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Ser DJ hoy: recorrer el mundo con la música como inspiración inacabada

Antu Coimbra, más conocido como Øostil, es DJ de música electrónica desde hace más de 20 años. Amante de la naturaleza y de los tiempos para sí mismo, el artista argentino cuenta las vicisitudes de un trabajo que lo obliga a recorrer el mundo pero también a no tener descanso

Antu Coimbra, nacido en Capital Federal y radicado en el exterior
El artista prefiere no enmarcarse en ningún estilo musical
Su música llegó a los pies de las Pirámides de Giza, en Egipto
El 14 de octubre ganó el Martín Fierro a Mejor Artista DJ Revelación

Por Redacción

La voz, a pesar de la distancia, se escucha firme, cercana. Quizás porque su tonada argentina, a pesar de los cientos de hoteles y viajes que realizó durante los últimos veinte años, se mantiene. Antu Coimbra -más conocido como Øostil en el mundo de la música electrónica- habla con EL DIA desde México pero podría hacerlo de cualquier otro vértice del planeta.

Antu nació en Capital Federal y luego se mudó al Delta de Tigre, donde transcurrió su infancia y adolescencia. Tras una vida alojada en la naturaleza, con la actuación por las venas y el anhelo incesante de recorrer el mundo, encontró en la mezcla de samples su vocación y, durante las últimas dos décadas, su trabajo.

Pasaron veinte años después de aquella primera vez. Desde un bar de México, asegura que su agenda y su pasaporte no dan tregua. Es que Coimbra no conoce aquello que se entiende como pausa. El último mes lo dedicó a Australia y la India, a fines de agosto tocó en Arabia Saudita y, a lo largo del año, sumó Dubái, Barcelona, El Cairo y Tailandia. De todas esas plazas, asegura, El Cairo “le funciona muchísimo”. Aun así, este año pasó más tiempo en Latinoamérica que en Europa.

Lo que viene no afloja. Está de gira por América del Norte donde se presentará junto a Hernán Cattaneo -otro reconocido DJ-, y cerrará el año con un tour que recorre Chile, Brasil y Paraguay y termina en la Argentina, en la costa bonaerense, precisamente en Mar del Plata. “De México a San Juan y pasar por Paraguay. Una vorágine”, resume. Para atravesarla, asegura, hay que estar conectado con uno mismo: “Si te moviliza la música y el arte, todo te inspira”.

No obstante, ¿donde quéda el descanso? ¿Y los cumpleaños de amigos? ¿Nacimientos de bebés esperados? La pregunta es evidente: ¿vale la pena?

Aeropuertos, camas, hoteles

La vida nómade tiene su costado menos glamoroso. Pasa por cuatro o cinco hoteles por mes y lo describe como “una exposición muy potente”: sensores en los aeropuertos, camas siempre distintas, el cuerpo en tránsito permanente. Su antídoto es salir de la ciudad. “Siempre trato de desconectarme e ir al campo. Hacer mis retiros y estar con la naturaleza”, cuenta. Es lo que más valora: poner los pies en la tierra y resetear de tanto aeropuerto y tanto hotel.

Esa necesidad de naturaleza tiene origen. Nació en Capital Federal y se crió en Tigre. A los 9 o 10 años su familia se mudó a una isla del Delta donde, para ir a la escuela, había que pasar a buscar una lancha. “Fue una vida diferente a todo”, recuerda. Más tarde se instalaron en otra isla, más lejana, donde todo funcionaba con un grupo electrógeno. Se acuerda de un programa de radio, Energy, y de los casetes con los que grababa. “Toda esa supervivencia me llevó a encontrar una pasión”, dice.

También creció entre músicos. Su madre venía de la actuación y en casa sonaba de todo: rock nacional, música étnica, discos de cítara, Pink Floyd, Led Zeppelin. De ahí le quedó un oído ecléctico y cierta inclinación actoral. Las noches mirando las estrellas y el trabajo de campo le dieron “un nivel de conciencia profundo, linkeado a la naturaleza”, y con eso una sensibilidad especial para viajar.

Del Delta al mundo

A los 17 dejó la isla y se fue a Buenos Aires. A los 19 se fue a México. Desde entonces vivió en distintas partes del planeta, Nueva York entre ellas, y siempre volvió a la Argentina. Irse fue, admite, un sacrificio de más de veinte años, con “todos los grises intermedios”.

Su carrera empezó en 2005, “casi de casualidad”, en Uruguay: tocó una vez y quedó como residente de un club. Había algo de actuación en su cabeza y el deseo de viajar por el mundo, y todo terminó radicándose en la música. Mientras tanto trabajó de lo que hiciera falta. Fue mesero, lavacopas, “de todo”. Para él, eso es lo que define a una pasión: “Importa tanto el sueño, que hacés lo que sea por lograrlo”. Hoy su herramienta fundamental es el cuerpo. Reconoce que hace falta equipo, pero que con su computadora le alcanza.

