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¿Necesitamos hacer “detox”?: qué hay detrás de la idea de “limpiar” el organismo

Jugos verdes, ayunos y dietas depurativas que prometen eliminar toxinas. Pero, el cuerpo ya cuenta con sus propios mecanismos. Qué hábitos realmente pueden ayudarlo a funcionar mejor
Un jugo verde no “barre” toxinas / Freepik

Llega la primavera y la escena se repite. Después de varios meses de comidas más contundentes, menos actividad al aire libre y quizás algunos kilos de más, aparece la sensación de que es momento de “limpiar” el cuerpo.

Un jugo verde por la mañana. Unos días sin harinas. Una ventana de ayuno. Una dieta basada casi exclusivamente en frutas y verduras. En las redes sociales, la palabra “detox” puede significar prácticamente cualquier cosa.

Pero hay una pregunta anterior: ¿nuestro cuerpo acumula realmente “toxinas” que necesitan ser eliminadas mediante una dieta? La respuesta requiere separar dos conceptos que muchas veces aparecen mezclados.

El organismo efectivamente procesa, transforma y elimina de manera permanente sustancias que no necesita o que podrían resultar perjudiciales. Pero esa tarea no comienza después de tomar un licuado de apio: sucede las 24 horas del día.

El médico argentino Alberto Cormillot suele hacer precisamente esa distinción. Aunque considera que “desintoxicación” es un término muchas veces utilizado de manera incorrecta, explica que el organismo posee mecanismos propios en los que intervienen, entre otros, hígado, riñones, sistema digestivo, pulmones y piel.

En términos médicos, desintoxicar significa eliminar o transformar sustancias potencialmente tóxicas o extrañas al organismo. El hígado desempeña un papel central en esos procesos, mientras los riñones filtran la sangre y permiten eliminar numerosos productos de desecho a través de la orina.

Cormillot propone, entonces, una interpretación diferente del popular concepto de “comer para desintoxicar”: no pensar en una limpieza extraordinaria sino en organizar la alimentación de manera que aporte los nutrientes necesarios para que el organismo pueda cumplir normalmente sus funciones.

La diferencia parece pequeña, pero cambia por completo el concepto. No se trataría de “borrar” durante tres días lo que comimos durante tres meses, sino de construir condiciones saludables todos los días.

¿UN JUGO VERDE PUEDE LIMPIARNOS?

La evidencia científica disponible invita a desconfiar de las promesas demasiado contundentes. Una revisión publicada en Journal of Human Nutrition and Dietetics analizó las dietas comercializadas como detox y encontró muy poca evidencia clínica que respaldara su utilización para eliminar toxinas. Los investigadores señalaron además que los pocos trabajos que mostraban algún beneficio presentaban problemas metodológicos o incluían muestras pequeñas.

Esto no convierte a un jugo verde en algo malo. Puede ser una forma de incorporar determinados alimentos. El problema aparece cuando se le atribuye una capacidad que no ha sido demostrada: “limpiar” el hígado, eliminar sustancias acumuladas o compensar excesos.

La British Dietetic Association sostiene algo similar: en personas sanas, el cuerpo dispone de sistemas propios que continuamente filtran, metabolizan y eliminan productos de desecho. No existe una bebida, parche, té o suplemento capaz de realizar mágicamente mejor ese trabajo.

La nutricionista platense Martina Mansilla propone rescatar, sin embargo, algo positivo de esta tendencia: aprovechar el cambio de estación para revisar hábitos. “Durante el invierno nuestros hábitos suelen cambiar. Es frecuente consumir alimentos más calóricos, platos más pesados o dulces propios de la temporada. Al mismo tiempo, la actividad física suele disminuir y pasamos más tiempo en interiores”, explica.

En ese contexto, considera que el concepto puede resignificarse: “Un detox de primavera puede entenderse como un momento para revisar hábitos, mejorar la alimentación y favorecer el equilibrio digestivo. No tiene que ver con dietas milagro ni con soluciones rápidas”, señala Mansilla.

Ese enfoque cambia el objetivo. Ya no se trata de expulsar una misteriosa acumulación de toxinas, sino de preguntarse cuánto nos movemos, qué comemos, cómo dormimos o cuánta agua tomamos.

Para Mansilla, uno de los primeros pasos puede ser recuperar alimentos que quizá perdieron protagonismo durante los meses fríos. “Las frutas y verduras tienen un papel fundamental. Su contenido en fibra favorece el tránsito intestinal y, además, aportan vitaminas, minerales y diferentes compuestos antioxidantes”, explica.

Legumbres, cereales integrales, frutas, verduras, frutos secos y semillas permiten aumentar también la diversidad de alimentos vegetales de la dieta. Y no hace falta buscar ingredientes exóticos. Un plato con verduras. Una fruta como colación. Legumbres varias veces por semana. Avena o cereales integrales. Agua como bebida habitual. Preparaciones caseras en lugar de depender permanentemente de productos ultraprocesados.

Pequeñas decisiones bastante menos espectaculares que un programa detox de siete días, pero mucho más fáciles de sostener.

EL INTESTINO TAMBIÉN IMPORTA

Otro de los protagonistas de los últimos años es la microbiota intestinal: la enorme comunidad de microorganismos que habita nuestro aparato digestivo y participa en numerosas funciones fisiológicas.

La alimentación influye sobre ella, y existe un creciente campo de investigación que estudia su relación con el metabolismo, la inmunidad y diferentes enfermedades. Pero aquí también conviene evitar simplificaciones.

