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Los árboles que cuentan la historia de La Plata: un recorrido por los gigantes centenarios que sobreviven al paso del tiempo

Mucho antes de que existieran las calles, diagonales y plazas de La Plata ya había árboles que hoy siguen en pie. A ellos se suman ejemplares vinculados a personajes históricos, especies únicas y arboledas centenarias que conforman un patrimonio natural poco conocido. Especialistas trabajan para identificarlos, protegerlos y ponerlos en valor

FOTOS: GONZALO CALVELO
Robles, tilos, araucarias y palmeras conservan, desde hace más de un siglo, la memoria viva del paisaje platense / Gonzalo Calvelo
Algunos árboles de La Plata comenzaron a crecer antes de la fundación de la ciudad y hoy forman parte de su patrimonio / GONZALO CALVELO

Por Redacción

La historia de La Plata no solamente puede leerse en sus edificios, monumentos o calles. También está escrita en los árboles. Algunos fueron testigos del nacimiento de la ciudad; otros sobrevivieron a la transformación de antiguas estancias en parques públicos y varios conservan el recuerdo de acontecimientos, instituciones y personajes que marcaron la identidad platense.

Aunque en Argentina la noción de “árbol histórico” suele asociarse a ejemplares vinculados con episodios trascendentes -como el célebre Pino de San Lorenzo-, hoy el concepto es más amplio. En distintas partes del mundo gana terreno la categoría de árboles patrimoniales, que además contempla ejemplares de gran antigüedad, dimensiones excepcionales, rareza botánica, valor paisajístico o importancia cultural.

“Los árboles históricos son aquellos relacionados con un hecho relevante, mientras que los árboles patrimoniales incluyen también ejemplares antiguos, de gran porte, únicos o con un valor especial para una comunidad”, explicó Gustavo Delucchi, director del Arboretum de la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales de la Universidad Nacional de La Plata y docente de las facultades de Ciencias Agrarias y Forestales y de Ciencias Naturales y Museo.

“Debe ser una de las pocas ciudades que tiene árboles más viejos que la propia ciudad”, afirman

Según el especialista, este enfoque comenzó a consolidarse hace pocos años y permite ampliar la mirada sobre un patrimonio que muchas veces pasa inadvertido.

ÁRBOLES MÁS VIEJOS QUE LA CIUDAD

Una de las particularidades de La Plata es que conserva árboles anteriores a su propia fundación. Antes de 1882, parte del actual Bosque pertenecía a una estancia y algunos de los ejemplares plantados entonces todavía permanecen en el lugar.

Entre ellos se destaca el robledal ubicado junto a la cancha de Estudiantes, entre Plaza Almirante Brown y la avenida Iraola. Esos robles fueron plantados alrededor de 1856 y hoy rondan los 170 años de vida.

“Debe ser una de las pocas ciudades que tiene árboles más viejos que la propia ciudad”, señaló Delucchi.

No muy lejos de allí, entre la Gruta y la cancha de Gimnasia, se levanta una enorme araucaria cuya plantación se estima hacia 1862. Fotografías históricas de la antigua estancia permiten comprobar que el ejemplar ya formaba parte del paisaje décadas antes de la fundación de La Plata.

Para el investigador, tanto el robledal como esa araucaria representan algunos de los principales candidatos a integrar formalmente el patrimonio arbóreo histórico de la ciudad.

LAS PRIMERAS PLANTACIONES DE LA CAPITAL BONAERENSE

La historia forestal de La Plata continuó inmediatamente después de la fundación. Uno de los ejemplos más representativos puede verse en el Parque Saavedra, donde aún sobreviven las palmeras pindó que fueron plantadas en 1883.

Originalmente esas palmeras ornamentaban las ramblas de las avenidas 51 y 53. En 1909 fueron trasladadas al parque, mientras que otras quedaron distribuidas en distintos sectores del Bosque.

También forman parte de ese patrimonio los grandes plátanos de numerosas avenidas y diagonales, muchos de los cuales fueron plantados a comienzos del siglo XX y todavía continúan definiendo la imagen urbana de La Plata.

