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La transformación de la nutrición: las inyecciones para bajar de peso cambiaron las reglas

Los tratamientos que actúan sobre el hambre y la saciedad modificaron el abordaje de la obesidad y abrieron una nueva etapa. Nutricionistas explican por qué comer menos no necesariamente significa comer mejor y qué aspectos siguen dependiendo de la alimentación y los hábitos

La evolución de los tratamientos para bajar de peso tuvo distintas etapas / Magnific
Nutricionista Erica Bianquet

Por Redacción

Durante décadas, hablar de descenso de peso estuvo asociado casi exclusivamente a las dietas, las calorías y la voluntad individual. El escenario comenzó a cambiar a medida que la obesidad empezó a ser entendida como una enfermedad crónica y multifactorial y se incorporaron nuevas herramientas para su tratamiento. Entre ellas, los medicamentos que actúan sobre mecanismos relacionados con el apetito y la saciedad.

La aparición de tratamientos como la semaglutida modificó todavía más ese panorama. Para la Licenciada en Nutrición Erica M. Bianquet, estos medicamentos pusieron en evidencia una cuestión que la nutrición ya venía observando: una misma indicación alimentaria no necesariamente produce la misma respuesta en todas las personas.

“Dos personas pueden recibir exactamente la misma indicación alimentaria y tener respuestas completamente diferentes”, plantea la especialista en diálogo con EL DIA. La diferencia, explica, está también en los mecanismos que intervienen en el hambre y la saciedad. Con estos tratamientos, para algunas personas comer menos puede dejar de representar una lucha permanente contra el apetito.

Pero esa posibilidad abre otro interrogante: ¿qué sucede con la calidad de lo que se come cuando disminuye mucho el apetito?

COMER MENOS NO ES IGUAL A COMER MEJOR

Para Bianquet, ese es uno de los puntos en los que la nutrición mantiene un papel concreto. Si una persona incorpora menos alimentos a lo largo del día, cada comida adquiere mayor importancia. Ya no se trata solamente de reducir la cantidad, sino de procurar que ese menor volumen contenga los nutrientes que el organismo necesita.

Proteínas, vitaminas, minerales, fibra y líquidos siguen siendo necesarios aunque el apetito disminuya. Por eso, la alimentación debe adaptarse a ese nuevo escenario y prestar especial atención a la composición de las comidas.

Hay además otro aspecto que la nutricionista considera central: la masa muscular. Cuando el descenso de peso es importante, advierte, no todo lo que se pierde corresponde a grasa. En ese contexto, la alimentación y la actividad física cobran relevancia, especialmente el trabajo de fuerza.

La cuestión no pasa entonces únicamente por cuánto marca la balanza. El proceso también involucra qué componentes del organismo se preservan y cómo se sostiene la alimentación durante el tratamiento.

CUANDO COMER TAMBIÉN SE VUELVE DIFERENTE

La disminución del apetito tampoco siempre se presenta de la misma manera. Durante estos tratamientos pueden aparecer náuseas, sensación de plenitud, constipación, diarrea o rechazo hacia determinados alimentos.

Frente a esas situaciones, sostiene Bianquet, la estrategia alimentaria necesita ser individualizada. Las cantidades, los horarios, las preparaciones y las elecciones pueden requerir modificaciones de acuerdo con lo que cada persona pueda tolerar.

Ese acompañamiento es diferente de una dieta rígida aplicada de manera uniforme. Si el tratamiento modifica el hambre, la saciedad o la tolerancia a determinados alimentos, también cambia la manera de organizar la alimentación cotidiana.

Por eso, para la especialista, la incorporación de medicamentos no elimina la necesidad de trabajar sobre la alimentación. En todo caso, modifica el escenario en el que ese trabajo se realiza.

UNA HERRAMIENTA QUE NO REEMPLAZA EL PLATO

Bianquet remarca que las nuevas medicaciones inyectables no indican qué alimentos deben formar parte de cada comida. Pueden actuar sobre el hambre y la saciedad, pero no garantizan por sí solas que la alimentación sea suficiente ni adecuada.

La nutrición ocupa allí un lugar específico: cuidar la calidad y suficiencia de lo que se consume, preservar la masa muscular, prevenir déficits nutricionales y adaptar las comidas cuando aparecen síntomas que dificultan la alimentación.

