación, la entrega inmediata, la producción, el usar el menos tiempo posible se convertirán en los objetivos primordiales?

Este cronista carece de respuestas (¿las hay, acaso?) pero, no obstante, Leo Batic -escritor, ilustrador, docente, periodista, quien supo trabajar con Marvel y Disney- expresó su mirada. También lo hicieron Jorge García -histórico librero de la Ciudad- y Facundo Stazi -educador y dueño de una editorial independiente local-, en diálogo con EL DIA.

El arte de hoy

“Lo que tenemos es un programa que usa toda la creación artística en las redes y representa de la manera que le ordenan una forma que parece arte pero sólo una suma de creaciones humanas”, analizó Batic y agregó -esperanzador-: “El problema con el que debe enfrentarse estos programas es que no tienen criterio de selección. No pueden elegir qué obras vale la pena usar o no, así que no tiene ni gusto ni criterio, ni intención, ni previsión. A menos que los humanos perdamos aquello que nos hace seleccionar y elegir, la Inteligencia Artificial no podrá jamás reemplazar el efecto transformador que tiene un humano escribiendo”.

En tanto, Facundo Stazi dijo: “No hay autonomía real en la IA. Es, por ahora, un aparato de configuraciones. Pero, ese aparato dejó al descubierto algo que nos incomoda bastante: quizás no somos tan complejos, tan únicos ni tan creativos como nos gustaba creer. El arte también tiene patrones, procedimientos, estructuras, algoritmos, recurrencias”.

En este sentido, alertó que su preocupación no era tanto “la IA” sino que se entiende por “producción artística. No obstante, más allá de la respuesta, expresó: “Yo quiero vivir la experiencia artística. Como espectador, como artista, como editor, como gestor cultural, como docente, como humano. Porque no hay humano sin arte”.

Así, para Stazi, la velocidad del impacto de la IA en las sociedades contemporáneas, “nos van a obligar a una redefinición filosófica y antropológica; una nueva versión del arte y del artista”, señaló.

“Cuanto más pueda producir la máquina, más valor simbólico puede llegar a tener aquello que muestre una huella humana real”

“Todo parece hecho como el yogur. Viste que el yogur se hace con más yogur. Bueno, acá también. Alimentan una IA con libros parecidos, le tiran dos o tres parámetros y piensan que va a salir una novela ‘al estilo de’”

Facundo Stazi,
educador y dueño de una editorial independiente

Literatura e IA: ¿competentes?

Stazi -dueño de la Editorial Esdrújula- contó una de las consecuencias del uso de la IA: “Estoy recibiendo mucha producción sintética: textos plásticos, prolijos, lavados, sin estilo humano, sin errores, pero también sin ganas. Y sobre todo: sin nada nuevo. Todo parece hecho como el yogur. Viste que el yogur se hace con más yogur. Bueno, acá también. Alimentan una IA con libros parecidos, le tiran dos o tres parámetros y piensan que va a salir una novela ‘al estilo de’”. Según el editor, los 15 manuscritos que recibía habitualmente pasaron a ser cerca de 40.

No obstante, auguró: “¿Llegaremos al momento en el que podamos escribir cuentos como los escribía Borges sin que nadie se dé cuenta? Quizás sí. Pero para cuando eso pase, nosotros también habremos cambiado. Habrán cambiado las necesidades artísticas, las expectativas de lectura, los modos de legitimación. La IA nos va a empujar a cambiar la época, nos va a obligar a cuestionar eso que hoy llamamos literatura”.

Batic, asimismo, dijo sobre el uso de la IA: “La consecuencia es achatar, simplificar y edulcorar el arte. Pero el humano debería casi perder su capacidad crítica para aceptarlo en lugar de una persona real escribiendo desde el sentimiento y la experiencia vivida. Hoy se la pretende usar para muchas partes del proceso de escritura, pero hasta ahora no he visto que sea muy útil, salvo para la corrección gramatical u ortográfica, o para encontrar repeticiones de ideas o palabras”.

