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Llegar a la meta todos juntos Atletas con discapacidad que corren y entrenan con compañía

En un grupo platense de running hay personas ciegas, con baja visión, discapacidad motriz y discapacidad auditiva que se ejercitan, compiten y viajan junto a una red de guías voluntarios. Para muchos, la actividad física significa recuperar autonomía, vínculos y una parte de la vida que parecía perdida
se gesta una relación entre el atleta y la guía / el dia
en la actualidad, hay alrededor de 15 personas con discapacidad que son parte de grupo / el dia
para matías, el grupo es seguir creciendo / el dia
algunos miembros van por la maraton / el dia

Por Redacción

La historia de Los Leones de la Patria empezó, según cuenta Pablo Arteca, coordinador del grupo, alrededor de 2009 o 2010. Eran apenas cinco o seis hinchas de Estudiantes que comenzaron a participar en distintas carreras con la camiseta del club. Con el tiempo, aquel pequeño grupo fue creciendo hasta convertirse en una comunidad de alrededor de 150 corredores.

No obstante, el vínculo con el atletismo y la discapacidad apareció unos años después. En 2016, cuando se realizó la primera carrera de Estudiantes, apareció entre los inscriptos Maximiliano Vázquez, el primer atleta ciego que se sumó al grupo. Corrió acompañado por un guía y aquella experiencia abrió una nueva etapa. “A partir de él empezamos a armar dentro del mismo grupo una parte más relacionada a todo el atletismo para personas con discapacidad”, cuenta Arteca en diálogo con EL DIA.

Hoy son entre 14 y 15 personas ciegas que corren dentro del grupo, además de un corredor con discapacidad auditiva y dos personas con discapacidad motriz. Los entrenamientos se realizan habitualmente dos o tres veces por semana. Los martes y jueves, la cita suele ser en la República de los Niños. Allí funciona también una red de guías voluntarios: un grupo de WhatsApp reúne a unas 60 personas dispuestas a acompañar a los atletas. No todos pueden ir siempre, porque se trata de una actividad voluntaria y cada guía tiene sus propios horarios y obligaciones. Pero la organización permite que quienes quieren entrenar puedan encontrar a alguien que los acompañe.

Para los corredores ciegos, una de las herramientas fundamentales es una soga elástica que une la muñeca del atleta con la del guía. Pero el vínculo no se reduce a ese elemento. El guía debe anticipar una subida, una bajada, una curva o un obstáculo y dar indicaciones verbales. Con los años, además, los propios corredores terminan conociendo los circuitos de memoria: reconocen árboles por el olor, perciben cuándo pasan cerca del lago y hasta identifican el túnel por el eco.

“Mi objetivo es correr por y para ellos, para que juntos logremos un objetivo en común”, afirma Arteca. Para él, la recompensa no está solamente en la marca o la medalla: “El cruzar la meta con uno de ellos, el lograr un objetivo, el abrazo final de ellos... esa para mí es la mejor medalla de cualquier carrera”.

Uno de esos momentos ocurrió recientemente con Pía Richieri, una corredora ciega que en su primera carrera de 10 kilómetros, recorrió tres kilómetros tomada de la soga de su guía y los siete restantes corrió suelta, siguiendo las indicaciones y utilizando como referencia el sonido de los pasos. Para Arteca, “esa libertad de poder hacer el deporte que hace cualquiera de nosotros, que parece una pavada, darse una vuelta, dos vueltas, cinco vueltas a la Repu trotando y sentir ese ventito en la cara de manera autónoma, para ellos vale muchísimo”, resume.

El grupo tampoco funciona a partir de una cuota. Nadie cobra por participar y, en muchas ocasiones, son los propios integrantes quienes ponen dinero para comprar ropa, zapatillas o equipamiento. Han realizado rifas para conseguir materiales y llegaron a comprar cuatro bicicletas tándem para participar en duatlones.

El proyecto, mientras tanto, sigue creciendo. Algunos corredores eligen distancias cortas; otros ya completaron medias maratones y se preparan para objetivos mayores. Para el año próximo, Arteca tiene un desafío concreto: acompañar a dos atletas en su primer maratón de 42 kilómetros. “Eso lo tenemos en carpeta y se va a realizar”, asegura. Y mientras aparecen nuevos objetivos, el grupo conserva una idea que atraviesa todos los testimonios: correr no es solamente correr. Es entrenar, competir y mejorar, pero también recuperar espacios, construir vínculos, moverse con mayor autonomía y formar parte de una actividad que muchas veces parecía inaccesible.

El guía anticipa una subida, una bajada, una curva o un obstáculo y dar indicaciones verbales

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