Toca desde hace más de veinte años. Øostil como marca y su vínculo con Afterlife, el sello y festival liderado por Tale Of Us, tienen unos ocho. Y aunque el melodic techno de ese universo lo representa, se resiste a las etiquetas. “Definirme sería solo limitarme”, dice. Para entendidos, la siguiente frase: se mueve entre el house, el techno y el progressive, pero también escucha deep house, trance y música de todo tipo, siempre buscando “una congruencia y una comunión”. Si tuviera que describir su sonido con colores, usaría todos: desde la felicidad hasta algo más íntimo.

Contar una historia

Su idea del set es narrativa. Quiere contar una historia con la música, y esa historia depende del público y del lugar. Con cuatro horas por delante, puede desarrollar un viaje entero. Lo que más disfruta es estar la mayor cantidad de tiempo posible frente a la gente, en una retroalimentación constante.

Lo compara con un asado. Si hay tiempo para desarrollar la propuesta, suele ir un público dispuesto a acompañarla. Una sumatoria de estímulos, advierte, “pierde naturalidad”. Y en un mercado con tanta información y tantos músicos, la pregunta es otra: qué te hace diferente, cuál es tu valor agregado.

Esa lógica define cómo arma cada fecha. Para una fiesta en Entre Ríos prepara un extended set frente a 3.000 personas, donde no puede ponerse a probar cosas raras. Por eso el día anterior organiza una clase de yoga gratuita, con música que no tiene nada suyo, que le permite explorar sonidos de la India y propuestas nuevas.

Una marca que se construye en casa

La marca personal también se levanta puertas adentro. Con una fiesta que impulsó en La Plata, en menos de cuatro ediciones llegaron al Estadio Único, la primera vez que un artista argentino hacía algo de esa magnitud. Ese desarrollo local y nacional, sostiene, tuvo impacto en la terna de los Martín Fierro.

Cuenta que lo hablaba con un coach, que le decía lo “loco” que era llegar hasta ahí sin haber tenido nunca la añoranza de ser el primer DJ argentino con un Martín Fierro. Y es enfático: “Esta premiación es de todos”. Somos parte de una industria, explica, donde cada eslabón y cada responsabilidad hacen posible que un DJ pueda simplemente ponerse a tocar. Lo ve como un gran paso para la música electrónica, una industria “increíble” que, según él, no hay que olvidarse de reconocer. Y recuerda que lo que funcionó en La Plata hace unos años hoy genera preguntas en todos lados, porque “uno también impulsa”.

Para la próxima edición en la capital bonaerense ya trabaja en semanas de estudio. La idea es algo más reducido, en una zona rural, para entender cómo funciona la cercanía en ese tipo de fiesta. Será una oportunidad de explorar aspectos culturales, mostrar una faceta más personal y presentar una curaduría distinta, más ecléctica.

El precio a pagar

No todo es escenario. Lo peor de su trabajo, dice, es no haber tenido a tiempo la información precisa para cuidarse los oídos. Sufre de tinnitus: escucha un pitido todo el tiempo. “Si hubiese sabido a temprana edad que me podía cuidar”, lamenta. Lo compara con un futbolista. Hay que entrar en calor, hay que prevenir. “Es el precio a pagar.” Espera que las próximas camadas se cuiden. Antes, cuenta, primaba la vorágine de compartir la música y no parar, pero hoy sabe que eso se paga con desgaste físico.

También pesó la distancia con su mamá. Y sin embargo, ante la pregunta de si volvería a hacerlo, no duda: “Sí, lo volvería a hacer”.

Quizás porque, para él, el arte de la música es lo que trasciende. No podría viajar por el mundo, dice, si no tuviera tanta relación con las culturas, y en la pista, vengan de donde vengan, todos se abrazan. “Poder vivir de una pasión es tremendo”, afirma. Y aun con los aeropuertos, los hoteles y el pitido en el oído, no pierde de vista de dónde viene: humildemente, hay que tenerlo en cuenta.

Øostil ganó un Martín Fierro por Mejor Artista DJ Revelación

El 14 de octubre ganó el Martín Fierro a Mejor Artista DJ Revelación

El DJ y productor Antu Coimbra, Øostil, se quedó con el Martín Fierro de la Música en la categoría Mejor Artista DJ Revelación, en la primera edición de estos premios. Es el primer representante de la música electrónica argentina en recibir la estatuilla.

El reconocimiento llega después de dos hitos recientes: el show de ocho horas, de apertura a cierre, en el Estadio Único de La Plata, y su presentación a los pies de las Pirámides de Giza, en Egipto, dentro del festival Zamna. Lo hizo en su momento como el único argentino en tocar ante ese monumento.

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