En tanto, Jorge García, dueño de una librería histórica en La Plata, dijo: “No sé si aceptaría un libro escrito por la IA porque pierde todo el sentido. El sentido es esforzarse, buscarle la vuelta, leerlo 800 veces hasta que salga lo que tiene que salir. Es como una obra de arte”.

diferentes usos

De corregir, limpiar el texto, pedir sinónimos, modificar verbos a esbozar una oración, un párrafo o construir un personaje: ¿hay diferencias?

Para Stazi, una de las cosas a tener en cuenta es que “delegar criterio es más grave que delegar una tarea”. No obstante, advirtió: “El problema no es usar IA para corregir, sino creer que corregir es escribir. El problema no es pedirle ayuda, es tercerizar la experiencia. Si la IA te ayuda a limpiar una frase, perfecto. Si la IA escribe por vos porque no tenés nada para decir, bueno, ahí ya no estamos ante una herramienta: estamos ante un simulacro”.

Batic, en tanto, detalló: “Como herramienta, su uso depende de la mano que pone el ‘prompt’. La IA es buena para ahorrar tiempo en investigaciones, recopilar datos o corregir. Si logramos que sea efectiva al respecto y no llene huecos de conocimiento con información basura, podemos utilizarla como una herramienta muy útil”, y agregó: “Si no reemplaza la mirada de un humano, pero puede ser un asistente increíble y muy útil”.

Sin embargo, si advirtió que “siempre alguien tratará de ganar dinero sin esfuerzos, tratando de usar temas, ideas y creaciones de otros. Lo que se consigue es un éxito efímero, barato, intrascendente que puede producir dinero pero jamás satisfacción al que lo produjo”.

El futuro cercano

Para Stazi, el futuro del arte “no sea solamente más tecnología, sino también más necesidad de experiencia, de cuerpo, de tocar algo, de decir ‘esto lo hice yo, con mis manos, con mi tiempo, con mi torpeza”, expresó y agregó: “La IA va a producir imágenes perfectas, canciones correctas, cuentos funcionales, videos espectaculares, esculturas imposibles. Va a democratizar herramientas y también va a llenar el mundo de basura estética. Las dos cosas al mismo tiempo. Vamos a tener obras increíbles hechas con IA y una cantidad insoportable de contenido genérico disfrazado de arte”.

Así, según él, vamos hacia una doble escena: por un lado una producción artística más híbrida -un artista que trabaja con modelos, datos, ‘prompts’, algoritmos. y por otro, una resignificación de lo artesanal, de lo humano, de lo imperfecto, de lo hecho con tiempo. “Cuanto más pueda producir la máquina, más valor simbólico puede llegar a tener aquello que muestre una huella humana real”, afirmó.

“A menos que los humanos perdamos aquello que nos hace seleccionar y elegir, la Inteligencia Artificial no podrá jamás reemplazar el efecto transformador que tiene un humano escribiendo”

“El arte es búsqueda, frustración, caminos sin salida, retrocesos, avance a los tumbos, saltos de fe, encuentros casuales, descubrimientos fortuitos, hambre, dolor, satisfacción, emoción e incertidumbre. Sin eso no hay arte”

Leo Batic,
Periodista, editor, escritor

En sintonía, Batic manifestó: “Generar resultados más rápidos y más constantes no servirá jamás para hacer arte, porque el arte es búsqueda, frustración, caminos sin salida, retrocesos, avance a los tumbos, saltos de fe, encuentros casuales, descubrimientos fortuitos, hambre, dolor, satisfacción, emoción e incertidumbre. Sin eso no hay arte. Y, ojo, no estoy romantizando el dolor como acceso al arte, porque eso también es una elección humana. Puedo vivir toda la lista anterior con felicidad y esperanza, sabiendo que siempre un tesoro es más valioso cuando uno se tomó el tiempo necesario para llegar a él”.

En definitiva, como Stazi, destacó el proceso y la particularidad, y no tanto el resultado y la estandarización: “La experiencia del arte es única. No es una hamburguesa de una cadena de producción, es el proceso de cada etapa previa, la construcción y la recepción del otro. El conjunto es irrepetible, no se puede mensurar con una máquina, no se puede repetir con un programa.

A menos que nos rindamos a ser exactamente iguales, vestidos del mismo color, aplaudiendo exactamente lo mismo y resignados a ser engranajes en la máquina de otro”, concluyó.

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