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“Perfume”: una película rescata la luz de Epumer y la devuelve al presente

Lucía Ruiz encontró 50 horas de material que la emblemática guitarrista había filmado, y junto a Andrea Testa compuso un documental que se rebela a su partida y del que, dicen, ella también es autora
María Gabriela Epumer
Andrea Testa y Lucía Ruiz, las encargadas de “Perfume”

Por Redacción

“Nos encontramos con un tesoro”, cuenta Andrea Testa, codirectora junto a Lucía Ruiz de “Perfume”, película que se puede ver desde este viernes en el porteño Malba, sobre, de y con María Gabriela Epumer, emblemática guitarrista, parte de Viuda e Hijas de Roque Enroll y del ensamble de Charly García, que se fue de gira por la eternidad con apenas 39 años. El tesoro que encontraron estaba en una caja guardada: 50 horas de material audiovisual inédito grabado por Mapu entre 1995 y 2003. Con ese material, Ruiz y Testa tejieron una película sobre la música, sobre el trabajo artístico, “y sobre una persona de otro planeta”.

Un viaje que comenzó con una idea: Lucía Ruiz quería hacer una película sobre Epumer. Se acercó a la familia, y ahí aparecieron las cajas con objetos de ella, con vestuario, recortes de diarios, fotos de su vida y las cajas con los tapes, que no estaban digitalizados pero estaban muy bien conservados. Allí aparece Epumer, en primera persona: y allí Ruiz y su equipo (Testa se sumó en esa instancia, con su productora Pensar con las manos) empezaron a ver a “una mujer muy creativa”, cuenta Testa, “que invitaba a la fantasía, a la imaginación, a abrir otra perspectiva a través de su música. Una mujer muy mágica, que siempre iba para adelante. Muy exigente, en busca de la excelencia, pero con un liderazgo muy amoroso, que confiaba en el otro”.

El título de la película casi no se discutió: “Siempre fue ‘Perfume’, porque hay mucho material de cómo ella construye el disco, lo presenta, se ve todo el trabajo atrás, algo que pone en valor el trabajo artístico”. La discusión sobre la forma fue más ardua: mientras veían las horas de material, lo catalogaban y comenzaban a entender de qué se trataban esos momentos de intimidad capturados, intentando escribir un guion (y, en paralelo, buscaban recursos para financiar la película: fue realizada en parte gracias al financiamiento colectivo de 340 personas), comenzaron a debatir si ese material no reclamaba ser el protagonista absoluto, y, por lo tanto, que, a través del archivo, hablara Epumer. Desde su tiempo. Una forma que “el mismo material respiraba: había algo ahí, en esa textura de la cámara hogareña, que transmitía algo. Y queríamos apelar a la mirada desde la intuición, y no tanto desde la razón, no racionalizar tanto”.

Así surgió una idea: hacer una película solo con las imágenes que dejó atrás Mapu, una película de María Gabriela Epumer, como dice el afiche. “Queríamos que esté el nombre de ella. Es una película sobre Epumer, con Epumer…”, dice Testa. “Sentíamos que de repente estaba María Gabriela señalándolos… Hay algo muy fuerte en estar entre las cosas de una persona. A veces hasta se puede oler algo en el vestuario. Así que no es solamente nuestra mirada del mundo, aunque obviamente está, pero la decisión autoral es que haya una autoría compartida, donde lo más importante, tanto para Lucía como para mí, es que es la obra de María Gabriela Epumer. Así apareció esto de que es una película ‘de’ ella: nosotras acompañamos, pusimos a disposición nuestros saberes, nuestra experiencia, nuestra sensibilidad, nuestro trabajo. La película es un poco de todas. Pero es de María Gabriela”.

“Sentíamos que de repente era María Gabriela señalándolos… Hay algo muy fuerte en estar entre las cosas de una persona”

Andrea Testa,
codirectora de “Perfume

Esa idea implicaba sumergirse profundo en ese material: no solo recortar los momentos más deslumbrantes, sino incluir también la película el proceso, los momentos de silencio: “Estar con una persona es estar, en las miradas, en momentos de contemplación, en el humor”, explica Testa. Esa inmersión en aquella Epumer llevó dos años: “No queríamos mostrar lo que vimos en una primera instancia, hicimos un trabajo arqueológico para ir sacando las capas de las primeras visualizaciones y sumergirnos en el proceso, buscando que aparezca su esencia”, sigue Testa.

En esa búsqueda, hubo que investigar, charlar con familia, con amigos, para ver cómo la recordaban, “para conocerla cada vez más, no solo desde su faceta artística sino desde su faceta humana”. Pero esas entrevistas no son parte de la película, que está finalmente hecha de puro archivo, sin demasiadas explicaciones. No es, en ese sentido, dice Testa, “una biopic. Porque si es una biopic, ¿quién construye ese relato? No tiene carne y hueso. Acá, quien construye es ella: nosotros fuimos un canal para que aparezca la persona”.

CINE, PASADO Y PRESENTE

El cine siempre funcionó como una máquina de fantasmas capaz de traer personas del pasado al presente, capturando su luz, su voz y sus gestos, su perfume, para la eternidad. Y en esa potencia confiaron Ruiz y Testa. “A la hora de encarar un documental intentamos pensar las películas como un hecho artístico, como una obra, y no pensarlo solamente con perspectiva informativa”, afirma Testa. “Y hay algo que reflexionamos en ese proceso: si nos poníamos a hablar con alguien, desde el hoy, pasaba algo con esa focalización desde donde mirábamos. Hoy María Gabriela ya no está en este plano, y construir la película desde su ausencia nos parecía que no reivindicaba la luz que tenía, su presencia, su potencia, que aparece en ese material de archivo. Había algo de intentar subvertir eso, estar en contra de su muerte injusta. Ese relato presente, estar con ella, nos permitía transformar el tiempo, meternos en ese material de archivo como si estuviéramos metiéndonos en un tiempo presente”.

“También”, sigue Testa, “la película es un homenaje, e iba a quedar chico… una película que fuera una mera biopic donde todo aparece digerido iba a quedar chica”. El cine predigerido es ya habitual en las plataformas, que han admitido que piensan sus producciones para un público que está mirando el celular. ¿Subestima la audiencia? “Creo que la política pública está subestimando la audiencia”, lanza Testa. “Estamos en una situación muy crítica para el cine, para la industria, es muy difícil llevar adelante los proyectos cinematográficos, más los independientes: al faltarnos un Instituto de Cine que apoye a estas producciones que tiene un carácter artístico, cultural, es que se tiende a tener que responder a las leyes de un mercado que también está asfixiando la forma. Pareciera que hay una sola forma de hacer cine documental…”

“Pero por eso decía”, sigue. “Estas decisiones formales fueron políticas, sensibles: es confiar en el poder del arte, en que va más allá de las leyes del mercado, en que es una herramienta para unirnos, para pensarnos, para sentir. Para escuchar otra parte, otra cosa, y no esto que pasa en las redes sociales, esto que pasa con la forma en que consumimos lo audiovisual, donde parece que no hay tiempo y entonces todo está en un ritmo vertiginoso, y no tenemos tiempo de procesar ni de ser conscientes de lo que vemos y sentimos. Pero somos un montón de personas las que estamos intentando que el cine resista desde esta perspectiva, que seguimos intentando que el cine sea un motivo para encontrarnos, para conocernos, para sentir, en respuesta a lo que estamos viviendo. Aunque obviamente el cine es también una industria, y hay un montón de personas que se quedaron sin trabajo, y es importante seguir produciendo”.

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