La escena puede resultar desconcertante: hay deseo, excitación, una erección que funciona y hasta un orgasmo, pero no aparece la eyaculación. En otros casos, el hombre quiere eyacular y no puede, aunque la relación sexual se prolongue durante mucho tiempo. Lo que desde afuera podría confundirse con una capacidad para “durar más” puede convertirse, para quien lo vive, en una fuente de frustración, vergüenza y, en determinadas circunstancias, un obstáculo para tener hijos.
No se trata, además, de una única situación. La psicóloga y sexóloga Lucía Báez Romano distingue entre la aneyaculación y la eyaculación retardada. En la primera, el varón puede alcanzar el orgasmo pero no eyacula: es lo que también se conoce como “orgasmo seco”. En la segunda existe el deseo de eyacular, pero la eyaculación no llega o requiere un tiempo excesivamente prolongado.
“La aneyaculación es una situación en la cual el varón llega satisfecho al momento sexual, pero en el momento de eyacular no vienen juntos la eyaculación con el orgasmo”, explica en diálogo con EL DIA. La diferencia es importante: en la aneyaculación puede existir satisfacción, mientras que en la eyaculación retardada suele aparecer una insatisfacción vinculada justamente con no poder completar el proceso.
Los miedos, las preocupaciones, la vergüenza e incluso distracciones puede generar dificultades
La dificultad puede presentarse de distintas maneras. Hay hombres que no consiguen eyacular ni siquiera mediante la masturbación y otros que sí lo logran de esa forma, pero no durante una relación sexual. También puede ocurrir de manera circunstancial: el miedo a un embarazo, la preocupación por la cantidad de semen, la vergüenza o una distracción durante el encuentro pueden interrumpir el proceso de excitación.
NO SIEMPRE ES UNA CUESTIÓN PSICOLÓGICA
Aunque los factores psicológicos pueden tener un peso importante, no todo comienza en la cabeza. Báez señala que ante una aneyaculación o una eyaculación retardada es necesario realizar una evaluación clínica. Entre las posibles causas aparecen algunos medicamentos, determinadas cirugías prostáticas, la diabetes y lesiones neurológicas o medulares.
También puede producirse una eyaculación retrógrada. En esos casos, el semen no sigue el recorrido habitual hacia el exterior y puede dirigirse hacia la vejiga. Por eso, explica la especialista, en determinadas situaciones se analiza la orina para comprobar si contiene espermatozoides y conocer qué está sucediendo.
La evaluación médica puede incluir también estudios vinculados con el funcionamiento de la hipófisis y la tiroides, además del control de la diabetes. La cuestión es determinar si existe una causa orgánica antes de atribuir el problema exclusivamente a factores emocionales o sexuales.
Entre las causas farmacológicas aparecen algunos antidepresivos y otros medicamentos capaces de modificar la respuesta sexual. La investigación publicada por especialistas de la Universidad de Anglia Ruskin, que revisó 25 estudios realizados en 13 países sobre un total de 580 pacientes, señala justamente que el origen puede ser orgánico, psicológico o farmacológico. La revisión también destaca que no existe actualmente un medicamento aprobado específicamente para tratar la eyaculación retardada.
CUANDO EL CUERPO PUEDE, PERO ALGO INTERRUMPE
Hay, sin embargo, un terreno en el que la sexología clínica puede encontrar algunas respuestas. “No siempre se logra y tiene que ver más con efectos psicológicos, por eso está la terapia sexual”, plantea Báez.
“Noto vergüenza y frustración en el consultorio. Esas emociones están siempre. No obstante, no es habitual que lleguen en el consultorio. Les cuesta muchísimo llegar y preguntar”
Lucía Baez Romano Psicóloga,
psicononcóloga y sexóloga de la UBA
El miedo a dejar embarazada a una pareja puede instalarse como un freno. También la vergüenza por el semen o la preocupación por “rendir” correctamente. A veces el problema aparece después de años de una determinada forma de masturbación que el cuerpo aprendió como la vía más sencilla para alcanzar el orgasmo. En una relación sexual, entonces, los estímulos pueden no resultar suficientes o familiares.
La especialista también menciona algo más simple y, a la vez, frecuente: la distracción. El pene puede permanecer erecto, pero la excitación necesaria para alcanzar la eyaculación se interrumpe. “Hace un corto en plena relación sexual”, describe.
Por eso, prolongar el encuentro no necesariamente acerca la solución. Un hombre puede permanecer durante mucho tiempo manteniendo relaciones y seguir sin poder eyacular. Para él, lejos de ser una demostración de potencia sexual, la situación puede convertirse en una experiencia frustrante.
UNA CONSULTA QUE MUCHAS VECES LLEGA TARDE
El problema tiene además una particularidad: quienes lo experimentan no siempre sienten que haya algo que consultar. Báez cuenta que no es habitual que los hombres lleguen al consultorio por este motivo y que, cuando lo hacen, muchas veces existe una razón concreta detrás.
Una de las más frecuentes es el deseo de ser padres. Mientras la dificultad no interfiera con la reproducción, algunos hombres pueden convivir con ella durante años sin considerarla un trastorno. La consulta aparece cuando la pareja busca un embarazo y la imposibilidad de eyacular durante el coito se convierte en un problema concreto.
“Les cuesta muchísimo llegar”, dice Báez. La vergüenza y la frustración aparecen en distintas edades y pueden funcionar como una barrera para pedir ayuda. Por eso considera fundamental el interrogatorio en sexología clínica: conocer la historia sexual, los hábitos, las circunstancias en las que aparece la dificultad y si el hombre puede eyacular mediante la masturbación permite descubrir qué hay detrás del síntoma.
El tratamiento, entonces, no es único. Depende de la causa. Puede requerir evaluación médica, revisión de medicamentos, terapia sexual y distintas estrategias para modificar la respuesta sexual. Báez menciona técnicas de sensibilización, visualizaciones, respiración y mindfulness, además de estimulación vibratoria en determinados casos.
Pero antes de cualquier técnica hay un paso que parece sencillo y puede ser el más difícil: reconocer que existe un problema. En una esfera de la vida donde todavía pesan el pudor y las expectativas sobre cómo debería responder un hombre, poder decir “esto me pasa” puede ser, justamente, el comienzo de la solución.
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