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Pantallas y dolor cervical: por qué el cuerpo necesita volver a moverse

Después de la pandemia aumentaron las consultas por molestias y rigidez en el cuello y pérdida de movilidad en los hombros, inclusive en los jóvenes. Especialistas explican cómo los hábitos de quietud y las largas horas frente a dispositivos repercuten en el organismo

Las consecuencias de la mala postura no sólo afectan a los adultos / FP
La actividad física propone buscar un cuerpo independiente / Freepik
La falla radica no sólo en la mala posición, sino en sostenerla durante períodos prolongados / Freepik
La falta de ejercicio puede repercutir en movimientos diarios / Freepik

Por Redacción

Hay un cambio en el cuerpo que comenzó a hacerse más visible después de la pandemia: más molestias en el cuello, mayor rigidez y pérdida de movilidad en los hombros. María Laura Pagola, profesora de Educación Física y especialista de la Universidad Nacional de La Plata, trabaja con personas de distintas edades, principalmente adultos, y realiza una evaluación antes de comenzar una práctica de gimnasia postural. En ese momento, cuenta en diálogo con EL DIA, aparece un fenómeno que se acentuó después de aquellos meses: aumentaron las consultas por este tipo de molestias.

Pero no es un problema exclusivo de los adultos. Pagola también señala un crecimiento entre los jóvenes. La explicación que encuentra está relacionada con una modificación más amplia de los hábitos cotidianos durante la pandemia. Además, el trabajo, el estudio y los vínculos sociales se trasladaron a las pantallas. Con el tiempo, muchas de esas actividades volvieron. Sin embargo, algunos rasgos permanecieron. “El celular y la computadora siguen ocupando muchas horas del día”, señala Pagola. Y esa permanencia se refleja en el cuerpo: más rigidez, menos movilidad y mayores dificultades para moverse.

Cuando una persona mira una pantalla, explica la especialista, adelanta la cabeza, baja la mirada, redondea la parte alta de la espalda y mantiene los brazos hacia adelante. El problema aparece cuando esa posición se sostiene durante horas. En esas condiciones, los músculos del cuello y de la cintura escapular deben sostener el peso de una cabeza adelantada. Si la situación se repite todos los días, puede aparecer tensión cervical, dolor de cabeza y sobrecarga de la zona.

Cuidar la postura no es solo sentarse derecho. Es construir un cuerpo fuerte, móvil y capaz de adaptarse a distintas situaciones”

María Laura Pagola
Profesora de Educación Física

Sin embargo, reducir todo el problema a “tener mala postura” sería insuficiente. Para Pagola, una de las cuestiones centrales es la permanencia durante períodos prolongados en una misma posición. Una postura puede resultar cómoda y, aun así, no ser conveniente para el cuerpo.

Por eso, la respuesta no pasa por encontrar una única postura que deba ser mantenida por todas las personas. Lo importante, sostiene, es salir de aquellas posiciones rígidas que sobrecargan el cuerpo y generan dolor.

La especialista propone, en cambio, prestar atención al cuerpo, practicar ejercicios, disfrutar del movimiento y adoptar las posturas que alivian y generan placer. También plantea acortar los períodos prolongados de inmovilidad e incorporar a la vida cotidiana lo que enseñan los profesores.

La cuestión de fondo es recuperar un cuerpo que pueda moverse, adaptarse y responder a distintas situaciones. “Cuidar la postura no es solo sentarse derecho”, resume Pagola. Es construir un cuerpo fuerte, móvil y capaz de adaptarse a diferentes situaciones. Las pantallas, aclara, ya forman parte de la vida cotidiana. El objetivo no es eliminarlas, sino aprender a utilizarlas sin abandonar el movimiento controlado y planificado.

LA POSTURA QUE SE REPITE DURANTE HORAS

Mirar un dispositivo implica una serie de posiciones que pueden terminar convirtiéndose en un patrón cotidiano: la cabeza se adelanta, la mirada baja, la parte alta de la espalda se redondea y los brazos quedan hacia adelante. El problema señalado por Pagola no está solamente en adoptar esa posición, sino en sostenerla durante períodos prolongados. En esa situación, los músculos del cuello y de la cintura escapular tienen que sostener el peso de una cabeza adelantada.

Cuando esto se repite todos los días, explica la especialista, pueden aparecer tensión cervical, dolor de cabeza y sobrecarga de la zona.

NO EXISTE UNA POSTURA CORRECTA PARA TODOS

Frente a las molestias, puede aparecer la idea de que existe una postura ideal que debería mantenerse durante todo el día. Pagola cuestiona esa mirada. “No existe una misma postura adecuada para todos”, afirma. Lo importante es salir de las posiciones rígidas que sobrecargan el cuerpo y generan dolor.

