Si algo muestra la historia reciente de las jugueterías es que los juguetes pueden cambiar muchísimo sin que cambie tanto la esencia de jugar.
Hay productos que desaparecen durante algunos años y después vuelven. Otros incorporan tecnología, nuevos materiales o accesorios. Algunos se transforman en fenómenos de colección. Pero detrás de esas modificaciones permanecen categorías que llevan décadas acompañando a las infancias.
Las muñecas son un ejemplo. Las versiones actuales pueden venir acompañadas por vehículos, casas y todo tipo de accesorios. También existen alternativas de distintos precios. Pero la experiencia de fondo sigue siendo la misma: crear personajes, inventar historias y reproducir situaciones de la vida cotidiana.
Lo mismo ocurre con los muñecos de acción. Los personajes se actualizan, aparecen diseños inspirados en películas y series, y se incorporan características nuevas, como materiales que permiten estirarlos sin romperlos. Pero siguen siendo muñecos.
En los últimos tiempos también ganaron espacio los objetos pequeños y coleccionables. Miniaturas de comidas, pequeños accesorios, heladeritas y otros elementos diminutos forman parte de una tendencia que parece nueva, aunque en realidad recupera una idea conocida: jugar con objetos que reproducen, a pequeña escala, el mundo de los adultos.
Los llamados “squishy” o juguetes apretables sí representan una categoría más reciente. Pero incluso allí aparece una constante: el juguete ofrece una experiencia física y concreta que las pantallas no pueden reproducir del mismo modo. También hay lugar para productos vinculados con la tecnología. Los drones y los vehículos radiocontrolados aparecen entre las tendencias actuales. En este caso, la tecnología no reemplaza al juguete sino que se incorpora a él.
La diferencia con aquellos juguetes de hace 20 años puede ser enorme. Un vehículo radiocontrolado de entonces podía distinguirse, por ejemplo, por tener cable o no tenerlo. Hoy los drones permiten manejar objetos que vuelan y trasladan el juego a otra dimensión. Pero la idea de fondo sigue siendo la misma: controlar un objeto, experimentar, jugar.
También está cambiando la relación entre los juguetes y los espacios donde viven los chicos. Arcidiacono señala que durante un período tuvieron mucha presencia los artículos para jardín, como hamacas y calesitas. Después, con el crecimiento de los departamentos y la transformación de las viviendas, esos productos perdieron espacio.
Ahora observa una recuperación gradual asociada a los cambios urbanos de La Plata, donde vuelven a aparecer terrenos y construcciones de casas. El juguete, una vez más, responde a las transformaciones de la sociedad.
Por eso, más que hablar de juguetes que desaparecen, quizás haya que hablar de juguetes que esperan su momento. La pregunta, entonces, no es tanto cuál será el juguete que reemplazará a los actuales, sino qué forma tendrá el próximo regreso.
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