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Las mujeres y el peso del cuidado sexual: DIU, SIU y la asimetría de la anticoncepción

Los efectos secundarios de métodos hormonales, la falta de anestesia en procedimientos y la escasa participación masculina revelan una desigualdad persistente. Testimonios de mujeres y especialistas muestran cómo la planificación familiar sigue recayendo, física y mentalmente, sobre los cuerpos femeninos

uno de los debates más silenciados en torno a la anticoncepción es la experiancia de la colocación / fp
Se obliga a un monitoreo constante de los métodos y efectos / freepik

Por Emilia Novo

Mientras la ciencia sigue frenando la pastilla anticonceptiva masculina por considerar “inaceptables” sus efectos secundarios, las mujeres conviven a diario con métodos variados como las pastillas anticonceptivas, el parche hormonal y el DIU y el SIU. Todos los anteriores recomendados y chequeados por profesionales pero muchas veces con efectos adversos que recaen solo en los cuerpos de las mujeres. Una mirada profunda y urgente desde nuestra ciudad sobre cómo la responsabilidad de no maternar recae, física y mentalmente, sobre los cuerpos de siempre.

En nuestra ciudad contamos con una población extensa y variada. La cultura, la universidad, el movimiento de la ciudad permite que seamos muchos, de muchas clases sociales y con diferentes trasfondos personales, profesionales. En cuanto a la comunidad de mujeres, algunas son estudiantes universitarias que hacen malabares con los horarios de sus cursadas en la UNLP; otras son trabajadoras estatales, docentes o empleadas. Todas nosotras hacemos espacio para la cantidad de controles y consultas que son necesarias para ser responsables con nuestra salud sexual y por ende evitar el contagio o embarazo que implica la salud de otros.

En el intrincado terreno de la salud sexual y reproductiva, el mandato social dicta, de manera casi inquebrantable, que sean los cuerpos femeninos los que absorban el dolor, el costo económico y los múltiples efectos secundarios de la planificación familiar. Esta asimetría convierte a la anticoncepción en un trabajo continuo, muchas veces silencioso, que exige poner el cuerpo literal y metafóricamente.

La naturalización del dolor

Uno de los debates más silenciados en torno a los métodos anticonceptivos de larga duración es la experiencia de la colocación. Resulta urgente desmitificar el famoso “es solo una molestia” o “un pinchacito” que se suele esgrimir en los consultorios durante la inserción. La medicina, a lo largo de su desarrollo, históricamente ha minimizado el dolor femenino, catalogando frecuentemente las quejas como exageraciones o simple falta de tolerancia.

El procedimiento para colocar un dispositivo intrauterino implica medir el útero con un histerómetro y luego insertar el dispositivo a través del cuello uterino. Si bien en la mayoría de los consultorios privados la colocación se realiza con anestesia local, las entrevistadas que abordamos en esta entrevista aseguraron que en muchos consultorios públicos les han colocado y quitado el dispositivo sin anestesia. Muchas pacientes reportan un dolor equiparable a contracciones de parto tanto en el proceso de adaptación del dispositivo como en situaciones de emergencia donde el mismo debe ser retirado.

Según Gabriela Silvani (MP 114725) Jefa de Ginecología y Obstetricia Hospital de Berisso “es un tema controversial socialmente, pero desde las sociedades científicas lo que se plantea es conversar con la paciente, tener una escucha activa y ver sus necesidades. Es verdad, se puede hacer un bloqueo paracervical, que eso es inyectar directamente en el cuello uterino un anestésico pero como toda práctica no está exento de riesgo y siempre se busca la práctica más adecuada y no desproporcionada”. La profesional sostiene la importancia de la escucha de cada paciente en particular ya que el umbral de dolor va a variar según cada quien.

Martina, una estudiante de 24 años que vive en el barrio El Mondongo, relata una experiencia que resuena con la de muchísimas platenses: “Fui sola a la clínica, pensando que era un trámite rápido. El dolor cuando me midieron el útero fue tan agudo e intenso que me bajó la presión casi al instante. Me quedé media hora en la camilla sin poder pararme por los calambres. La ginecóloga que me atendió fue super responsable pero igual no pude contemplar el costo”.