Lo mismo ocurre con los tradicionales tilos que dieron identidad a la ciudad. Delucchi recordó que existe una antigua leyenda que sostiene que La Plata es la única ciudad del mundo forestada con tilos. Si bien Berlín contaba con una célebre avenida conocida como Unter den Linden (“Bajo los tilos”), gran parte de esos árboles desapareció durante la Segunda Guerra Mundial.

En La Plata, en cambio, muchos de los tilos actuales fueron plantados alrededor de 1910 y superan ampliamente el siglo de vida. A ellos se suman los jacarandás y las tipas de diagonal 73, incorporados durante la década de 1920 y convertidos hoy en parte inseparable del paisaje urbano.

ÁRBOLES QUE CONSERVAN LA MEMORIA

No todos los árboles patrimoniales son necesariamente antiguos. Algunos adquieren relevancia por los hechos que representan.

Uno de ellos se encuentra en el Rectorado de la Universidad Nacional de La Plata. Allí crece un aguaribay descendiente de un ejemplar que formaba parte de Samay Huasi, la residencia de Joaquín V. González, fundador de la casa de estudios. Una placa de cerámica recuerda ese origen y convierte al árbol en un verdadero símbolo institucional.

El objetivo es registrar ejemplares con características excepcionales, vigencia y tamaños

Otro caso se ubica frente al Museo de La Plata, donde un higuerón recuerda al naturalista Carlos Spegazzini. El propio científico plantó ese ejemplar y años después fue preservado cuando existía la intención de talarlo.

En distintos espacios públicos también existen árboles acompañados por placas recordatorias dedicadas a docentes, investigadores o figuras destacadas, una práctica frecuente en ámbitos universitarios que, con el paso del tiempo, también puede otorgarles valor histórico.

LOS ÁRBOLES QUE YA NO ESTÁN

Como ocurre con muchos bienes patrimoniales, algunos ejemplares desaparecieron.

Uno de los casos más conocidos fue el retoño del histórico Pino de San Lorenzo que se encontraba en Plaza San Martín, frente al Pasaje Dardo Rocha. Plantado durante la década de 1940, el árbol estaba acompañado por una placa conmemorativa.

Según explicó Delucchi, el ejemplar habría terminado de secarse durante las recientes obras de remodelación de la plaza, posiblemente como consecuencia de los movimientos de suelo que afectaron su sistema radicular.

También desaparecieron los grandes ombúes que durante décadas ocuparon Plaza Italia y que, según distintas versiones, eran anteriores incluso al diseño original del paseo.

UN PATRIMONIO QUE TODAVÍA SE ESTÁ DESCUBRIENDO

El trabajo para identificar y proteger estos ejemplares continúa. Desde el Arboretum de la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales, Delucchi integra un proyecto que busca catalogar los árboles patrimoniales de distintos predios de la Universidad Nacional de La Plata.

La primera etapa estuvo dedicada al Rectorado y luego al Observatorio Astronómico. Actualmente el relevamiento se concentra en el Bosque platense, incluyendo el Arboretum, los jardines de las facultades de Ciencias Agrarias y Forestales, Ciencias Naturales y Museo, Medicina y Veterinaria.

El objetivo es registrar aquellos ejemplares que poseen características excepcionales, ya sea por su antigüedad, tamaño, singularidad o importancia histórica.

En ese recorrido aparecen árboles de dimensiones monumentales, como las araucarias y eucaliptos de más de 35 metros de altura que crecen en el Arboretum, además de especies nativas introducidas hace más de un siglo por el naturalista Carlos Spegazzini luego de sus expediciones por el país.

“Cada tanto, entre la arboleda del Bosque aparece una especie nativa que quizá sea la única plantada en La Plata. Aunque no esté asociada a un hecho histórico, tiene un enorme valor patrimonial”, destacó Delucchi.

Para el especialista, reconocer estos ejemplares implica ampliar la manera de entender el patrimonio urbano. Así como se protege un edificio o un monumento, también existen árboles capaces de contar la historia de una ciudad.

Algunos comenzaron a crecer cuando La Plata todavía no existía. Otros acompañaron su nacimiento, sobrevivieron a las transformaciones del paisaje y continúan ofreciendo sombra a miles de personas. Son monumentos vivos que, silenciosamente, conservan la memoria de casi dos siglos de historia.

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