La enfermedad está provocada por un parásito microscópico llamado Cyclospora cayetanensis. Las personas se infectan al consumir alimentos o agua contaminados con materia fecal humana que contiene los huevos del parásito.
A diferencia de otras infecciones gastrointestinales, la ciclosporiasis puede tardar varios días o incluso semanas en manifestarse. El período de incubación suele rondar una semana, aunque puede variar entre dos días y dos semanas.
El síntoma más característico es la diarrea acuosa con evacuaciones frecuentes y, en algunos casos, “explosivas”. También pueden aparecer cólicos, distensión abdominal, pérdida del apetito, náuseas, vómitos, fiebre baja y cansancio extremo.
Un aspecto particular de esta enfermedad es que no suele transmitirse directamente de persona a persona. Esto ocurre porque el parásito necesita permanecer un tiempo en el ambiente antes de volverse infeccioso.
UN DETECTIVE DETRÁS DE CADA ENSALADA
Rastrear el origen de la Cyclospora es una tarea compleja. Los especialistas deben entrevistar a miles de personas para reconstruir qué comieron o bebieron durante semanas antes de enfermarse.
La dificultad radica en que el parásito puede tardar mucho tiempo en generar síntomas. Cuando una persona comienza con diarrea, probablemente ya no recuerde qué alimentos consumió diez o quince días atrás. Además, muchos de los ingredientes sospechosos —como cilantro, albahaca o cebolla de verdeo— suelen estar mezclados en salsas, ensaladas o preparaciones donde pasan inadvertidos.
Los expertos también advierten que los casos detectados probablemente representen solo una parte del problema. Muchas personas atraviesan la enfermedad en sus casas sin consultar al médico y otros pacientes no reciben estudios específicos para identificar la Cyclospora.
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