La ruleta de los efectos adversos

Cuando una mujer decide optar por un método de larga duración, la elección suele debatirse entre dos opciones principales que presentan una extensa carta de efectos adversos.

El DIU de Cobre, al ser un método no hormonal, funciona generando una reacción inflamatoria en el útero que resulta hostil para los espermatozoides. Sin embargo, sus efectos secundarios más comunes incluyen menstruaciones mucho más abundantes, dolorosas (dismenorrea) y prolongadas. Clara, arquitecta de 32 años, detalla: “No quería saber nada con hormonas sintéticas, así que elegí el de cobre. El resultado fue que pasé a menstruar casi diez días al mes, con dolores que me dejaban doblada en la cama los primeros dos días. Es cambiar un problema por otro, aprendés a convivir con el malestar”.

En la otra vereda se encuentra el SIU (Sistema Intrauterino, conocido popularmente por marcas como Mirena) que libera levonorgestrel, una progestina. Si bien su principal ventaja es que reduce drásticamente el sangrado menstrual, trae consigo toda la carga de los efectos hormonales sistémicos. Las alteraciones en el estado de ánimo, los brotes de acné, la sensibilidad mamaria, el sangrado irregular (spotting) persistente durante meses, y en algunos casos, la formación de quistes ováricos, son parte del combo habitual.

No todas las experiencias son negativas, por supuesto. Florencia, una platense de 29 años, cuenta la cara amable del método: “Los primeros cuatro meses con el SIU fueron tediosos por el sangrado por goteo constante. Pero una vez que mi cuerpo se adaptó, los dolores desaparecieron. Para mí fue un alivio, pero reconozco que tuve que pasar por un proceso de adaptación largo y molesto. Es nuestro principal método de protección con mi novio desde hace 4 años”.

Para Marina Ardans, Jefa de Salud Integral del Hospital Gutierrez de La Plata especializada en toxicología, el DIU y el SIU son métodos anticonceptivos eficaces pero que el eje está en otro lado. Explica que la subestimación del dolor de los cuerpos femeninos y las personas con útero post la colocación tiene que ver con algo cultural que muchas veces no se contempla. También es importante aclarar que existen otros métodos anticonceptivos con más efectos adversos que estos como las pastillas anticonceptivas, los inyectables y los parches según la profesional.

Ana, trabajadora estatal de 35 años, cuenta “Me coloqué el DIU de cobre en una clínica privada. Me contaron que tenía efectos adversos al menos por un mes. Sangré con un dolor intenso durante días para terminar en una guardia donde me comentaron que estaba teniendo contracciones porque el dispositivo se había corrido. Lo retiraron sin anestesia”

¿Los varones se cuidan?

Todas estas experiencias, soportadas con estoicismo por las usuarias, nos obligan a posar la mirada sobre la doble vara científica, el verdadero núcleo sociológico de esta problemática. Hace unos años, la comunidad científica anunció con bombos y platillos un ensayo clínico muy prometedor sobre un anticonceptivo inyectable para hombres, pero el proyecto fue cancelado de forma abrupta.

Los efectos secundarios del DIU de cobre más comunes incluyen menstruaciones mucho más abundantes, dolorosas (dismenorrea) y prolongadas

¿La razón de la cancelación? Los participantes del estudio reportaron efectos secundarios como cambios de humor, acné y alteraciones en la libido. El análisis de este hecho es revelador: esos son exactamente los mismos efectos que causan el SIU y las pastillas femeninas que se recetan masivamente todos los días. La tolerancia al riesgo y al malestar es diametralmente opuesta según el género de quien pone el cuerpo.

Queda en evidencia que, para la medicina y la sociedad en general, un brote de acné o un decaimiento anímico en un varón son razones de peso suficientes para frenar investigaciones y considerar el método como inviable. En contraste, cuando esos mismos síntomas afligen a las mujeres, se minimizan, se empaquetan en prospectos interminables y se entregan bajo la premisa de que es un mal necesario para disfrutar de la sexualidad sin riesgos.