La especialista plantea que una persona puede sentirse cómoda llevando los hombros y la pelvis hacia adelante, pero esa posición puede generar una sobrecarga en el cuello o en la zona lumbar. También puede provocar pérdida de movilidad en los hombros, tensión en el pecho y menor resistencia de los músculos de la espalda.

Por eso, cuidar la postura no significa permanecer quieto en una determinada posición. La propuesta es prestar atención al cuerpo, practicar ejercicios y encontrar posturas que alivien y den placer.

LO QUE DEJÓ LA QUIETUD DE LA PANDEMIA

Cambiaron los hábitos de movimiento. Se pasó más tiempo dentro de casa, hubo menos desplazamientos y se interrumpieron actividades como la gimnasia, los deportes, las actividades acuáticas y la danza. El trabajo, el estudio y los vínculos sociales también se trasladaron a las pantallas.

Muchas actividades se recuperaron después, pero algunos hábitos permanecieron. El celular y la computadora siguieron ocupando muchas horas del día. Para Pagola, esa continuidad puede verse en el cuerpo: más rigidez, menos movilidad y más dificultad para moverse.

Cuando se retomó la actividad física, la especialista encontró un patrón que se repetía en distintas personas. Había menos fuerza para sostener el propio peso, menos resistencia para completar una clase, menos equilibrio y estabilidad al apoyarse y menos coordinación para encadenar un movimiento con otro.

A eso se sumaba una sensación general de inseguridad al moverse. “Los meses de quietud dejan marcas en el cuerpo”, plantea.

LA PÉRDIDA DE MOVIMIENTO EN LA VIDA COTIDIANA

Las consecuencias de haber perdido fuerza, resistencia, equilibrio y coordinación no quedan limitadas a una clase de gimnasia. Según Pagola, pueden aparecer en los movimientos habituales de la vida cotidiana.

La marcha puede volverse insegura. También puede aparecer dificultad para levantarse de una silla, bajar del auto o pasar de estar acostado a sentarse.

Uno de los aspectos que destaca la especialista es el miedo a caerse. Ese temor puede terminar condicionando el movimiento. “Quien teme caerse se mueve menos, y moverse menos profundiza el problema”, explica.

La clase de actividad física es el lugar donde muchas de estas dificultades pueden ser detectadas, pero el problema se manifiesta fuera de ese espacio, en los movimientos que forman parte de la vida diaria.

VOLVER A CONSTRUIR UN CUERPO MÓVIL

Para Pagola, recuperar el movimiento implica prestar atención al cuerpo, practicar ejercicios y disfrutar de las posibilidades que ofrece moverse. También significa acortar los períodos prolongados de inmovilidad e incorporar a la vida cotidiana aquello que se aprende durante la actividad física.

La especialista plantea que aprender a utilizar el cuerpo con buenas posturas y nuevas combinaciones de movimiento permite ganar independencia para moverse, seguridad y una mejor predisposición y disfrute.

Por eso, la postura no aparece como una posición fija que deba sostenerse todo el tiempo. El objetivo es construir un cuerpo fuerte, móvil y capaz de adaptarse a distintas situaciones.

LA IMPORTANCIA DE UNA ACTIVIDAD PLANIFICADA

Para Pagola, detrás de estas dificultades existe un factor central: la falta de una actividad física programada, dirigida, controlada y evaluada. Una de las alternativas a las que recurren algunas personas son los videos o las recomendaciones de quienes no son profesionales de la Educación Física. El problema, según señala, es que pueden tratarse de rutinas generalizadas que no contemplan las características particulares de cada persona.

La propuesta de la gimnasia postural parte, en cambio, de una evaluación previa. A partir de esa evaluación se puede realizar una planificación individual.

MOVERSE CON OTROS TAMBIÉN IMPORTA

Hay una dimensión de la actividad física que, según Pagola, no ofrecen las pantallas ni una rutina realizada en casa: el encuentro con otros. “Moverse con otros no es un adorno de la actividad física, sino parte de lo que la vuelve sostenible”, afirma.

En esas prácticas existe un vínculo entre el profesor y los alumnos y también entre los propios alumnos. Cada persona puede tener una planificación individual de acuerdo con la evaluación previa, pero ese trabajo se desarrolla en un espacio común.

La propuesta integra los recorridos individuales dentro de una experiencia grupal. De esta manera, la actividad física no se limita a repetir una serie de ejercicios, sino que también incorpora el vínculo como parte de la práctica.

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