También aparece una dimensión que excede el tratamiento inmediato: la posibilidad de construir hábitos que puedan mantenerse en el tiempo.

“Los nuevos medicamentos no son para todos ni deberían utilizarse por fuera de una indicación y un seguimiento médico”, señala la nutricionista. Al mismo tiempo, considera que no tiene sentido desconocer el cambio que estas herramientas representan para el tratamiento de la obesidad.

La discusión, entonces, ya no parece reducirse a la vieja oposición entre dieta y medicamento. En el nuevo escenario, pueden existir distintas herramientas dentro de un tratamiento, con funciones diferentes.

“Las nuevas medicaciones inyectables no deciden qué poner en el plato. La educación alimentaria sigue siendo protagonista en el tratamiento de la obesidad”

Erica Bianquet,
Licenciada en Nutrición

La evolución de los tratamientos para bajar de peso tuvo distintas etapas: desde las dietas muy restrictivas y los fármacos utilizados para reducir el apetito hasta la cirugía bariátrica y las actuales medicaciones inyectables. Algunas herramientas quedaron atrás, otras adquirieron indicaciones más precisas y otras continúan formando parte de los abordajes disponibles.

Para Bianquet, en esta nueva etapa la educación alimentaria conserva un papel fundamental. El objetivo no es solamente saber qué habría que comer, sino poder convertir las indicaciones nutricionales en decisiones concretas y hábitos posibles de sostener.

Porque incluso cuando el hambre cambia, la pregunta sobre qué poner en el plato permanece.

QUÉ CAMBIA CUANDO BAJA EL APETITO

La disminución del hambre modifica la relación con la comida. Según Bianquet, cuando el apetito se reduce de manera importante:

❑ Cada comida adquiere mayor importancia.

❑ Hay que procurar cubrir las necesidades de proteínas, vitaminas, minerales, fibra y líquidos.

❑ Comer menos cantidad no significa necesariamente comer mejor.

❑ También es necesario prestar atención a la masa muscular, porque durante un descenso de peso no todo lo que se pierde es grasa.

❑ La alimentación y el ejercicio, especialmente el trabajo de fuerza, adquieren un papel central.

DEL CONTEO DE CALORÍAS A LOS MEDICAMENTOS INYECTABLES

El tratamiento del descenso de peso fue cambiando con el tiempo. Bianquet identifica distintas etapas y herramientas que tuvieron protagonismo:

❑ Dietas muy restrictivas: durante años, el descenso de peso se vinculó con planes de pocas calorías.

❑ Fármacos para reducir el apetito: distintas sustancias fueron utilizadas con ese objetivo.

❑ Productos “light”: tuvieron un fuerte auge como alternativa asociada al control del peso.

❑ Cirugía bariátrica: se incorporó como herramienta para determinados casos de obesidad.

❑ Medicaciones inyectables: los tratamientos actuales que actúan sobre mecanismos relacionados con el hambre y la saciedad incorporaron una nueva herramienta al abordaje.

❑ El cambio de herramientas también modificó las preguntas: ya no se trata solamente de cuánto comer, sino también de cómo garantizar una alimentación suficiente y adecuada cuando el apetito disminuye.

CUANDO APARECEN SÍNTOMAS: LA ALIMENTACIÓN TAMBIÉN SE ADAPTA

Durante estos tratamientos pueden presentarse distintas molestias que afectan la manera de comer. Entre ellas:

❑ Naúseas

❑ Sensación de plenitud

❑ Constipación

❑ Diarrea

❑ Rechazo hacia determinados alimentos

EL ROL DE LA NUTRICIÓN EN EL NUEVO ESCENARIO

Las medicaciones pueden intervenir sobre el hambre y la saciedad, pero no determinan qué alimentos consume una persona. El trabajo nutricional apunta a:

1.- Cuidar la calidad y suficiencia de la alimentación.

2.- Prevenir posibles déficits nutricionales.

3.- Preservar la masa muscular.

4.- Adaptar las comidas ante síntomas o dificultades para comer.

5.- Construir hábitos que puedan sostenerse en el tiempo.

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