Durante años se popularizó, por ejemplo, la idea de que una mayor proporción de bacterias Firmicutes frente a Bacteroidetes podía explicar el sobrepeso. Estudios posteriores encontraron resultados contradictorios y una elevada heterogeneidad entre poblaciones, por lo que actualmente esa relación no puede utilizarse como una explicación sencilla de por qué una persona aumenta o disminuye de peso.

Lo que sí tiene bastante menos misterio es que una alimentación variada y rica en alimentos vegetales aporta fibra y otros componentes que interactúan con las bacterias intestinales.

“Más que recurrir a dietas restrictivas durante unos días, conviene pensar en hábitos que podamos mantener en el tiempo”, sostiene Mansilla.

Laura trabaja como empleada administrativa en La Plata y desde hace tiempo practica ayuno intermitente. “En mi caso hago una ventana determinada para comer y durante el resto de las horas no consumo alimentos. Empecé porque sentía que picaba permanentemente, desde que me levantaba hasta que me iba a dormir, y me ayudó sobre todo a ordenar mis horarios”, cuenta.

No lo vive como una compensación después de comer de más. “Al principio pensaba bastante en la idea de desintoxicarme, pero después entendí que no pasa por ahí. Para mí terminó siendo una forma de organizar las comidas. Si un día tengo una cena o cambia mi rutina, tampoco siento que haya arruinado nada.”

El ayuno intermitente engloba diferentes modalidades: algunas restringen la ingesta a determinadas horas del día y otras alternan jornadas o períodos con distinta ingesta energética. Se han investigado posibles efectos metabólicos, particularmente en personas con sobrepeso, pero todavía existen interrogantes sobre sus beneficios y seguridad a largo plazo y no existe evidencia suficiente para recomendar un único esquema a toda la población.

Por su parte, Tomás es ingeniero y el ejercicio forma parte de su vida cotidiana. Va al gimnasio todos los días, incluso los domingos, y aproximadamente cada dos meses realiza lo que él llama su propio “detox”. “Para mí no significa vivir a jugos. Durante unos días saco el alcohol, reduzco muchísimo los productos ultraprocesados, tomo más agua y trato de comer frutas, verduras y comidas caseras. Lo hago cada dos meses porque siento que me ayuda a volver a ordenarme”, cuenta.

Su experiencia muestra también la elasticidad que adquirió la palabra detox. “Entreno todo el año y trato de cuidarme, pero obviamente tengo reuniones, asados, cumpleaños y fines de semana en los que como distinto. Cada tanto me gusta hacer unos días mucho más ordenados. No lo pienso como un castigo, sino como volver a mi rutina.”

Desde un punto de vista científico, probablemente aquello que Tomás describe tenga menos que ver con “desintoxicarse” que con los propios hábitos que adopta durante esos días: menos alcohol y ultraprocesados, más alimentos frescos, hidratación y actividad física.

NO HAY QUE COMPENSAR

Este quizá sea uno de los puntos más importantes. Una alimentación saludable no funciona como una cuenta corriente en la que un fin de semana de excesos genera una deuda que debe pagarse con tres días de restricciones.

“Las dietas estrictas pueden provocar cambios rápidos, pero son difíciles de sostener. El enfoque debería estar puesto en cambios progresivos del estilo de vida: mejorar la alimentación, mantenerse activo, dormir bien y cuidar la salud digestiva”, señala Mansilla.

Incluso algunos productos vendidos específicamente como “detox” merecen cautela. Una revisión publicada en 2026 sobre tés comercializados para adelgazar o desintoxicar encontró beneficios escasamente demostrados y recogió reportes de efectos adversos, además de casos de productos con estimulantes o ingredientes farmacológicos no declarados.

Quizás la mejor desintoxicación sea, entonces, bastante menos atractiva para una foto de Instagram. Dormir bien. Tomar agua. Comer suficiente fibra. Llenar el plato de colores. Moderar el alcohol. Mover el cuerpo. No fumar. Recuperar horarios. Volver a cocinar. Y hacerlo no durante tres días, sino la mayor parte del año.

Porque el cuerpo no parece necesitar que lo “limpiemos” cada primavera. Lo que sí necesita es que le demos, todos los días, mejores condiciones para hacer el trabajo que ya sabe hacer.

“Un jugo verde limpia el organismo”

MITO

Un jugo puede aportar vitaminas, minerales y otros compuestos presentes en frutas y verduras, pero no “barre” toxinas. El hígado, los riñones, el intestino y los pulmones participan continuamente en el procesamiento y eliminación de sustancias.

“El hígado es uno de los grandes protagonistas de la desintoxicación natural”

VERDAD

El hígado transforma numerosas sustancias para que puedan ser utilizadas o eliminadas por el organismo. Los riñones, el aparato digestivo y los pulmones también cumplen funciones fundamentales.

“Después de un fin de semana de excesos conviene ayunar para compensar”

MITO

No es necesario “pagar” lo que comimos dejando de comer. Es preferible retomar una alimentación habitual y equilibrada, hidratarse, descansar y volver a moverse.

“Comer más frutas, verduras y fibra puede ayudar al organismo”

VERDAD

No porque estos alimentos hagan un detox, sino porque una alimentación variada aporta fibra, vitaminas, minerales y otros compuestos necesarios para el funcionamiento normal del organismo y favorece la salud intestinal.

“Tomar más agua de la necesaria acelera la desintoxicación”

MITO

Estar bien hidratado es importante para el funcionamiento de los riñones y del organismo en general, pero beber cantidades excesivas de agua no hace que el cuerpo se “limpie” más rápido.

“Transpirar mucho ayuda a eliminar toxinas”

MITO

La función principal de la transpiración es regular la temperatura corporal. Aunque a través del sudor se eliminan pequeñas cantidades de algunas sustancias, no es una vía principal de “desintoxicación”.

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