Mujeres platenses aseguraron que en consultorios públicos les han colocado y quitado el dispositivo intrauterino sin anestesia

La ginecóloga Silvani explica que “siempre hablamos que todo lo que es sistema reproductivo y la planificación familiar, siempre está a cargo de la mujer. Que hay pocas estrategias para que el hombre participe de manera responsable. Desde la poca educación sobre el uso del preservativo y la desinformación en redes, hasta ya en parejas más establecidas en donde pocas veces se establece la vasectomía como una opción. Hay mucho en la cuestión cultural que a nivel social se entiende, pero el problema es cuando eso se traslada al sistema médico, en donde muchísimos hospitales no se ofrece el servicio, la opción de la vasectomía” comenta.

Preservativos y su uso

Para Marina Ardans, existe una complicación sustancial en cuanto a los cuidados reproductivos y de salud sexual de los varones que recae en diversas situaciones donde muchos se niegan a utilizar profiláctico. En Argentina y en la Provincia de Buenos Aires (PBA), el uso constante de preservativo se ubica por debajo del 15% de la población en todas sus relaciones sexuales, marcando una baja histórica desde el 40% registrado en 2012.

Aldana, 32 años, comenta que tuvo al menos tres encuentros sexuales donde debió obligar a sus acompañantes a la utilización de métodos de barrera. Una situación que se repite entre cientos de mujeres que además se hacen cargo del cuidado sexual de manera hormonal.

Importancia de la salud provincial y local

El entramado de la desigualdad no se limita a lo biológico o a lo médico; la anticoncepción no empieza ni termina en el consultorio. Implica una enorme carga mental que incluye el costo económico del método o el tiempo de gestión para conseguirlo en el sistema de salud. En La Plata, existen diferentes políticas públicas que sostienen la anticoncepción como método accesible para muchas mujeres que por el contrario no tendrían acceso a métodos pagos. Por ejemplo, la AIPEO (Anticoncepción Inmediata Post Evento Obstétrico) en La Plata es una estrategia del Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires para garantizar que las personas reciban consejería y acceso a métodos anticonceptivos seguros. La colocación del DIU y el SIU no son excepciones a la ampliación de derechos aunque no queda exento del análisis cultural que hicimos anteriormente. También, la falta de condiciones dignas para profesionales de la salud hace que todo este contexto se torne aun más adverso para todos.

La subestimación del dolor de los cuerpos femeninos y las personas con útero post la colocación tiene que ver con algo cultural que muchas veces no se contempla

Estefanía celeste correa, Licenciada en Trabajo Social y Docente/no docente de la UNLP trabaja en la Subsecretaría de DDHH y Género de Ensenada dice que en el territorio hace muchísima falta de información en las mujeres sobre el control de la natalidad y el mismo relato de los varones sobre las molestias básicas de los varones en el uso de preservativo. La profesional sostiene el crecimiento de las ITS (Enfermedades de Transmisión Sexual) especialmente las mujeres, ha crecido en el último tiempo “Las únicas que se acercan a hacer consultas de esta índole en el territorio, son las mujeres” explica.

El uso constante de preservativo se ubica por debajo del 15% de la población en todas sus relaciones sexuales

A esto se le suma el monitoreo constante de todo método hormonal, como revisar los hilos del DIU mes a mes, la gestión diaria de los efectos secundarios (el gasto en analgésicos fuertes y la compra de protectores diarios), y la ansiedad latente ante un posible fallo del método. Todo este andamiaje constituye un trabajo invisible y no remunerado que asumen casi exclusivamente las mujeres.

En definitiva, la responsabilidad de la anticoncepción sigue siendo un terreno profundamente asimétrico. Visibilizar estas historias desde nuestra propia ciudad es el primer paso para cuestionar por qué la tranquilidad reproductiva debe sostenerse, históricamente, sobre el silencio y la tolerancia al dolor de las mujeres.

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