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Las princesas que ya brillan con luz propia

Amalia, Elisabeth, Ariane y Eleonora dejaron de ser las niñas observadas por la prensa para convertirse en protagonistas de las grandes galas de Estado. Entre tiaras históricas, vestidos de alta costura y el legado de sus madres, inauguran una nueva generación de la monarquía

La complicidad de las hermanas en la cena de gala / Web
La princesa Eleonora en su debut / Web

Por Por VIRGINIA BLONDEAU

marioyvirginia@yahoo.com.ar

“El fruto no cae lejos del árbol” dice el refrán popular y nos vale como metáfora para entender el encanto que irradian las jóvenes princesas europeas. Rondan los veinte años, algunas reinarán y otras permanecerán en un segundo plano, pero todas tienen como faro a sus madres, mujeres que no pidieron permiso para instalarse en la realeza y ser aún más famosas que sus maridos, reyes por derecho propio. Hablamos, claro, de las hijas de Máxima, Matilde, Mary y Letizia, las consortes más rutilantes de Europa.

Desde su nacimiento son el objetivo de los pararazzi y comienza la lucha de sus padres por encontrar el difícil equilibrio entre el deseo de que tengan una vida “normal” y mostrarlas lo suficiente como para que los ciudadanos las conozcan y aprendan a quererlas.

Si bien esto vale tanto para las princesitas como para los principitos, cuando llegan a la adolescencia el escrutinio público se enfoca más en las niñas. Y todos sabemos lo difícil que es que una adolescente se vea bien en un vestido de fiesta ajustado, que camine graciosamente en algo que no sea unas zapatillas y que muestre dientes perfectos cuando los suyos aún no han encontrado su camino.

La princesa Amalia de los Países Bajos tuvo que soportar que una revista argentina escribiera en su tapa que “lucía con orgullo su look plus-size” y Leonor, la princesa de Asturias, era aún una niña cuando los medios españoles la compararon con sus ancestros contrahechos por problemas genéticos solo porque tenía algunos dientes torcidos.

Pero ahora aquellas niñas se han convertido en bellos cisnes que pasean por los palacios seguras de sí mismas, resaltando sus virtudes y llevando con orgullo sus gloriosas imperfecciones.

EL GRAN DEBUT ENTRE TIARAS Y GALAS DE ESTADO

En una reciente visita a Europa de los emperadores de Japón pudimos ver brillar a las herederas al trono de los Países Bajos y Bélgica y, también, vimos cómo sus hermanas menores llevaban por primera vez en público tiaras y joyas históricas.

Amalia, princesa de Orange, lució en la cena de gala un vestido de Jan Taminiau, el diseñador que contribuyó a que su madre se convirtiera en un referente de la moda. Ya le conocíamos el atuendo pero en esta ocasión un par de reformas hicieron que luciera mucho mejor. El amplio escote y unas mangas caídas le dieron frescura y un aire atractivo. Este cambio nos da la pauta de cómo, poco a poco, la princesa va encontrando su estilo y se hace oír.

Amalia complementó su vestido rojo oscuro con la tiara de rubíes confeccionada por la joyería Melleiro a fines del siglo XIX para la reina Ema, su tátara tátara abuela. Amalia la había usado oficialmente una vez pero de niña era su preferida y solía “robársela” a Máxima y probársela. La tiara contiene un total de 385 piedras preciosas, entre rubíes y diamantes, y forma parte de un juego más amplio que incluye pendientes, broche, gargantilla y brazalete.

Amalia, como buena hermana mayor y ya canchera en cenas de gala, estuvo muy pendiente de su hermana menor que asistía por primera vez a una cena de gala,

El debut con traje de noche y tiara no podría haber salido mejor.

La princesa Ariene, de 19 años, demostró que sabe elegir. El vestido rojo de un solo hombro de la firma Safiyaa le quedaba precioso. Juvenil pero con cierta sofisticación.

Y su primera tiara fue la que se conoce como “la de las arpas“ o “la tiara de diamantes de la reina Ema” y es, también, de fines del siglo XIX. Originariamente estaba formada por tres arpas y estrellas en la parte superior pero es muy versátil y ha sido modificada varias veces. Es la tiara preferida de la princesa Beatriz, suegra de Máxima, quien la ha prestado a todas las damas de la familia y aún la sigue usando. Será por eso que solo dos veces la hemos visto a Máxima con ella. Parece que ahora quedará para sus hijas.

Luego de unos días en los Países Bajos los emperadores Naruhito y Masako pusieron rumbo a Bélgica donde fueron recibidos por la princesa heredera.

Elizabeth de los belgas tiene 24 años y bastante más experiencia en actos protocolares. Es preciosa y se la ve muy segura de sí misma.

Para la cena de gala ofrecida por sus padres, los reyes Matilde y Felipe, llevó un vestido azul noche que le quedaba precioso pero la verdadera estrella fue su hermana pequeña, Eleonora.

Al igual que Ariane en Países Bajos, la princesita belga hacía su debut en cenas de gala. Y también eligió un vestido de Safiyaa. Era color rosa palo y, aunque el modelo ya está demasiado visto, le quedaba muy bien.

En cuanto a joyas, las damas de la familia real de Bélgica son “pobres”. En términos relativos, por supuesto, porque, en realidad no poseen tantos tesoros como otras cortes de Europa. Por eso en 2019 aprovecharon que había un remate interesante de buenas joyas y compraron un par de tiaras, pulseras y algunos aros. Como quien se hace un stock de zapatillas para el cole.

Precisamente la princesa Eleonora recibió de regalo cuando cumplió 18 años, una tiara y unos aros de aquel lote que estrenó para esta gala con los japoneses.

Se trata de una tiara de principios del siglo XX y es de la casa belga Coseemans. Posee diamantes en talla rosa engastados en plata y oro, un trébol central que puede usarse como broche y una base que puede desmontarse y usarse sola. Recordemos que Elizabeth también recibió una tiara antigua para sus18 cumpleaños que prefirió no usar ahora y llevar, por primera vez, la tiara de laureles, propiedad de su madre. Fue un obsequio del consejo de estado para su boda con el entonces heredero al trono.

Mientras, en España, la princesa de Asturias es vista más con traje militar que con vestidos ya que hace casi cuatro años que se está formando en los tres ejércitos y su hermana está en plena formación universitaria al igual que la princesa Ingrid, en Noruega. Isabella, en Dinamarca, ha terminado sus estudios y se prepara para la sus estudios superiores. Recuerden estos nombres porque van a dar que hablar. Pronto las veremos como estrellas, brillando en el horizonte de las elegantes galas de estado.

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